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Música Björk, diva mundial, trae al Perú la cosmopolita música de su imaginación.

Un Viaje a Nueva Björk

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Sybille Castelain organiza el ciclo VideoBjörk de videos y cuatro documentales de Björk en el C.C. Ricardo Palma de Miraflores. Irá el 10 y 11 de noviembre. Ingreso libre.

Puede ser una seguidilla de ceros y unos, un cableado de módems enchulados y pichicateados arrojando loops de guitarras a borbotones. Puede mezclar sonidos en más velocidades que una licuadora: pica, tritura y, sobre todo, licúa. Puede ser un simple clúster de computadoras –clúster o nada–, es decir una serie de laptops haciendo un lapdance en sus decenas de músicos de estudio. Así de binarios pueden ser los sonidos de esta islandesa, china hereje no por el valse criollo, sino por parricida musical. Pero su música también puede ser una cálida canción de cuna, una regresión a la infancia de tiovivos y cajitas de música. Es Björk Guômundsdóttir, o simplemente Guômundsdóttir, para los amigos.

Natural de Reikiavik (Islandia), pululó de banda en banda –incluyendo a The Sugarcubes y su pop arty–, y cantó en comerciales de niña-talento. Como solista, gustó del buffet sonoro: disco dance inglés con su Debut (93), pop avant garde en Post (95), electrónica de avanzada en Vespertine (2001) y nada en Medúlla (álbum del 2004 enteramente a capella, donde luce su voz que va del contralto –a veces bufo y cómico– al soprano sin coloratura). Volta (2007), su último disco, la regresa a sus electrizantes raíces y la trae de gira por el Perú por primera vez gracias a la apuesta de Live Entertainment, Matisses y OGM, quienes ya tienen un cirio encendido al lado tras haber traído a Roger Waters. De las 4 mil entradas a la venta queda muy poco. Algunas en preferencial, otras en general. Ninguna en vip.


 


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