Actualidad Tras la votación del TLC en la Cámara de Representantes, el partido de fondo se juega en el Senado y el Tratado se convierte en tema de la campaña presidencial gringa.
TLC en Campaña
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Candidata y senadora Clinton aseguró que se encontraba “evaluando” el TLC con el Perú. |
De pronto, el TLC con el Perú se convirtió en un eje insospechado de la campaña presidencial en Estados Unidos. Justo cuando estaba por aprobarse en la Cámara de Representantes, las posiciones al respecto de los tres precandidatos demócratas fueron ventiladas por lo que se considera un tratado simbólico para el futuro del comercio internacional en ese país.
La semana pasada la senadora Hillary Clinton, la favorita, dio a conocer, por medio de un correo electrónico enviado por uno de sus asesores a la prensa, que aún se encontraba evaluando el documento que espera ser votado por la cámara alta antes del receso de Acción de Gracias.
Su principal contendor, el carismático senador Barack Obama, anunció que votaría a favor del TLC. El portavoz Jen Psaki explicó que “a diferencia del NAFTA y el CAFTA, el pacto con Perú incluye protecciones reales y ejecutables al trabajo y al medio ambiente. (Obama) apoya los esfuerzos para asegurarse de que nuestras políticas comerciales ayudan a los trabajadores norteamericanos, no sólo a las grandes corporaciones”.
Quien más aprovechó los prolegómenos de la ratificación para diferenciarse con su posición fue el ex senador de Carolina del Norte, John Edwards. En un extenso texto publicado en su página web, Edwards despotricó contra la aprobación del tratado. Y con teatral sentido de oportunidad, expresó la negativa en un acto de campaña realizado en una fábrica de lavadoras y secadoras de la marca Maytag apenas clausurada en Newton, Iowa. Whirlpool compró esa empresa y anunció el traslado de la planta a Ohio, donde Edwards denunció que los trabajadores no son sindicalizados y percibirán sueldos más bajos. “Como los fallidos acuerdos anteriores”, expresó, “el TLC con Perú pone primero los intereses de las grandes corporaciones multinacionales, antes que los intereses de los trabajadores americanos y sus comunidades”.
En su editorial del 2 de noviembre, el influyente Washington Post criticó severamente la posición de Edwards. La calificó de “abstrusa” y “extrema”. Citó las declaraciones del otrora escéptico diputado demócrata Sander Levin, que equiparó al TLC recientemente modificado con “un dramático paso en política comercial”.
El Post considera que “afectando US$ 8.8 billones anuales en bienes y servicios, el tratado beneficiará a un gobierno pro americano en América Latina y abrirá un mercado a los productores norteamericanos, desde servicios financieros hasta granos”. Concluye que Edwards busca incrementar su popularidad entre los votantes demócratas –y mayoritariamente sindicalizados– de Iowa, donde se realizarán las primeras elecciones primarias en enero próximo.
El editorial hace votos porque Clinton se una “al sensible centro” representado por Obama. La mayoría de miradas se dirigen a la ex primera dama. Durante el mandato de su marido, Bill Clinton, fue adalid del libre comercio. Más recientemente ha planteado objeciones a los TLC con Chile y Omán, aunque votó a favor de ellos. Se opuso al tratado con Centroamérica y más recientemente expresó sus críticas al que se espera ratificar con Corea del Sur, pues considera que vulnera los intereses de la industria automotriz estadounidense.
El frente republicano es más uniforme. Su más posible candidato, el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, incluyó en el reciente debate con los demás aspirantes el tratado con el Perú como “un buen negocio para los Estados Unidos. No puedo entender por qué los demócratas intentan bloquearlo”, dijo.
Fareed Zakaria de Newsweek apunta que, por primera vez, la economía supera a la guerra en Irak como el principal factor que los norteamericanos tomarán en cuenta para elegir a su presidente.
Según el Consejo de Relaciones Exteriores, un think tank no partisano, la campaña presidencial será marcada por el déficit comercial con China, el incremento de la tercerización del empleo hacia países como India y el deterioro en la calidad de vida de pueblos como los visitados por John Edwards en Iowa. “Temas de comercio justo, reforzamiento de estándares laborales y políticas de comercio con países africanos y latinoamericanos seguirán probablemente en la primera fila del debate legislativo a medida que las campañas tomen vuelo”, se anticipa en uno de los documentos de seguimiento del Consejo.
Para el presidente Alan García y para los sectores interesados en la ratificación del TLC los próximos días son cruciales y se espera que salga airoso en las dos cámaras. Si no, como ocurrió con el recambio de las fuerzas en el Capitolio, la puja electoral del 2008 podría magnificar el prisma del tratado con un lejano país sudamericano que el vicepresidente Dick Cheney acaba de confundir con Venezuela. (Enrique Chávez)