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Política Luis Alva Castro despidió a buena parte de su entorno para evitar la censura. Pero su salida y la del titular de Salud se dan por descontadas en el gobierno.

Purga y Despedida (VER)

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El Ejecutivo busca una “salida digna” para LAC.

Aunque ya no lo censuren a Alva Castro, su salida sería un hecho. Lo acompañaría Vallejos, de Salud, por compras sobrevaluadas del SIS. Y de repente Carranza se va por razones ‘económicas’.

El premier Jorge del Castillo anunció el martes 9 el inicio de un proceso de “evaluación” en algunas carteras ministeriales. En realidad, la decisión del relevo ya se ha tomado para los casos de los ministerios del Interior y de Salud.

Lo paradójico es que al cierre de la presente edición el titular del Interior, Luis Alva Castro, parecía salvarse de la censura en el Congreso.

La purga en el ministerio, por más diseñada que esté para asegurar su permanencia en el cargo, también contradice su propia versión ofrecida hasta hace pocos días.

Del “Chivo Expiatorio” del título en la edición pasada de CARETAS, Alva Castro pasó a legitimar a sus opositores. Terminó de neutralizar la censura, aun cuando nunca parecieron sumarse los votos necesarios, pero en el camino quedó con la llanta demasiado baja.

La votación estaba prevista para el miércoles 10 a las 5 de la tarde. Los cambios de funcionarios en el Ministerio del Interior habrían terminado por inclinar la balanza a favor de LAC. “No creo realmente que la censura proceda. No existe el mismo ánimo de hace una semana”, sostuvo el congresista humalista Daniel Abugattas a CARETAS.

Los votos en la víspera de la sesión del miércoles eran los siguientes: Partido Nacionalista (21), Alianza Parlamentaria (7), UPP (10). Es decir, apenas 38. Trascendió que los fujimoristas se abstendrían y que en Unidad Nacional el voto estaría fraccionado. A la intención de Fabiola Morales y Martín Pérez de no votar por la censura se sumaron otros parlamentarios de UN como Lourdes Alcorta, Gabriela Pérez del Solar y Raúl Castro. Luis Galarreta y Guido Lombardi, entusiastas de la censura al aprista, habrían visto caer sus bonos.

UN CURTIDO funcionario del Ministerio del Interior ha llamado a lo sucedido “la masacre del sábado”.

Sin que le temblara el pulso, Alva Castro ordenó remover de sus puestos a personas de su más entera confianza y a los que, hasta hace poquito nomás, había defendido de todo cuestionamiento. Entre los despedidos figuran nada menos que Nelly Rodríguez Cuzcano, la secretaria general del ministerio y miembro de la Alta Dirección de ese portafolio; la jefa de la Oficina General de Asesoría Jurídica, María Juscamaita, y el director general de la Oficina General de Administración (OGA), Jorge Balcázar.

La purga alcanzó también al director de Logística de la Policía, general Dalmacio Zambrano; al director ejecutivo de Administración, coronel Alfonso Ríos Ríos; al jefe de la División de Abastecimiento, coronel Armando Mendoza García. La lista negra llega a la veintena.

El paralelo de lo sucedido con Pilar Mazzetti, en febrero de este año, es peculiar. El presidente Alan García le ordenó que se deshaga de los funcionarios implicados en la adquisición de 469 patrulleros al consorcio chileno Gildemeister. La cirujana Mazzetti no tuvo más opción que operar sin anestesia y despidió –“con el dolor de su corazón”, según dijo– a la directora de la OGA y amiga, Gloria Vargas, además de otros funcionarios, a quienes había respaldado de las críticas del APRA.

Como si se tratara de una maldición que asola Corpac, LAC defendió las frustradas compras de los 689 patrulleros chinos (“la más transparente de la historia”) y 35,000 bombas lacrimógenas. Luego despidió a quienes las planificaron y ejecutaron.

El lunes, por ejemplo, el general Zambrano llegó a su despacho y se encontró con la noticia de su salida en la portada de un diario sobre su escritorio. El ex Guardia Civil no ocultó su fastidio y, en privado, aseguró que ambas compras fueron ejecutadas exclusivamente por Rodríguez y supervisadas hasta el detalle por LAC. “Por nadie más”, se quejó. Fue reemplazado por el general Arturo Dávila.

EL DETONANTE estalló la semana pasada, cuando el jefe del Consucode, Luis Torricelli, afirmó en el Congreso que en el caso de las bombas lacrimógenas el ministerio contrató a un proveedor inhabilitado por el Estado (CARETAS 1996). Para LAC fue una puñalada por la espalda. Durante todos estos tres últimos meses, Torricelli nunca le había advertido de ninguna irregularidad. La revelación motivó que la compra de los pertrechos también se anulara. Unidad Nacional (UN) anunció que meditaría sus votos para la censura y exigió sanciones en Corpac. Presionado, Alva “sacrificó” a sus funcionarios y, con ello, zanjó el asunto. “No podía hacer otra cosa”, dijo un asesor de su despacho. “Su propia cabeza estaba en juego”.

EN EL EJECUTIVO SE BUSCA una “salida digna” para Alva Castro. No será fácil con el juego parlamentario ya iniciado y las comisiones repartidas. Se baraja persuadir a algún parlamentario aprista a que renuncie a una de las comisiones de peso y entregársela de premio consuelo a LAC. Pero no será pan comido, sobre todo si se toma en cuenta la ya conocida aspereza entre él y el premier Jorge del Castillo.

Carlos Vallejos, de Salud, también se desgastó por los escándalos en las recientes compras del Sistema Integral de Salud (SIS). Su salida está cantada. Es probable que los cambios se hagan efectivos en el transcurso de octubre o que, en todo caso, se espere el hito de la firma del TLC con Estados Unidos.

El resto es una timba. Se han lanzado motivos dispares y nombres como los de Verónica Zavala (Transportes y Comunicaciones), María Zavala (Justicia) y hasta Luis Carranza (MEF). Sobre este último, en el programa de Jaime de Althaus se deslizó que podría retirarse por razones económicas. Lo que sí es seguro es que para las carteras claves se buscarán titulares comunicativos y de muy buena muñeca. “Ha quedado demostrado que los técnicos no gobiernan”, es una de las frases repetida por estos días. Y hay casos en que los despachos son tan difíciles que hasta políticos curtidos como Alva Castro la ven negras.


 


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