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Internacional Violento rechazo a reformas constitucionales en Venezuela y Bolivia impacta en la cara a Chávez y Evo. Mientras tanto, el bolivariano y el colombiano Uribe se dicen zambos y culebras.

Bumerán Andino (VER)

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Estudiantes universitarios bolivianos en Sucre se volcaron a las calles en protesta por la Constitución aprobada al carpetazo. Al cierre de la presente edición, habían muerto cuatro manifestantes.

El presidente colombiano Álvaro Uribe tiene en su agenda una visita oficial a nuestro país programada para la segunda semana de diciembre. Tema ineludible a tratar con su homólogo Alan García será el caos en el que desembocaron las relaciones bilaterales de Colombia y Venezuela.

En los últimos días el trato entre Uribe y Hugo Chávez devino de una improbable cordialidad a los más gruesos epítetos.

Tres días después de que Uribe cancelara el papel que Chávez ostentaba como mediador entre su gobierno y la guerrilla de las FARC, el venezolano comenzó a insultar al colombiano. El martes 27 llamó a consultas a su embajador en Bogotá, Pavel Rondón, y coronó la retahíla al llamar a Uribe “servil” y “triste peón del imperialismo norteamericano en América Latina”. Uribe había respondido a las primeras provocaciones de Chávez cuando el lunes 26 lo ubicó, ruana al hombro, entre los “legitimadores del terrorismo” en la región.

El peruano García, por su parte, se halló desconcertado cuando las relaciones entre Chávez y Uribe, uno de sus principales aliados, fue estrechada al punto de que Uribe se apuntó a la iniciativa del Banco del Sur patrocinada por el bolivariano tropical.

Muchos dirán que solo era cuestión de tiempo para que las aguas llegaran a estos tórridos cauces. Las posiciones eran muy disímiles. El interés de Chávez en ser un émulo de Fidel Castro lo ha llevado, según información del gobierno colombiano, a tolerar “campamentos santuario” de las FARC en su territorio. La guerrilla de medio siglo tiene interés en ganar espacio territorial que solo pasa por aprobar zonas de despeje como las que implementó fallidamente el gobierno de Andrés Pastrana en San Vicente del Caguán. Y aunque respetaran ideológicamente a Chávez, las FARC no parecían dispuestas a entregarle ni siquiera pruebas de vida de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt. El presidente colombiano se mueve en la doctrina de la “seguridad democrática” que, a lo sumo, contempla negociar con unas FARC debilitadas militarmente.

Uribe canceló la gestión de Chávez al enterarse de que, en compañía de la senadora liberal Piedad Córdoba, llamó a un alto mando militar y lo interrogó sobre el número de soldados secuestrados por la guerrilla. El presidente colombiano consideró el hecho una intromisión en política interna y emitió un comunicado dando a conocer su decisión.

Como pasó luego del encontrón con el exasperado rey Juan Carlos I en la cumbre iberoamericana de Santiago, ahora Chávez intenta capitalizar el incidente. El referendo para aprobar la nueva constitución venezolana será votado el domingo 2 y las últimas encuestas sugieren que será la pelea electoral más dura librada por Chávez desde su llegada al poder. Mientras el comandante tensa las cuerdas al extremo, Uribe ha procurado guardar silencio luego de los primeros sablazos y decidió dejar en Caracas a su pobre embajador, Fernando Marín.

La reforma constitucional de Hugo Chávez es un mamotreto de 49 páginas que según Alcides Aranguren, quien publicó un estudio en el diario opositor Tal Cual, “está hecho con la intención de que nadie lo lea”.

De hecho, al tropezarse con términos como “órbitas geoestacionarias”, “grannacional” (así se escribe) y “geometría del poder”, provoca volver a la tele y entretenerse con el vale todo de insultos presidenciales.

Pero con las tripas hechas paciencia se puede comprobar la real magnitud de la propuesta constitución chavista. El presidente se vuelve un omnímodo capaz de elegir autoridades donde fuera, decretar las divisiones territoriales que le salgan del forro, socavar los poderes locales con la creación de “misiones distritales” y “ciudades comunales”, elegir y remover a su antojo a los vicepresidentes, y controlar todas las funciones, otrora autónomas, del Banco Central de Reserva.

Puede reelegirse indefinidamente y los períodos aumentan a siete años. Puede “regular la transición al modelo de economía socialista” por decreto ley.

La Constitución contempla la adopción de una moneda latinoamericana. Una propuesta irreverente repetida últimamente sugiere que la nueva denominación saldría de las primeras letras de los nombres de pila de Hugo Chávez, Evo Morales y Néstor Kirchner (HU, EVO y NES).

Si bien hasta hace pocas semanas las encuestas le sonreían a Chávez, como acostumbran de unos años a esta parte, los últimos sondeos sugieren que no se la llevaría tan fácil. La firma Hinterlaces arroja un empate técnico entre el “Sí” y el “No”. Según Datanálisis ha operado un golpe de timón entre el electorado. El 48.9% votaría por el “No” y el 39.4% lo haría por el “Sí”. Hasta hace poco las preferencias eran casi invertidas. Hay que advertir que otras compañías como el Instituto Venezolano de Análisis de Datos y VENEOPSA difieren con tendencias muy favorables a Chávez.

La Constitución ha contado además con insólitos opositores, como el ex ministro de Defensa Raúl Isaías Baduel, quien acompañó a Chávez con otros dos oficiales desde el primer lírico juramento bolivariano del Saman de Güere en 1983. Fue al pie del árbol a cuya sombra supuestamente descansó, antes de enfrascarse en la Batalla de Carabobo, el libertador convertido hoy en fetiche.

Cuales fueran los resultados del domingo 2, el lenguaraz mandatario petrolero ha dado un nuevo paso en la peor dirección. El cierre de la televisora de oposición RCTV despertó la reacción de los estudiantes universitarios el pasado mayo. Las movilizaciones le devolvieron al país la flexión de músculos de la que carecía la esclerótica y dividida oposición venezolana. Ahora Chávez vuelve a equivocarse con el principio fundamental de las reglas de juego en democracia.

“No quiero tener el mismo presidente toda la vida”, le declaró una mujer humilde a un periódico.

Pretender imponer una constitución totalitaria y polarizar al país en torno a ésta equivale a un pésimo cálculo sobre los verdaderos límites de su mandato. Desgraciadamente, aprobar otra carta magna en un cuartel, al carpetazo y sin que ni siquiera la opinión pública conozca los artículos que la componen, es aún peor. Más todavía si el caballazo embiste en un país siempre amenazado por el fantasma de la secesión.

Lo de Bolivia, evalúan en Torre Tagle, es distinto que la situación venezolana. Allí se juega la supervivencia del Estado tal y como es configurada hoy. Lo confirman cuatro muertos durante las protestas que no terminan y el paro en seis de nueve departamentos. Pero también tiene similitudes por la naturaleza de la Constitución aprobada por el Movimiento Al Socialismo (MAS), del presidente Evo Morales y sus aliados. La reelección presidencial indefinida encabeza la lista.

El martes 26 el Congreso nacional aprobó la modificación de la ley para convocar la Asamblea Constituyente, que funciona en la convulsionada capital de Sucre. Ahora la asamblea puede sesionar en cualquier parte del territorio nacional. Los disturbios escalaron luego de que la Constitución se aprobara “en grande” (es decir, sin entrar todavía al análisis de artículo por artículo) dentro del Liceo Militar de La Glorieta. Votaron a favor 136 de los 138 presentes. No se contó con la presencia de un solo parlamentario de los 117 integrantes de la bancada opositora.

El grupo de “ponchos rojos” aymaras adeptos al presidente Evo Morales colgaron perros vivos y los dejaron morir para demostrar que la cosa iba en serio. Las manifestaciones multitudinarias apoyaban las posiciones del oficialismo y de la oposición. La última argumenta que muchos de los acuerdos alcanzados en la Asamblea no fueron incluidos en el votado texto constitucional, basado en la propuesta del MAS.

El prefecto de Cochabamba, Manfred Reyes, consideró que “han aprobado en un cuartel un texto que no se conoce y que me lo imagino traído de Venezuela o Cuba. El gobierno se ha decidido por la confrontación. Aquí hay venezolanos que nos andan siguiendo inclusive a nosotros, como una amenaza hacia autoridades”.

Luego de que la Constitución pase por todas las rondas de aprobación en la Asamblea, será sometida a referendo como en Venezuela.

¿Qué puede ocurrir con la región tan alejada de un rumbo común? En los pasillos de la diplomacia peruana no se contagia el optimismo con la posibilidad de que Ignacio “Lula” da Silva emerja con el liderazgo regional que le correspondería a Brasil. El ex sindicalista ya demostró que su talante no trasciende las significativas fronteras del país. Además, como advierte un alto funcionario, “Brasil tiene dos cancillerías. (El ministro) Celso Amorim juega en las grandes ligas pero el asesor de Lula para América Latina es Marco Aurelio García, quien dirige la política en la región”. Los críticos de García lo consideran un comunista de viejo cuño que admira a Chávez. En abril último declaró que “pierden el tiempo” quienes esperan ver peleados al brasileño y el venezolano.

¿Y Alan García? El artífice de la doctrina del perro del hortelano dice encontrarse muy lejos de los afanes protagónicos regionales que caracterizaron su primer mandato. Perú, además, no es Brasil. Un importante colaborador suyo añade que los últimos incidentes terminan de imposibilitar los esfuerzos integradores para los años inmediatos. A raíz de la desbocada pelea con Uribe, Chávez descartó su regreso a la Comunidad Andina. El lunes 26, AGP cuestionó la utilidad de la CAN y el Mercosur. Tras el fiasco de Santiago, el próximo encuentro regional en Cartagena, programado para enero, y el conclave del Mercosur se encuentran en serio entredicho.

No es casual que Alan García priorice su poco nutrida agenda internacional alejado de la región. En la segunda quincena de diciembre visitará España, país con el que Chávez también “congeló” sus relaciones. Antes de navidad celebrará la ratificación del TLC con Estados Unidos y en marzo hará un periplo por China y Japón (ver Mar de Fondo).

La plataforma de negocios del presidente peruano sí contemplaba nuevas y millonarias inversiones venezolanas. Pero la delicada situación en la que se ha visto envuelto el colombiano Uribe, embrollado para no desembarcarse de un intercambio comercial de casi US$ 6,000 millones con el régimen de Chávez, vuelve sobre la pertinencia de seleccionar los socios adecuados. Hay vecinos a los que no se les puede pedir ni una tacita de petróleo. (E.CH.)


 


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