Personajes Ochenta años y una muestra en Villa El Salvador para celebrarlo. Víctor Delfín está de fiesta.
Delfín al Galope
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El artista y su obra. La exposición arranca este 10 con un pasacalle e incluye pintura, escultura y obras de artesanía. |
En el cruce de las avenidas César Vallejo y Revolución, en Villa El Salvador, media docena de caballos están listos para salir al galope. Delante de ellos, Víctor Delfín, su creador, se aburre de posar frente a la cámara y lanza al reportero gráfico un rotundo: “Ya no jodas, pues”.
El escultor ha decidido festejar sus ochenta años de vida con una exposición lejos del circuito galerístico tradicional, y ha llegado hasta VES con sus caballos, toros, reptiles y peces bajo el brazo. “No gano nada, pero me divierto”, explica. Y se divierte al ver sus cometas agitadas por el viento de una ciudad levantada sobre la arena, y también al escuchar la explicación espontánea de un transeúnte al ver tanto animal de fierro: “¡Arte!”.
Ya de vuelta a su casa-taller en Barranco, Delfín habla de solidaridad y explica que el arte es una cuestión de fe y que las convicciones no se derrumban nunca.
–¿Qué viene después de esta exposición?
–Esa es una pregunta bien jodida, porque es un sueño que se realiza gracias al entusiasmo de varias personas, pero voy a ser bien crudo, los ciudadanos de Lima no tienen idea de lo que es la obra de arte, porque lo que ven son algunas creaciones heroicas de artistas peruanos, pero no conocen el arte universal. No es posible que en el Perú no haya un museo de arte contemporáneo. Es probable que mucha gente se muera sin ver un Picasso o un Frank Stella.
–¿Necesariamente hay que haber visto un Picasso para apreciar una obra de arte?
–Claro, porque eso te da la medida de lo que es la calidad artística y el grado de modernidad que tiene una obra. Y una de las cosas que he descubierto aquí en Villa El Salvador es que ya la idea de hacer un arte cerrado hasta en el propio museo ya resulta demodé, ya eso como que fue, el arte tiene que salir a la calle y estar al alcance de todo el público. Va a parecer una contradicción lo que te voy a decir, pero el público si bien no ha visto un Picasso ya sabe que existe y se pregunta dónde está. Entonces, ese público está huérfano de esa melodía, y entonces hay que dársela.
–¿Qué nuevas exploraciones estás realizando?
–Creo que todo es dinámico y me voy a morir con la idea de cambiar la sociedad en que vivo. Ya no hablamos de manera provinciana sobre nuestra casa o nuestra calle, sino que la transformación universal nos hace pensar qué va a pasar con el agua, con el calentamiento de la Tierra, con los bosques, ya sabemos que la felicidad no se termina en la esquina, en el barrio, sino que hay que buscarla globalmente. París era una fiesta, toda esa vaina ya pasó. Hay una realidad bien cruda. Nos interesa qué mierda está pasando en Irak. Nos manifestamos en contra de Bush por unanimidad.
–Pero la globalización también lleva al desencanto.
–No, yo soy un hombre muy positivista. Es imposible que el hombre permanezca frío ante la brutalidad de otro ser humano, es el principio de solidaridad contemporánea. (MDP)