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Personajes Exclusivo: Luis Alberto Kouri, flamante cristiano, presenta Más allá del error, su testimonio novelado.

El Reciclaje de
Beto Kouri

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Antes del reciclado, el plástico se separa según su color. Según Kouri, lo verde se vende más barato.

El plástico es para siempre. Luis Alberto Kouri lo sabe, por eso sonríe al verse rodeado de basura. Botellas, bolsas y recipientes que pueden ensuciarse o quemarse, y aún servir de insumos para su planta de reciclaje Polímeros Recuperados. Kouri Bumachar –que algo sabe de quemaduras y suciedades– hace dinero con desperdicios. Dinero limpio, para mayores señas.

Kouri ha rehecho su vida desde que salió del penal de Castro Castro el 24 de febrero del 2006. Ya no maneja camiones ni huele a pescado. Se casó, engordó, fundó una ONG y se metió en el reciclaje. Cada mañana maneja su carro hasta el km 20 de la Panamericana Sur, rodea el restaurante Venecia, y entra a su planta por un atajo que elude el peaje.

–Cuando quieran ir a la playa, péguenme una llamada y digan “Betooo, estoy aguja”. Pasan por aquí y se ahorran los tres soles del peaje para la chela o los cigarrillos.

–Y cuando queramos ir al Callao, ¿llamamos a su hermano?
–…creo que si las cosas se ponen mal pongo mi peaje por este pequeño atajo –bromea Kouri–. Mejor es pagar un sol que pagar tres.

El pensamiento Kouri ha sido volcado al papel en Más allá de error, su inminente testimonio novelado que alguna vez pensó obituario. El libro es la historia de una caída, la suya. De cómo irrumpió en el nuevo milenio definido por la cultura del video (Magaly-Montesinos), y entró a las páginas de la historia con una sencilla sesión de calistenia, una cruzada de piernas y un número: “¡quince!”. “Quisiera agregarle un párrafo positivo a esos tres renglones con que la historia me inmortalizó”, confiesa Kouri. Al menos hay una línea: su vladivideo se tumbó al régimen.

Aunque Kouri no cree estar quemado sino más bien templado al fuego, como el acero, lo cierto es que su carrera política sufrió una combustión espontánea que le costó casi todo, incluyendo conocidos a quienes pensaba amigos. A cambio, le granjeó infamia transnacional y riñas colegiales para sus hijos. “Beto, escúpelo”, le sugirieron una vez que se cruzó en la vereda con el entonces alguien, Fernando Olivera. Beto, tránsfuga de sí mismo, sufrió el ostracismo tan temido: cinco años de cárcel. Hoy, su vladivideo ha sido estudiado, diseccionado y colgado en YouTube e innumerables blogs y páginas webs, donde recibe el apanado virtual de rigor en varios idiomas. “Merecía que me den duro. ¡Incluso, debieron de darme más duro!”, reta Kouri en un rapto de lucidez. Kouri reconoce su error y se disculpa con sus electores. Pero, como ya lo ha dicho, no admite acto de corrupción alguno. Qué tal Kouri, dirán muchos.

Aun libre, arrastra recuerdos de su vida pasada. Conserva los retablos y la artesanía que expuso en el ICPNA. Guarda el recuerdo de sus amigos senderistas, emerretistas y ex grupo Colina con quienes pasó navidades. Rememora su trabajo en madera, construyendo ataúdes que nunca llenó, y sus pichangas con Chiappe y Azcurra. Aún toma su pastilla diaria para la presión desde aquella vez que fue trasladado de urgencia al Hospital Dos de Mayo. Y, aunque sabe disimularlo, ve cámaras en todos lados. Pero, siendo justos, estas lo persiguen: afuera de un café, en la oficina de su esposa, en la calle.

Dice no haber requerido de ningún negro literario o ghost writer, que su flamante libro salió de su pluma y que con ella (y sus cartas) conquistó a la abogada Mónica Tambini, su actual esposa. “Fue un amor a la antigua”, cuenta Kouri. “Sólo faltó la palomita mensajera. Publicaré las cartas en un segundo libro, que será un diálogo romántico como El cantar de los cantares”. Ella lo volvió evangélico y cristiano, un hombre de Dios.

–La naturaleza del ser humano es corrupta. Lo dice la Biblia. Nada ha cambiado desde mi vladivideo.

–Siempre ha habido corrupción: la novedad es la cámara. Buena estrategia fujimorista: todos son corruptos, o sea nadie.
–No soy fujimorista. Somos seres corrompidos, pensamos mal.

–Usted quiere volver a la política.
–Tras una intoxicación con camarones, en lo último que piensas es en un cóctel. Pero me han ofrecido volver. No diré quién, ni diré nunca.

–La política puede alejarlo de Dios.
–Sí. Mira que Cristo se metió en política y fue crucificado.

–Usted no es Cristo.
–Pero ahora estoy más cerca de él –dice Kouri con la sonrisa de quien sabe que el plástico es para siempre. Casi como la fe del elector peruano. (Carlos Cabanillas)


 


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