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Turismo Canotaje extremo sobre las agitadas aguas del río sagrado de los incas, el Apurímac.

El Dios Que Ruge

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Enfrentando a sola el río que se tiene por Dios. La balsa, como un toro rabioso, parecía querer lanzarse sobre la corriente entre moles rocosas que no saben de misericordia. Así se navega en el Apurímac.

Dolor de Muelas, Purgatorio, El Trinche, Tú primero, Laberinto. No se trata de una selección de películas de terror, sino de los nombres de algunos de los rápidos más feroces del majestuoso Apurímac, el más espectacular de los ríos andinos. Acompáñenos en este alucinante recorrido por las turbulentas aguas del que los expertos consideran el “premio mayor” de los destinos de rafting de los Andes.

Y vaya si ruge. Basta con encaramarse en alguna de las enormes rocas de granito pulido y observar atónito cómo las olas de agua cristalina y helada golpean rabiosas las paredes del profundo cañón para entender por qué los antiguos chancas e incas le tuvieron tanto respeto. Este fue, sin duda, una de las deidades principales de los Andes del sur peruano. El gran Apurímac, que corre desbocado labrando una gigantesca grieta en las montañas de los departamentos de Cusco y Apurímac, se codea y mira de frente a los grandes Apus de la cosmovisión andina: los taytas Salkantay y Ausangate, por citar a dos de los más reverenciados.


 


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