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Actualidad El confuso incidente de Jesús María, en la madrugada del 19 de setiembre, motivó que Alejandro Toledo denuncie un montaje. Pero quedan preocupantes cabos sueltos.

Entre Whisky y Huáscar (VER)

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Frente a confusa denuncia por violación, anuncio de Toledo de volver a la política fue inoportuno. Pero hay que ver quién lo acusa. Congresista Espinoza tiene antecedentes por secuestro, chantaje y tráfico de drogas.

El ex presidente Alejandro Toledo no pasa por sus mejores momentos. La vorágine de los últimos días, motivada en una extraña denuncia por intento de violación (CARETAS 1996), fue coronada por las informaciones provenientes de la prensa chilena que dieron cuenta de su errática conducta en el foro de Biarritz realizado en Santiago.

Según lo comentado, Toledo llegó una hora tarde al panel en el que participó, consumió mucha agua y se mostró muy nervioso frente a los periodistas. Incluso se le derramó una taza de café en el terno, frente a una reportera.

Solo un par de días antes, el lunes 8, el ex presidente chileno Ricardo Lagos desmintió al peruano. A propósito de la próxima presentación de la demanda peruana en La Haya, Toledo declaró que Lagos le había reconocido que con el Perú quedaban pendientes temas limítrofes:

“No enturbiemos la relación (entre ambos países)”, dijo Toledo en Santiago. “Es un tema limítrofe por el cual yo he conversado con el Presidente Lagos, yo soy el responsable, yo abrí eso y él (Lagos), con muchísima altura de jefe de Estado, reconoció que había un tema pendiente, pero no enturbiemos”.

Lagos lo desmintió categóricamente con un comunicado firmado desde Praga.

FUE EL COLOFÓN de una semana desbocada. Toledo no fue lo categórico que debió ser en sus respuestas a la denuncia de la joven Diana Carolina Arévalo Verástegui y cayó en el sermoneo que poco le ayuda si anhela un futuro electoral. Su anuncio de verse motivado de “volver” a la política a partir de los hechos fue sumamente inoportuno y ofreció la impresión de un ex mandatario cegado por la arrogancia.

De hecho, el manejo de la crisis reprodujo el evasivo estilo que tanto mermó su popularidad durante su gobierno. De pronto, la política peruana se trasladó de nuevo a la mojiganga del célebre hotel Melody.

¿Qué sucedió aquella madrugada del 19 de setiembre? La historia se reconstruye por capítulos desperdigados. Hay tres registros oficiales: una hoja de ocurrencias del Serenazgo de San Isidro, levantada a la 1:30 a.m. Luego, el parte Nº 980 del “libro de ocurrencias calle común’ de la comisaría de Orrantia, de las cuatro de la madrugada, y el parte Nº 018 del “libro de ocurrencias reservadas” (para oficiales de la Policía, Fuerzas Armadas y autoridades políticas), registrado a las 6 de la mañana. Este último documento lleva las firmas del mayor PNP Carlo Villacorta Ruiz, comisario de Orrantia, y del capitán PNP Guido Feria Rivera, quien interrogó a la denunciante.

Los tres partes coinciden en que Diana Carolina Arévalo Verástegui, quien “se encontraba en estado de ebriedad”, denunció haber sido violada por “una persona de nombre de Toledo” en la avenida Huáscar 2173, Jesús María, donde funciona una oficina de Adam Pollack, amigo del ex Presidente.

La Policía afirma que Arévalo Verástegui se negó a ser sometida a un examen de rigor para corroborar la violación, pero la denunciante alega que, por el contrario, fue maltratada por los policías que se negaron, incluso, a tomarle su manifestación ampliatoria. Esto sería, al menos en parte, cierto. Los efectivos no iniciaron una investigación del caso sino hasta 17 días después de interpuesta la denuncia, cuando el miércoles 3 de octubre el congresista Gustavo Espinoza hizo público lo ocurrido ante la prensa.

Así, pasaron todos esos días sin que la mujer brinde nuevos detalles del caso. Tanto el mayor Villacorta como el capitán Feria fueron removidos del mismo.

Es obvio que, al ocultar su nombre completo, los policías le dieron una ayudita a Toledo. Su hipótesis del complot no tiene mucho asidero en lo que se refiere a la comisaría de Orrantia.

ARÉVALO VERÁSTEGUI dice ser una estudiante universitaria, pero no especifica cuál es su centro de estudios. Asegura que llegó a las 12 y 30 de la noche a la oficina de Pollack, “invitada” por una amiga suya de nombre Rossana Salazar. La Policía sospecha que maneja un negocio de damas de compañía en la avenida Aviación 2341, pero la muchacha se niega a identificarla plenamente.

Según su historia, en la oficina de la avenida Huáscar se encontraban Pollack, Toledo, José Vallarta, un ex policía que es guardaespaldas de Toledo, y Carlos Zegarra, un asistente del ex Presidente. A Diana Carolina le ofrecieron whisky y Toledo, asegura, empezó a hablarle de su gobierno, de política internacional, de la Universidad de Harvard y de Europa.

En esas estaban, cuando la mujer pidió ir al baño. “Apareció Toledo con los pantalones abajo y se me fue encima”, narró. Ella lo empujó y se escapó del inmueble llevándose el teléfono celular de Zegarra. Ya en la calle tomó el Station Wagon color blanco, placa SGJ-715, del taxista José Silva Vílchez, de 53 años. El conductor alega que ella estaba ebria y que pedía que la llevaran a una comisaría.
En el cruce de Los Eucaliptos con Javier Prado Oeste el taxista se detuvo frente al puesto ‘Mayo 2’, donde se encontraba el sereno Vargas Huaraca, quien llama a la unidad móvil 1004 del Serenazgo de San Isidro. Luego ambos fueron trasladados a la comisaría de Orrantia del Mar.

Una hipótesis policial sugiere que no era la primera vez que Diana Carolina se reunía con Pollack. Ella ha dado detalles muy precisos del mobiliario de la oficina, datos que sólo puede conocer alguien que ya estuvo ahí.

En la comisaría de Orrantia, Diana Carolina dice haber recibido diversas llamadas de Toledo al celular de Zegarra. Este dato ha sido corroborado por oficiales de esa dependencia que prefirieron quedar en el anonimato.

En una de las llamadas, según la denunciante, Pollack habría amenazado: “Déjate de cojudeces, puta”. Afirma que, asustada, se marchó de la dependencia.

Zegarra ha recuperado su teléfono, pero no se han dado a conocer las circunstancias.

EN EL DESPACHO de Alejandro Toledo se ha reconstruido la agenda del ex mandatario durante los días en cuestión:

–Lunes 17: Despacha por la mañana en su casa de Camacho. Almuerza en el restaurante del Hotel Country Club. Esa misma noche ofrece en el mismo lugar su conferencia pro fondos del sur chico. Cenó con los asistentes.

–Martes 18: En la mañana sostiene reuniones en su casa y a las 11 se dirige a su fundación, el Centro Global por la Democracia y el Desarrollo, que queda en Paseo de la República, San Isidro. Aproximadamente a las dos de la tarde llega al restaurante Chala, en Barranco. En el local de propiedad del congresista de Perú Posible, Carlos Bruce, mantuvo un largo encuentro con los miembros de la Comisión Política del partido. Se retiró alrededor de las 8 y 30 de la noche.

CARETAS accedió a la boleta de las gaseosas, cancelada a esa hora. Según su propia versión y de acuerdo con la declaración que uno de los miembros de su seguridad hizo en la comisaría de Orrantia, Toledo arribó a su domicilio a las 8 y 45 de la noche y allí se quedó hasta la mañana siguiente.

–Miércoles 19: Igual, sostiene haber mantenido reuniones matinales en su casa. A las dos de la tarde llegó al restaurante de carnes El Hornero de Chorrillos. Los colaboradores notaron que su gripe no cedía, pero nada más llamó su atención. A las 6 de la tarde vuelve a Camacho y de allí sale a la recepción del 35 aniversario de la empresa consultora Cesel. Alrededor de las nueve se dirigió al Chifa Royal y se quedó hasta poco después de la medianoche. Luego volvió a dormir a Camacho.

Los hechos habrían ocurrido la madrugada del miércoles 19. Entonces Toledo ha dicho que salió a las 8 y 30 del Chala a su casa, lo que ha sido corroborado por su equipo de seguridad. No cenó en el Royal hasta medianoche, como se filtró erróneamente. Eso ocurrió recién la noche siguiente.

Quizás la más importante contradicción en las versiones es la presencia del gran amigo de Toledo y dueño de la oficina, Adam Pollack. Diana Carolina lo describió sin dejar lugar a dudas. En el círculo del ex presidente el alto y grueso empresario es conocido como “Pie Grande”.

Mariana Farkas, esposa de Pollack, declaró que ella llegó con él esa noche a su domicilio de las Casuarinas cuando faltaba un cuarto para las diez de la noche. Sostiene tener en su poder el vídeo de la caseta de seguridad para comprobarlo.
Ambos tienen coartadas: estar en su casa mientras el supuesto caos se desató. Sin embargo eso mismo deja abierta una incómoda ventana.

Para ser justos, la incomodidad también afecta al mensajero de la denuncia y su relación con el sector con más aliento de búfalo en el oficialismo.

EL LUNES 1, el congresista Gustavo Espinoza se encontraba en la sesión de la comisión de Fiscalización que investigaba la sobrevaloración de precios en el Seguro Integral de Salud (SIS). De repente, recibió una llamada telefónica y abandonó la sesión. En el pasillo empezó a intercambiar palabras con Omar Lacunza, militante aprista implicado en la investigación del Comando Rodrigo Franco y que se desempeña, inexplicablemente, como empleado en la oficina de Coordinación de la célula del APRA. La conversación duró cinco minutos. Antes de ingresar de nuevo a la sesión, Espinoza se dirigió a los periodistas que cubrían las actividades de Fiscalización:

–Tengo una pepaza –dijo, y se rió.

Dos días después, Espinoza hacía pública la denuncia por violación contra el ex presidente Alejandro Toledo. Minutos antes visitó la oficina del aprista Javier Velásquez Quesquén, donde Lacunza también presta servicios. Espinoza ha negado cualquier vínculo con el APRA, pero su currículum dice algo distinto: fue regidor aprista en Lurín entre el 2002 y el 2006.

Espinoza había sido expulsado de la Escuela de Oficiales de la Policía de Investigaciones en 1978. En 1980 se reincorporó a la institución como suboficial. En 1982 fue implicado en el secuestro de Ricardo Salgado Infantes. Se determinó que Espinoza había tratado de cobrar un certificado bancario por US$ 3,170, sustraído durante la retención de Salgado. Espinoza fue condenado a un año de prisión y al pago de una indemnización. En los ochenta también fue destacado a una unidad policial en Juliaca, Puno, donde también fue involucrado en la pérdida de 80 kilogramos de PBC.

Alejado de la vida policial, Espinoza fue elegido regidor para la municipalidad de Lima Metropolitana en 1994, por la agrupación Lima al 2000, de Luis Cáceres Velásquez. Fue conocido por sus reiterados escándalos en el concejo municipal y en algún momento hasta amenazó a golpes al entonces teniente alcalde Ivan Dibós (CARETAS 1391). En julio de 1994, fue acusado de intentar ‘coimear’ a Hernán Chang Lafock, entonces presidente del gremio de choferes. La denuncia fue desestimada.

Cuatro años después, Espinoza aparece en la lista de ‘Alternativa Miraflores’, del fujimorista Jorge Miranda García.

Tras su paso por el aprismo, Espinoza se recicla hoy como abanderado de Antauro Humala. A su vez, mantiene sus contactos en la PNP, algunos vinculados a Vladimiro Montesinos. Su asesor parlamentario es el comandante PNP (r) Carlos Castagne Saavedra, vinculado a los hermanos Aybar Marca. Castagne trabajó con Aybar en la dependencia policial que investigó el incendio en el Banco de la Nación durante la Marcha de los Cuatro Suyos, en julio de 2000.

En abril de este año, la SUNAT multó a su esposa Rosa Martínez Baca por no justificar en el 2003 ingresos hasta por S/. 5’648,954, provenientes de la compañía de venta de insumos químicos propiedad de Espinoza, CODIPROQUI SAC. Espinoza alegó que todos sus libros contables se habían quemado en un incendio.

Aquí habrá chicharrones. Pero también hiede a chamuscado.

Recuerdos del ‘Melody’

En PP ya olvidaron el sonado episodio de 1998.

El comandante PNP (r) Alfonso Misha recuerda muy bien un episodio que ahora los voceros de Alejandro Toledo parecen haber olvidado. El 5 de octubre de 1998, cuando integraba la División de Secuestros, recibió la denuncia de que éste había sido plagiado, pero luego de investigar el hecho concluyó en que era una mentira. El ex Presidente, según el parte policial del caso, había permanecido todo ese día “con cinco prostitutas en El Escarabajo, la discoteca Two Star y finalmente en el hotel ‘Melody”. Los hechos fueron destapados por CARETAS 1662.

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Comandante Misha investigó ‘El Día Perdido’.

Misha afirma que ese misma tarde ubicaron a Toledo saliendo del hostal Queen’s. “Nos dijo que había estado hasta ‘tarde’ en una reunión con amigos. Pero cuando llegó a su casa y vio a Eliane Karp repitió la historia del secuestro”, sostiene. El oficial agrega que uno de sus subalternos, el mayor Salomón Pitta, le increpó por la mentira y el ex Presidente le contestó con una palmadita en el hombro: “Somos hombres, mayor”.

A Misha, quien fue pasado al retiro pocos meses después de que Toledo asumiera la Presidencia, en el 2001, no le sorprende de que aquél haya sido nuevamente relacionado en un escándalo similar al de hace nueve años atrás: “Es su modo de vida. En los nightclubs Casanova, Enmanuelle, etc., todas las chicas lo conocen”.


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