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Medio Ambiente Por primera vez, se avista a peruanos no contactados en la ribera del río Las Piedras, en Madre de Dios.

¡HOLA!

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Se pudo ver a una mujer sosteniendo flechas en las manos con expresiones de enfrentar a la avioneta

¡Son nativos! ¡Están calatos!”, gritó Ricardo Jon, ingeniero del Inrena (Instituto Nacional de Recursos Naturales). A 400 metros de altura, la avioneta Cessna 206 sobrevolaba el Parque Nacional del Alto Purús, un paraíso ubicado en las provincias de Purús y Atalaya, en Ucayali, y Tahuamanú, en Madre de Dios: 2.5 millones de hectáreas de selva virgen, hasta la frontera con el Brasil.

Jon, coordinador de operaciones del Parque, viajó desde Lima para sobrevolar el Río Las Piedras en busca de taladores ilegales. “Lo hacemos una vez al año porque el patrullaje es caro. Volamos y fotografiamos los campamentos de taladores. Los madereros ilegales son el principal problema del lugar”, describe. En efecto, el Alto Purús es uno de los últimos reductos de caoba en el Perú.

El sobrevuelo era financiado por la Sociedad Zoológica de Frankfurt (SZF), que apoya el trabajo de Inrena en la zona. El último martes 18, a las 11.00 de la mañana, partió la aeronave desde la naciente de Las Piedras. Iban cinco personas, además del piloto: tres del Inrena, dos de la organización alemana. La nave estaría seis horas en el aire siguiendo el curso del mencionado río.

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Heinz Plenge Pardo, fotógrafo especializado en la naturaleza –de la SZF–, nunca había sobrevolado la selva. Sin embargo, estaba decepcionado debido a la niebla. “No encontraba una buena imagen, hasta que vi algo que parecía carpas. Ingenuamente pensé en turistas perdidos o el ejército, pero Jon los reconoció. Allí empecé a fotografiar. La primera toma fue a las 12.18”, narra.

Según el informe de la Intendencia de Recursos Naturales del Inrena, se avistó en la margen izquierda del río a “un grupo de 21 indígenas entre mujeres, niños y jóvenes que salieron a ver el paso de la avioneta, luego se dispersaron”. Había además cinco refugios recientemente construidos con hojas de palmeras.

La avioneta dibujó una curva para regresar. “Pasamos dos veces en nueve minutos, cada vez más cerca, pero cada paso era muy rápido, de segundos”, comenta Plenge Pardo. Jon también hacía fotografías con una cámara casera.

“¡La flecha! ¡La flecha!”, advirtió Jon en el segundo intento. Como lo registra su informe, “se pudo ver a una mujer sosteniendo flechas en sus manos con expresiones de enfrentar y alejar el paso de la avioneta, a su lado había un niño (…) el resto se dispersaba y se refugiaba bajo la vegetación del monte”.

“Ya vámonos”, dijo Juvenal Silva, coordinador de Fauna de la Sociedad Zoológica de Frankfurt. Había que dejar a los nativos en su aislamiento voluntario. Era la primera vez que se fotografiaba a estos indígenas del Alto Purús. Continuando el vuelo, avistaron otros cinco campamentos que estaban abandonados sobre las márgenes del río, con al menos nueve refugios, a 15 km de distancia.

“Estos indígenas nómadas se desplazan entre las cuencas de los ríos Sepahua, Inuya, Mapuya y Yurua por el norte; los ríos del Manu, Los Amigos, Las Piedras y Tahuamanu por el sur; por el oeste llegan a la cuenca alta de los ríos Dorado, Serjali, Camisea, Timpia, Ticumpinia y por el este pasan la frontera Perú-Brasil; para estos indígenas no existen límites políticos ni nacionalidades”, explica Jon.

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¿Eran los ‘Mashcos’?

En los poblados que rodean el Alto Purús, son pocos los que han visto a los nativos no contactados. Nadie los ha fotografiado en grupo. Sin embargo, corren las historias de encuentros con los llamados ‘mashcos’ o solo ‘calatos’.

En febrero del 2001, se reportó la extraña muerte de un grupo de indígenas no contactados en esta zona. Unos cien mashcos habrían atacado a arahuacas y sharanagua, que viven en contacto con el mundo occidental. En represalia, éstos habrían matado con armas de fuego a entre tres y ocho mashcos. En el 2006, el reconocido ambientalista Walter Wust recogió referencias en el lugar sobre aquel enfrentamiento y la presencia de los nativos no contactados.

A su vez, un estudio técnico de la Asociación Interétnica de Desarrollo de la Selva Peruana (Aidesep), para la delimitación de reservas territoriales para grupos indígenas en aislamiento del Alto Purús, contiene algunos testimonios de los pobladores de la zona que han tenido encuentros con estos indígenas.

“Fueron Filomeno y su gente a buscar huevo de taricaya (tortuga) y se encontraron con muchos mashcos. Estaban desnudos, eran altos como gringos, blancos y los hombres cargaban sus flechas. Parece que sólo querían avisar que no se acerquen. Hablan como gringos. Dicen que comen de todo, pero primeramente les gusta el huevo de taricaya”, relató Leoncio Salomón Tomasa, jefe de la Comunidad Nativa Conta del río Purús.

De hecho, la ubicación de los nativos avistados por el Inrena y la SZF se debería a los huevos de tortuga en la margen de Las Piedras. “Esta evidencia documentada despeja de toda duda sobre la existencia de estos peruanos desconocidos”, resalta Jon. Subraya además que los Parques Nacionales Manu y Alto Purús protegen los derechos de estos indígenas nómadas aislados voluntariamente.

Sin embargo, los intentos de grupos religiosos por contactarlos para catequizarlos son muy frecuentes. “Es el caso de los misioneros evangélicos de la orden SAM (South American Mission) en las partes altas del Purús. Han fijado un asentamiento de nativos piros en el lugar denominado Monterrey con el objetivo expreso de establecer contacto con los mashcos”, revela Wust.

Del mismo modo, el principal problema que afecta a los nativos no contactados es la creciente presión de los madereros ilegales. “Es una presión por expulsarlos de un territorio rico en maderas valiosas que el mercado demanda y por el que, a veces, hasta parece que vale la pena matar”, denuncia Wust. (David Pereda Z. / Fotos: Heinz Plenge Pardo Sociedad Zoológica de Frankfurt)


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