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Personajes Luis Alberto Sánchez Dergan, hijo del legendario líder aprista LAS, se dice aprista y admirador del reo Fujimori. Lo visitó en Japón, pagó el alquiler de su casa chilena en Las Condes y ahora planea su defensa legal.

El Sánchez Fujimorista

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“Pasé el año nuevo del 2004 con Fujimori y sus hijos. Almorzamos parrillada con Sachi y Keiko; él contaba chistes”, cuenta LAS hijo, quien aún atesora incontables pipas de su padre.

Demostró su aprismo en cárceles y destierros. Ahora desayuna con Kenyi en la panadería San Antonio. Antes lo hacía con Antauro Humala en el Haití. Es uno de esos personajes que desafían su estirpe, como el Martín Belaunde que apoyó a Ollanta Humala o el Aldo Mariátegui que se sitúa en las antípodas de su abuelo, el Amauta José Carlos.

Pero Luis Alberto Sánchez Dergan se sigue llamando aprista. Si su padre fue compadre de Salvador Allende y padrino de su hija, él fue amigo y admirador de Augusto Pinochet. Si LAS viviese, el viernes 12 de octubre cumpliría 107 años. Su hijo estaría con él.

–Su partido lo niega.
–Lucho Alva estuvo conmigo en la muerte de mi padre; él me conoce. Cuando pagué la casa de Fujimori dijeron que no era aprista. Joselo García Belaunde dijo que vivía en Chile desde hace 20 años. Por eso en mi trabajo me preguntaron si era un fantasma, pues yo vivo aquí desde que murió mi padre. Ellos me niegan para que no digan que hay un pacto con Fujimori. No creo que haya pacto, pero yo vivo acá y alquilé la casa porque conozco Chile.

–¿Cómo surgió la idea de alquilarle una casa en Las Condes a Fujimori?
–He vivido treinta años en Chile y tengo una casa en Las Condes. Cuando mi padre falleció liquidé todo –menos la casa– y vine a este departamento. Ahora sólo mis hijos viven allí. Entonces, como conozco la zona, me designaron para alquilar la casa de Fujimori. Los empresarios pensaron que tendría prisión domiciliaria.

–Empresarios como Kruger…
–Carlos Raffo dice que sólo Kruger pone el dinero, pero no es así. La iniciativa surgió de siete empresarios peruanos que querían apoyarlo, incluyendo a Germán Kruger. Se reunían a cada noticia de Fujimori. Ahora, con el ingeniero en Lima, ya no tiene mucho sentido juntarse.

–Usted firma recibos por ellos.
–Sí, sólo Kruger ha tenido los pantalones para dar la cara. Yo solía llevarles dinero a los abogados del estudio Souza-Nakasaki. Todos mis ingresos cuentan con recibos, así que estoy cubierto. Tengo un contrato de hasta US$ 70 mil. Ojo: ni Kruger ni yo somos fujimoristas. Muchos apristas simpatizan con Fujimori.
–¿Qué más financió este grupo de empresarios?
–Visité a Fujimori tres veces en Japón, y doy fe de que era austero. Su computadora, por ejemplo, era una 386 para leer diskettes. Los empresarios le compraron otra. En Chile consiguieron dos viviendas: Las Condes costó US$ 4,150 mensuales durante once meses. Chicureo costó sólo mil dólares. Casi sale gratis pues los propietarios aprecian al ingeniero. Ahora el grupo quiere formar un pool de abogados. Que además de (César) Nakasaki esté (Javier) Valle Riestra, un constitucionalista y un penalista: un equipo que pueda defenderlo en todos los ámbitos. No escatiman, por eso buscaron a (Francisco) Veloso, el (abogado) que evitó que extraditen a Menem.

–¿Qué rol cumplían los congresistas?
–Ningún congresista puso plata. El único valioso me parece (Alejandro) Aguinaga. A Martha (Chávez) la respeto porque tiene pantalones. El señor Raffo, ¿en qué ha destacado? Keiko no es política: es un error del ingeniero Fujimori el pensar que Keiko será su sucesora. Yo no le veo ese don. Kenyi es un chico moderno: la política no le interesa. Le va muy bien en su empresa de seguridad porque tiene a los clientes de su padre. Y aprecio a Martha Hildebrandt, la mejor alumna de LAS.

–Su partido lo niega. De estar vivo ¿lo negaría su padre?
–Mi padre nombró a Fujimori presidente del Conup (Consejo Nacional de la Universidad Peruana). Luego le dio La Hora del Chino. Recuerde que mi padre tenía todos los martes La Hora de Luis Alberto. Le dio una hora los miércoles y empezó a hacerse conocido vía Radio Nacional.

–¿Aprobó el golpe de Estado? LAS siempre fue un demócrata.
–No le gustó. Me preguntó: “¿eres amigo de ese chino?”. “Sí, papá”, dije. “Bueno, cada uno tiene sus amistades”, se quejó. Yo me hice amigo suyo en los últimos años de su gobierno. Su gran error, como el de Pinochet, fue no retirarse a tiempo. Mi padre solía molestarme y señalarme diciendo “este es pinochetista”. Pinochet fue un tipo extraordinario y lúcido. Para que un país se levante, valen la pena tres mil muertos, aunque sea yo uno de ellos.

–Fujimori persiguió apristas. ¿Eso también enojó a LAS?
–En realidad sólo fue tras Alan y unos más. Ni a mi padre ni a mí nos tocaron. Pero, ¿acaso Haya no hizo un pacto con Odría? Eso fue peor, porque Odría mató apristas. Me desterró mientras cubría a mi padre para que escape a Paraguay. Además, ya en 1990 mi padre estaba desilusionado. Antes le habían dicho de todo, menos ladrón. Su última alegría fue ser rector emérito de San Marcos. Ese día le detectaron cáncer. No quiso ser velado en la Casa del Pueblo.

–¿Dejó libros inéditos?
–Una biografía de Santa Rosa y sus Palos de Ciego. Dejó la lapicera de oro con que firmó su Constitución del 79. Se la dio (Fernando) Belaunde Terry.

–Es curioso que admire la Constitución que Fujimori pisoteó.
–Era de LAS y de Haya. Haya era distinto. Bastaba que dijera “quizás fulano sea mejor que mengano” para que todos le hicieran caso. No daba órdenes. Era algo así como un caudillismo decente. (Carlos Cabanillas)


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