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Personajes De la puna a la fortuna. Un viaje a los orígenes del imperio económico de los Huancaruna de Chota y los Oviedo de Urcos.

Y el Punche de los Paisanos

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Olivio Huancaruna en la represa de Tinajones demostró ser no sólo un Maverick de las finanzas.

Si los Huancaruna emergieron de las aguas, los hermanos Oviedo salieron de las cuevas. En ambos casos, al igual que los mitos de fundación incaicos, consolidaron un imperio económico. La gesta empresarial de los Huancaruna se remonta al nororiente peruano, a una desvencijada camioneta traqueteando por las endemoniadas rutas de la ceja de selva, comprando granos de café 40 años atrás; la de los Oviedo, a una tiendita de abarrotes de la localidad de Urcos, Cusco. Hoy sus consorcios rankean entre las 150 empresas más grandes del país.

El martes 12 pasado, el presidente Alan García asistió a la ceremonia de bendición de la nueva fábrica de cerveza Franca del Grupo Añaños, en Huachipa, Lima, guiado por don Eduardo Añaños, ayacuchano de enormes espaldas financieras.

Los Añaños han invertido este año sólo en la planta de cerveza US$ 50 millones. El 2008, el consorcio Inka tiene programado invertir US$ 75 millones más en la producción de aguas, jugos, isotónicos y refrescos en el Perú, Colombia, México e, incluso, Asia, informaron.

Al día siguiente, en la sede central del Banco de Crédito en La Molina, el grupo cafetalero Perales Huancaruna (PERHUSA), fue distinguido por ADEX como el mejor empréstito exportador del año: US$ 145 millones de café a mercados tan exigentes como Alemania.

Más antes –como dicen en la sierra– el titular de Agricultura, Ismael Benavides, visitó las gigantes azucareras en Lambayeque –Pomalca y Tumán–, pisándole los talones al joven Edwin Oviedo, principal capitalista de la aventura.

Oviedo ha invertido US$ 6 millones en renovar 4 mil hectáreas de cañaverales y 400 hectáreas adicionales con riego tecnificado para agro-exportación en dos años (CARETAS 1987). Ahora, apunta al etanol.

Oviedos, Huancarunas, Añaños. Estos cholos sí que se las traen.

El Modelo Peruano

La semana pasada, Andrés Oppenheimer reventó cohetes al desenvolvimiento de los últimos 70 meses de la economía nacional y habló del Modelo Peruano.

“Cuando le pregunté a Marcel M. Giugale, un alto economista del Banco Mundial, qué países serán las estrellas económicas de América Latina dentro de 20 años, me quedé sorprendido por su respuesta: el primer país que mencionó fue el Perú”, narró Oppenheimer.

Difícil imaginar un perfil más peruano que los pujantes grupos empresariales descritos.

Los tres comparten el mismo denominador común: son empréstitos sólidamente familiares y el origen del negocio se remonta a algún tambo en la Sierra. En el caso de los Oviedo y los Huancaruna, se catapultaron a las grandes ligas fundamentalmente desde el mercado mayorista de La Parada.

Y están escalando posiciones a la velocidad de un rayo en el ranking de los Perú Top 10,000 empresas nacionales.

El último TOP 2006, el Grupo Perales Huancaruna calificó en el puesto 108, superando en ventas a Aguaytía o Drokasa, el Grupo Añaños (Ajegroup) en el 136 y Shema S.A.C (una de las empresas de los Oviedo), distribuidora mayorista de azúcar, figuró en el puesto 214, despuntado sobre Minera Raura o 3M.

“La propia clase alta empresarial ha sufrido una recomposición notable: por primera vez, tres de los seis grandes grupos económicos (Añaños, Rodríguez y Wong) no proceden de la vieja clase plutocrática sino del pueblo. Sin contar a los Huancaruna, los Flores Aquilino, etc”, según Jaime de Althaus, autor de La Revolución Capitalista en el Perú.

Ahora se están diversificando territorial y productivamente a puro pulso.

Los Huancaruna

Olivio Huancaruna responde, jadeando, el teléfono celular. Es domingo, 9.30 a.m. y la llamada lo pesca participando en una jornada de “siembra voluntaria” junto con 400 personas más en los cañaverales de azúcar de Pucalá, Lambayeque.

“Tratamos de sintonizarnos”, explica Olivio.

Desde mediados del año pasado, los Huancaruna manejan el timón de Pucalá por mandato judicial –6,000 hectáreas hechas trizas, y ambicionadas también por Gloria, el Grupo Romero y grandes consorcios azucareros colombianos.

El cholo Olivio estudió en el colegio San José de Chiclayo, y luego, al igual que sus hermanos, se especializó en administración y finanzas en Alemania.

En la última década se independizaron como proveedores de café de Nestlé, y se consolidaron como el principal grupo exportador de café del país con Alpamayo como su marca bandera.

A su vez, obtuvieron la representación de la marca de camiones Scania en el Norte del país, y hace diez años que dan vueltas alrededor del negocio del azúcar como abejas alrededor de la miel.

A orillas de la represa de Tinajones tienen 1,200 hectáreas dedicadas a la caña y también a la uva para exportación, la empresa agrícola San Juan.

Aquí Olivio está en su garbanzal, y demostró ante las cámaras de CARETAS que no sólo es un maverick financiero.

“El norte va a ser la locomotora que lleve al país adelante. Las actividades extractivas no renovables como la minería son importantes, pero la que dará solución a los problemas sociales es la agroindustria”, asegura.

Claro que no es tarea fácil. Hace cuatro años, Huancaruna tiró la toalla en Pomalca y vendió a Edwin Oviedo sus acciones por S/. 6 millones.

El impresionante despegue de Pomalca desde entonces dio una lección al orgulloso grupo empresarial.

Oviedo compró cada acción de Pomalca a S/. 0,08 en la BVL, y ahora se cotizan a S/. 1,00.

Los Oviedo

En septiembre pasado, el grupo Oviedo inauguró un último supermercado Mega en el Cusco, en la Av. La Cultura, a tiro de piedra del campus de la Universidad San Antonio de Abad.

Se trató del séptimo local de la cadena Mega –cinco en el Cusco, dos en Lima– marca bandera del impresionante emporio económico urdido por estos empeñosos hijos de Urcos, en sólo 25 años.

En 1979, todo el patrimonio con el que contaba la familia Oviedo era una tienda de abarrotes en Urcos y un padre muerto de un fulminante infarto, un domingo en la mañana, en el que la tienda bullía de compradores bajados de las comunidades campesinas.

“Las ollas relucientes colgaban del techo; el aguardiente, vendíamos por latas; el alcohol San Aurelio, importado de Bolivia, por pipas; el azúcar, por sacos. Teníamos precios por unidad, trío, media docena, docena y caja”, describe Auria Oviedo, la primogénita.

Ahí en Urcos empezó a gestarse el imperio, y hacia ahí se dirigieron la familia Oviedo en pleno con CARETAS. En el carro iban Auria, Martín, Margarita, Octavio, Edwin y Elvis Oviedo. Fue el retorno a la semilla.

Hoy los Oviedo tienen el control de las azucareras Pomalca y Tumán en Chiclayo, 18 mil hectáreas en plena renovación agroindustrial, una briosa flota de más de medio centenar de camiones Volvo y Kenworth – Operadora Logística Asturias – y un tercio de la torta del comercio mayorista de azúcar del país - Shema (Yavé es tu Dios en hebreo).

Al año ya venden cerca de S/. 300 millones.

Son sujetos de crédito del Eximbank y PNC Bank; tienen parte de la carga de Alicorp y Backus fundamentalmente para el norte del país, de donde retorna la flota cargada de toneladas de azúcar.

Son los nuevos cetrinos rostros de la economía nacional, y encarnación de gestas empresariales que hacen imaginar posible que el país pegue ese salto cualitativo al desarrollo en apenas 20 años.

En Jirón Junín

Esta semana, rubicundos funcionarios de Fitch aterrizaron en el Ministerio de Economía y Finanzas donde les dieron un nuevo vistazo a las cuentas fiscales.

En efecto, el Perú está a un peldaño de obtener el “grado de inversión”, la mejor clasificación riesgo – país posible, que debe incidir a la baja a las tasas de interés o el costo del dinero.

En junio, el MEF colocó US$ 1,500 millones en bonos a 30 años en moneda nacional a apenas 6,9%, menos incluso que México, que ya cuenta con grado de inversión.

La semana pasada, el titular del MEF Luis Carranza hizo público el proceso de reforma del mercado de capitales, en anticipo a una proyectada y masiva inyección de dinero en los próximos meses.

Estando el TLC con EE.UU. en la puerta del horno, la economía peruana luce –a ojos de los inversionistas extranjeros– tan seductora como la Perricholi al Virrey Amat y León. Puede ser. Pero hoy queda clara una verdad incontrastable: ¡Cholo soy, y no me compadezcas! (Marco Zileri)


 


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