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Economía Se confirman pronósticos de recesión norteamericana. Créditos, petróleo y materias primas en salmuera.

Crunch Mundial (VER)

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La semana pasada, CARETAS 2002 alertó sobre una probable recesión debida a la crisis hipotecaria de los Estados Unidos, el subsecuente ajustón en el crédito y la inflación que se viene por los precios del petróleo.

Con cifras similares a las de CARETAS, Goldman Sachs advirtió dos días después sobre una posible “recesión sustancial” y la cosa se puso brava en todas las plazas financieras.

Las pérdidas por US$ 400 billones previstas en las empresas financieras disminuirían la futura disponibilidad de créditos en 7.5%, lo que equivale a US$ 2 trillones, una suma suficiente para desestabilizar los mercados. Para calibrar la cifra, ella es similar al PBI peruano de 20 a 25 años.

En pocas palabras, en el mundo habrá menos crédito y más caro. Por su parte, las autoridades monetarias no podrán rebajar las tasas de interés, porque la inflación les caería encima. Dicha inflación ya comenzó a sentirse, y donde menos podría pensarse: en la industria del petróleo.

Eso se debe a que el aumento de los precios del petróleo ha alentado una atropellada carrera para producción y exploración sin recursos disponibles suficientes en el mercado.

La industria del petróleo salía de una década pobretona y los equipos y cuadros de personal para la exploración, perforación, bombeo, transporte y almacenamiento no se producen por ensalmo.

En consecuencia, la ley de la oferta y la demanda multiplicó los costos de las petroleras. Pero ahora que los prospectos petrolíferos ya no están a la vuelta de la esquina, sino en localidades remotas y de difícil acceso, los gastos logísticos, las exigencias tecnológicas y los requerimientos de capital para la exploración y explotación han crecido exponencialmente. Si a eso se añaden las consideraciones ambientales, que imposibilitan los atropellos ecológicos de antes, reponer las reservas de cada barril gastado es algo cada día más caro y más lento.

TUPI, el reciente gran descubrimiento de Petrobras, está 5,000 metros debajo del fondo marino, pero éste, a su vez, está a 3,000 metros de la superficie del mar. Extraer dicho petróleo de manera rentable, dentro de 5 años, será una proeza tecnológica y financiera. Pero Petrobras viene preparándose para ella durante décadas y tiene acceso a los mercados de capital porque sus cuentas son públicas y sus libros están abiertos al due dilligence.

En cambio, la central petrolera venezolana PDVSA, tecnológicamente, ya no tiene ni un Dios te guarde y su acceso a los mercados de capital es lo más cercano a cero.

Por ello para más de una petrolera los precios a US$ 90 por barril resultan hoy menos rentables que antes a US$ 50. Ese sería el caso de las que no han reinvertido sus utilidades sino las han destinado a otros menesteres, como PDVSA y PEMEX de México.

La producción de ambas compañías viene cayendo a razón de medio millón de barriles diarios, durante el mejor lustro que ha tenido el negocio. Ninguna de las dos informa al público sobre sus operaciones, pero se sabe que les falta capital y tecnología.

La última bravata de Hugo Chávez, pronosticando que “el dólar se hunde, y con él el imperialismo americano” parece confirmar que su petrolera no las tiene todas consigo.

Cuando las petroleras trasladan sus costos a los precios, las primeras víctimas son las materias primas, los metales y las industrias básicas. La caída bursátil mundial esta semana dio el campanazo.

Por eso conviene guardar pan para mayo y tener fuerzas para la carrera que se viene .


 


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