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Cultural XXXV Semana Cultural del Japón: del arte del té al manga pop.

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El manga (historieta) y el anime japonés (dibujo animado) están surcados por un alto contenido erótico. Una revista de este rubro como “Shonen Jump” llega a vender más de 6 millones de ejemplares por número.

LA maestra Kyoto Okuyama observa cómo su alumna Margarita Hishikawa, con una delicadeza que linda la pureza, le ofrece el recipiente con té a su compañera Silvana Otoya, quien se recoge sobre sí misma, agacha la cabeza y agradece. Una tradición japonesa de siglos, frente a la que alguien como el ex presidente Fujimori se reduce a algo menos que una anécdota.

Durante la XXXV Semana Cultural del Japón, que va hasta el domingo 11 de noviembre en el Centro Cultural Peruano Japonés, la ceremonia del té será representada por la Asociación Urasenke Tankokai. En sus inicios por el siglo XII, este arte fue traído a la tierra del sol naciente por monjes zen que regresaban de China. Su insumo, el matcha, una variedad de té verde en polvo, encierra tres claves: wa (armonía), kei (respeto) y sei (pureza). Tomar té, en oriente, va más allá de lo fisiológico. Un samurai impostado como el que le tocó a Perú no entendería.

Japón también está rotulado por Sony o Toyota. Por una modernidad enloquecida o por un imaginario apocalíptico del que sólo su cultura pop es capaz de engendrar. “Los Supercampeones” se merece el respeto de una poesía haiku, y la XXXV Semana Cultural de Japón ofrecerá un Festival de Anime (animación japonesa) que sirve para entender a la juventud nipona mejor que un tratado de sociología: esa devoción por la ropa interior y ojos redondos (Osamu Tezuka, creador de Astroboy, pirateando a Walt Disney), obsesiones a fin de cuentas tan orientales como occidentales.

Anime y manga (historieta nipona) de diversos géneros. Cada uno de ellos, un nicho de mercado y una cosmovisión: el shonen (para jóvenes), el shojo (para chicas), el hentai (erótico, para adultos) o mecha (de robots). Los fanáticos patológicos de animes se llaman otakus. En Perú, los otakus paralizaban la ciudad para ver “Dragon Ball Z”, como si se tratara de un Mundial de Fútbol.

Ojos bien abiertos, ventanas hacia el alma. Símbolos de pureza. La mística, por donde menos se entrevé, se refugia allí. Siguiendo el hilo de la tradición, la Semana Cultural del Japón se cierra con el Matsuri, festival que se celebraba para atraer el favor de los dioses y ancestros. Las buenas cosechas dependían de él. Las juergas con ríos de sake (licor japonés), también.

Matsuri: música, danza, tambores, tarus (barriles de sake), hanabi (fuegos artificiales) y el paseo de Mikoshis (andas japonesas) de casi media tonelada, con los que, según la vieja usanza, se espantaba a los malos espíritus. El responsable principal de urdir el matsuri será la Asociación Estadio La Unión (AELU). Semana Cultural del Japón: banzai –algo así como larga vida– para una noble cultura. (J.Tsang)

XXXV Semana Cultural del Japón: Dónde y Cuándo


- Jueves 8 de noviembre, 19:30 horas. Conferencia “El arte de narrar de Yasunari Kawabata”, a cargo de Marco Martos.

- Viernes 9, 17:00 horas. Ceremonia del té presentada por la Asociación Urasenke del Perú.

- Sábado 10, 11:00 horas: Festival de Anime. Se proyectarán las películas “5 Centímetros Por Segundo” y “Lucky Star”, además de los trailers de las últimas producciones.

- Sábado 10, 15:00 horas. XVI Festival Matsuri AELU.

- Domingo 11, 11:00 horas. Taller de shogi, ajedrez japonés.

- Domingo 11, 13:00 horas. Concurso nacional de oratoria en idioma japonés.

- Hasta el 7 de diciembre, la exposición de pintura “Una Parábola Zen y Diez Pequeñas Historias” (To No Chiisana Monogatari).

Todas las actividades se llevarán a cabo en el Centro Cultural Peruano Japonés (Av. Gregorio Escobedo 803, Residencial San Felipe, Jesús María), salvo el Matsuri que será en el Estadio La Unión, Av. Abraham Lincoln s/n, Pueblo Libre.

El Deslinde Nikkei

Peruano-japoneses comentan sobre el reo Fujimori.

Venancio Shinki, pintor nikkei.

Para Alejandro Sakuda, director del diario Perú Shimpo, el ex presidente Fujimori mancilló la imagen de toda comunidad de ojos rasgados: “La percepción es que las colonias japonesa, china o coreana son iguales. Durante el gobierno de Toledo, salieron la mayoría de los funcionarios de ascendencia asiática, que eran técnicos y debieron quedarse. Eso no fue porque cambió el régimen. Hasta hoy, caminas por la calle y piensan que eres fujimorista”. Por suerte, añade él, la corrupción no afectó a los nikkeis (peruanos japoneses) y se centró en Fujimori, quien le debe poco a la colonia.

El sociólogo Martín Tanaka coincide: “Fujimori no tiene nada que ver con la comunidad japonesa. Tampoco frecuentaba sus ambientes”. El analista agrega que si hubo xenofobia, eso fue en la segunda vuelta de las elecciones del 90. “Si se fija en lo que se escribía en los años 20, los indígenas, negros y asiáticos eran las razas inferiores. Hoy los países asiáticos son potencias. Tanto los tusanes (peruanos chinos) como los nikkeis dejaron de ser el chino de la esquina”. Allí están los emporios (Wong, Hiraoka) como para constatarlo.

¿Qué siente Tanaka cuando apodan a Fujimori como Chino Rata, a sabiendas del antagonismo entre chinos y japoneses? El sociólogo evita las generalizaciones: “Esas son cuestiones del habla popular”. Y vuelve al pasado: “El gran sentimiento antijaponés ocurrió en la segunda guerra. Recuerdo episodios de discriminación hacia mi familia. Luego se desvanece el sueño de volver a Japón. La colonia esconde sus señas de identidad (idioma, ropa), se cholifica y asciende socialmente”.

Venancio Shinki considera que su sangre nipona fue crucial para convertirlo en pintor: de niño era aislado y encontró en el arte su salvación. Sobre Fujimori, afirma: “Él ya no tiene nada que ver con la colonia cuando postuló al senado japonés. Recuerdo el temor en los nikkeis si es que hacía un mal gobierno. Eso no pasó. ¿Por qué le fue difícil dejar el poder? La justicia dirá si es culpable de los delitos que se le imputan”.


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