Fútbol Brasil, con todas sus estrellas, aterriza en Perú para enfrentar a la bicolor por las eliminatorias mundialistas de fútbol. A prender velas.
Señor, Ten
Piedad (VER)
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Ronaldinho, el último 10 O también virtuoso mediapunta a sus 27 años. En sus 1.81 metros, la samba verticalizada, sin lujos inútiles. Campeón del Mundo con Brasil en el 2002, trota en el Barcelona junto a otros seres animados como Messi y Deco. Renovó contrató con los azulgranas hasta el 2010 por 138 millones de dólares. Lima lo verá por fin en directo, este domingo 18 a las 16:10 horas. |
Chemo Del Solar, el DT peruano, en lugar de contar ovejas para conciliar el sueño, debe haber consultado a la almohada una y otra vez: ¿a quién pongo en lugar de Jayo, de 34 años, en la volante de contención frente a Brasil? Y la almohada le dijo que duerma. Porque en Perú no hay más. En cambio el Scratch, al que la blanquirroja enfrentará este 18 de noviembre a las 16:10 horas en el Estadio Monumental por las eliminatorias al Mundial 2010, puede convocar un equipo C que hace llorar a las versiones A de los argentinos y campeonar en las últimas ediciones de la Copa América.
No obstante, hay razones para un optimismo inverosímil, pese a que Dunga, técnico de los pentacampeones, repite la nómina con Robinho, Kaká, Julio Baptista o Ronaldinho, quien pisará un gramado en Lima por primera vez (el crack del Barza renovó su contrato hasta el 2010 por 183 millones de dólares, cuando el sueldo de Chemo bordea los 40 mil dólares). O al menos cautela disfrazada de optimismo. Esta vez se descarta el triunfalismo, tras el bostezo sin goles con Paraguay y la derrota con Chile. Con Maturana de DT en el 2000, luego de ganar a los guaraníes y empatar con los mapochinos, la derrota de 0-1 con los cariocas fue recibida en un estado irreal de felicidad. En el 2003, con Autuori se goleó a Paraguay y se perdió con Chile, y aunque el espejismo rondó, Perú igualó con Brasil a gol por bando. Hoy hasta la almohada le pone paños fríos a Chemo, y el affaire Burga/Woodman coopera en la recordatoria de que el balompié criollo es un mamarracho. Así nadie se confía.
Y aunque la Videna parezca una pensión de jubilados (‘Chorri’ cumplirá 35 en diciembre, Bazalar araña la base cuatro), ahora los peloteros la mueven con más fútbol que la fecha anterior: Solano recupera su sitial en la premier league con sus tiros libres en el West Ham, Guerrero deja de rumiar por el desgarro en el muslo, ‘Foquita’ Farfán agarra ritmo en la Champions League, Rainer Torres ayudará a disimular la edad de Jayo en la primera línea de volantes, y ‘Loquito’ Vargas ha sido considerado como el mejor lateral izquierdo en el Calcio italiano.
Además, el triángulo Ronaldinho-Kaká-Robinho se reserva la magia cuando les toca de visitante (en el fondo, hay un desprecio maquillado de naturalidad que lo vuelve más impúdico, porque saben que están ante Perú). Un empate les basta.
Perú 3-Scratch 0
36 veces se han enfrentado el gitano peloteo local con la verdeamarela, incluyendo amistosos. Sólo en 3 de ellas ha habido un verdadero “Somos once contra once”: es decir, la cantidad de veces de las victorias peruanas. Dos de ellas fueron en cotejos oficiales. Héctor Chumpitaz estuvo en una. Fue en la Copa América del 75, cuando la franja se consagró campeón por segunda ocasión en este torneo. La bicolor chocó con la auriverde en Belo Horizonte (en un sentido estricto, fue contra un combinado de esa localidad). Enrique Cassaretto mojó dos veces, y Cubillas, de tiro libre, les dio de beber a los garotos con su misma medicina vía una
folha seca.–Capitán Chumpitaz, ¿cuál fue el secreto para ganar a los brasileños de visita?
–Más que una genialidad de cualquiera de nosotros, lo importante es que jugamos como un equipo, nunca nos acomplejamos pues sabíamos que éramos once contra once.
Aquella vez, la cinta del capitán de América y sus algo más de metro y sesenta centímetros duplicaron sus ecos de grandeza con el patronato de Julio Meléndez (“Con Chumpi nos entendíamos sin hablar. Ni Pelé nos hubiera dribleado”), quien venía de romperla en Boca Juniors y formó junto a Chumpi la pareja de centrales más elegante y corajuda de un combinado nacional. Acasiete y Rodríguez recurren a YouTube para aprender sus lecciones.
Tanto jogo bonito, empero, obnubila. Porque si Kaká se deja de vainas y juega siquiera 5 minutos como si estuviera en una final, los dirigidos por Dunga se llevarían los 3 puntos sin esfuerzo. Matemáticamente, entonces, importa el partido contra Ecuador del día 21, al que Chemo ha dispuesto un plan de altura, entrenando paralelamente a otro grupo de jugadores en Cusco. Pero ocurre que Ronaldinho no juega todos los días en Lima. (José Tsang)
Samba vs. Bamba
El aficionado al fútbol suele ver los Perú-Brasil como una invitación al rezo. El partido incita a comparar en abstracto las posibles alineaciones, a cotejar en dólares cómo los cotiza el mercado, y luego a ponerse a rogar. Razones sobran: esa suerte de embobamiento hipnótico que sufren los peruanos cuando ven la canarinha; la admiración que los lleva a bautizar a sus hijos con los nombres de los pentacampeones; el tener que verse cara a cara con cracks de quienes se saben pálidos reflejos.
El argumento más importante, sin embargo, es la infeliz conexión con la realidad: los seleccionados nacionales, tan o más aterrizados que nosotros, también admiran a los brasileños y los ven por TV. Los menos, quienes se rozan con ellos en ligas europeas y los conocen mortales (Vargas, Solano, Guerrero, Acasiete), no bastan para remediar una actitud histórica, menos aún si tomamos en cuenta la última convocatoria del ‘Chemo’ (Solís, Villamarín, etc.). Así no jueguen, así sea cierto que Del Solar optará por selecciones alternas para ambos partidos, es necesario anotar que el miedo se contagia.
Por eso, desde hace más de dos décadas, nuestra mejor arma cada vez que enfrentamos a los brasileños es su más que probable subestimación. Y no se trata, necesariamente, de la evidente distancia futbolística o de lo que significa el vocablo “perú” en jerga carioca; sino de repasar la actitud de la selección más marketera del mundo cuando nos ha enfrentado, casi siempre en los últimos años, haciendo gala de esa parsimonia tropical –la otra cara del jogo bonito–, donde el esfuerzo mínimo ha prevalecido sobre el preciosismo arrollador.
Esto no es una queja, nadie en sus cabales desprecia la desidia de Brasil, que nos ha permitido sacar algún empate o perder apenas por un gol en las últimas eliminatorias. Menos aún si existe la posibilidad real de que, por culpa de Manuel Burga, este encuentro sea casi el canto de cisne de Perú en las competiciones FIFA. (Jerónimo Pimentel)
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