miércoles 18 de septiembre de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2002

15/Nov/2007
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre InternacionalVER
Acceso libre JusticiaVER
Acceso libre FútbolVER
Acceso libre Opinión VER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Tauromaquia
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Sólo para usuarios suscritos Olor a Tinta
Sólo para usuarios suscritos Tecno Vida
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Jaime Bedoya
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Nicholas Asheshov
Sólo para usuarios suscritos José B. Adolph
Sólo para usuarios suscritos Harold Forsyth
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2300
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Cultural Antología de la disconformidad en muestra que reúne el trabajo plástico de Herbert Rodríguez desde los 70’s.

Rey de Quilca

4 imágenes disponibles FOTOS 

Ver galería

Herbert Rodríguez (Lima, 1959) y expresivo casco creado en el 2000, en el periodo en que su trabajo se orientó a la lucha a favor de la caída del régimen de Fujimori.

En su trinchera, el suelo parece pintado de sangre y sudor. Sus armas desperdigadas ocupan, ahora, casi todo el espacio. Las municiones son disparadas por su propia y rápida boca, porque la mejor defensa aquí es no dejarse cagar: ¡pum, pum, pum! Esta es la casa de Herbert Rodríguez, artista plástico y peleador, ambos, por vocación. La guerra la libra allá afuera.

Cuando era un estudiante flaco y respondón de la Facultad de Arte de la PUCP, su consigna era no cumplir un año más que treinta. Estaba seguro que luego de esa edad era más posible dejarse seducir, y él no quería vivir para tranzar. “Eso me lo propuse cuando decidí, en mis primeros años en la universidad, que sí quería ser artista”, cuenta ahora Rodríguez, a sus casi cincuenta. “Pero estaba muy claro que esa era una carrera en la que probablemente no iba a tener éxito. Así que mi decisión fue morirme peleando”.

Pasó los treinta: no murió, no transó, y hasta ahora, no ha dejado de pelear. Por eso, no es gratuito ni alarmista el título que reúne tres décadas de obra plástica en el Museo de Arte de San Marcos: “De la Guerra a la Casona: vestigios, despojos, desechos”. Y es que muchos de sus objetos evidencian el maltrato de la calle, porque para la calle fueron pensados. Son restos que, para el artista, muestran la vulnerabilidad del arte contemporáneo peruano. “Jodido, ¿no?”, comenta.

Recorriendo las cuatro salas que reúnen su obra, se puede estar o no de acuerdo con la voz iconoclasta y neurótica de comienzos de los ochenta; con el ex Huayco; con el grito radical y subte, ideologizado y plasmado en pinturas, grabados, collages, murales, instalaciones y performances públicas; se puede cuestionar su estadía de dos años en Londres, en los noventas, y su vuelta a Quilca, ahora desde las profundidades del Averno. De ese Averno al que se le prendió fuego el año pasado para desalojar las huestes que Rodríguez dirige. De ese que no se va a ningún lado, hasta que no haya una restitución económica por los daños recibidos.

La muestra -curada por Juan Peralta– va acompañada de la presentación de una investigación de Rodríguez sobre historia última del arte local e internacional, un conversatorio sobre arte contemporáneo y la promesa de un taller de contracultura dirigido por el mismo Rodríguez. Si es o no posible enseñar mañas transgresoras desde un aula, habrá que esperar y ver. Mientras tanto, la última reflexión del artista: “Creo que ahora se puede constatar que la mía no necesariamente es una línea de trabajo que lleva al suicidio o la inmolación. ¿Por qué tener miedo a morirte de hambre, si igual te vas a morir de hambre? Si no hay oportunidades del sistema, bueno, pues entonces haz lo que te gusta y ya”.

A él, eso lo ha mantenido vivo (R. Vaisman).


 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista