Opinión
El Momento de Decisión de Europa
¿La amnesia es una parte integral de la política? En lo que concierne al tratado para reformar las instituciones de la Unión, que se culminará en noviembre, los acontecimientos recientes sugieren que la amnesia juega un papel central. Examinemos la “enfermedad” que lleva a ciertos líderes de la UE con escrúpulos cuestionables a olvidar incluso el pasado reciente.
Ocupados como están con los asuntos políticos internos, no dudan en utilizar a Europa como un chivo expiatorio para evitar darles malas noticias a sus compatriotas. Algunos manifiestan tendencias separatistas que asustan, y frustran, a sus electorados. No sorprende, entonces, que muchos ciudadanos de la UE se nieguen a abrazar la causa europea, o al menos duden de hacerlo.
Esta forma de chantaje político puede ganar elecciones, pero sabotea toda oportunidad de experimentar, o percibir, la política como un proceso que puede contribuir al desarrollo global.
Consideremos a Gordon Brown, el nuevo primer ministro de Gran Bretaña, para quien la globalización despoja al proyecto europeo de todo significado, una forma de autismo político que, en realidad, impedirá que la UE se adapte al cambio y pueda encontrar soluciones para los desafíos de la globalización.
Afortunadamente, los programas políticos abiertamente antieuropeos no son la norma, al menos no todavía. De hecho, si en la víspera de las elecciones del Parlamento Europeo de 2009 entra en vigencia el nuevo Tratado de Reforma, cada país miembro se verá obligado a aclarar y justificar su postura.
El Tratado será esencial no sólo para el correcto funcionamiento de las instituciones de Europa, sino también para su posterior “profundización” -algo que muchos exigen sin necesariamente querer lograr-. Gracias a la “cooperación reforzada”, los estados recalcitrantes ya no estorban a aquellos que buscan progresar, y hasta podrían recurrir a un proceso “de exclusión” y “liberarse” de la UE, tal vez mediante un referéndum.
Luego están los que creen que la ampliación de la UE ha impedido una mayor “profundización” y los que, con escaso respeto por el pasado o el futuro, sostienen que perseguir el segundo requiere abandonar el primero. Pero, ¿quién en su justa razón puede asegurar que conoce qué forma necesitará adoptar la UE para enfrentar los desafíos de los próximos 50 o 100 años?
Cuestiones como el cambio climático y el suministro de energía ya demuestran la inutilidad de la acción nacional aislada y la importancia crítica tanto de la profundización como de la ampliación de la UE. Al haber sufrido interrupciones en los suministros de petróleo y gas después de las disputas entre Rusia y Ucrania y luego Bielorrusia, los miembros de la UE finalmente entendieron que su supervivencia depende de su capacidad para diversificar sus fuentes energéticas.
Una mayor ampliación de la UE sin duda interesa a Turquía, y también a Europa. Además del papel constructivo que podría desempeñar Turquía, especialmente en Oriente Medio, su membresía es de vital importancia en términos de energía. Es más, admitir a Turquía demostraría la consistencia política de la UE y, a la vez, representaría un avance cualitativo en el proyecto europeo.
Para los políticos como el presidente francés Nicolas Sarkozy, este tipo de consideraciones tal vez no tengan sentido. Pero, ¿qué pasa si Turquía abandonara sus ambiciones europeas y se alineara estratégicamente con Rusia y hasta con Irán? Las consecuencias para la seguridad europea serían graves.
Después está el liderazgo político de Gran Bretaña, para el cual la ampliación es una manera de evitar la profundización y, de hecho, de disolver la Europa política. Si bien estas ideas no son para todos, ciertos países continentales prefieren en secreto los escenarios inconexos de Gran Bretaña, mientras que algunos jefes de gobierno hasta consideran irreversibles los compromisos de sus países.
¿Qué deberíamos hacer, por ejemplo, con los hermanos Kaczynski que gobiernan Polonia? Los mellizos irascibles no estuvieron de acuerdo con el sistema de votación para el Consejo de Ministros del Tratado de Reforma, y luego robaron protagonismo con sus propias declaraciones homofóbicas, proclamaciones que parecen excluir toda posibilidad de integrar la Carta de Derechos de la UE a la ley doméstica de Polonia. El presidente ruso Vladimir Putin tal vez sea el único que recibe con beneplácito esta deserción de la comunidad de valores de Europa.
En este clima, el primer ministro holandés, Peter Balkenende, todavía atascado en el voto negativo de su país al borrador de tratado constitucional de la UE en 2005, ha intentado ganarse el apoyo británico, checo y polaco para adoptar medidas que permitan disminuir las áreas de responsabilidad de la UE. De hecho, tal vez ni siquiera se oponga a arruinar todo el motor legislativo de la UE vetando los parlamentos nacionales.
Lo que nosotros los europeos necesitamos más que cualquier otra cosa en este momento es embarcarnos precisamente en el curso inverso. Sólo ampliando el alcance del proceso de toma de decisiones de la UE, con el respaldo del compromiso de socios igualmente responsables, Europa podrá enfrentar los desafíos compartidos de un futuro común. (Daniel Cohn-Bendit*)
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* Daniel Cohn-Bendit es co-presidente del Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea en el Parlamento Europeo.
Copyright: Project Syndicate/Europe’s World, 2007.
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www.europesworld.org Traducción de Claudia Martínez