Música Joven director de orquesta triunfa en Europa y EE.UU. demostrando las bondades del sistema venezolano de fomento de música clásica.
El Laurel de Dudamel
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Dudamel al frente de la Orquesta Simón Bolívar, con los estudiantes del Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela. |
El pasado 29, en el Lincoln Center, el director venezolano Gustavo Dudamel tuvo un debut de bandera con la Orquesta Filarmónica de Nueva York. Dicha presentación, y dos previas, en Carnegie Hall, con la Orquesta Juvenil Simón Bolívar, fueron los eventos culturales del mes en la ciudad y los medios les dedicaron tinta a raudales. Según Justin Davidson, del New York Magazine, “habría que retroceder casi un siglo, hasta Toscanini, para encontrar un debut que haya sido saludado con tanta exaltación”.
El pasado 23, el director peruano Miguel Harth-Bedoya condujo la Orquesta de Filadelfia, y este 6 lo hará con la Sinfónica de Boston, con el cellista Yo Yo Ma y música de Osvaldo Golijov (La Plata, 1960), el compositor clásico con fanaticada propia. Ambas orquestas son “Top Five”, como la de Nueva York, pero en Lima no se publicó una línea al respecto.
Destaca una razón para esa diferencia de coberturas. Harth-Bedoya, como casi siempre en la música, es producto del esfuerzo personal y familiar. Dudamel es el producto de un sistema; o más precisamente, de “El Sistema”.
Así se conoce al Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, iniciado en 1975 por José Antonio Abreu, que ha beneficiado a 2 millones de ciudadanos, enrola a 250 mil niños y jóvenes, y ve crecer sus matrículas en 13% anual, como promedio, y 20% en los barrios más pobres. Su éxito ha sido tal que Los Angeles ha lanzado una iniciativa similar, la “Youth Orchestras L.A.”, y Berlín la Zukunft@BPhil. Nueva York no quiere quedarse atrás.
En el Perú el tema no se cotiza. Hace un año, CARETAS 1957 documentó los logros de “El Sistema”, pero la promoción de la música sigue siendo poca. Para muchos, la música clásica es elitista, aburrida, costosa o todo eso a la vez. Pero la cosa puede cambiar ahora que apareció en escena el BID para ampliar “El Sistema” a 500 mil estudiantes, con un préstamo de US$ 150 millones para el que sus análisis determinaron una rentabilidad de 68%.
Para dicho crédito, que duplica todo lo recibido por el Perú para ciencia y tecnología, el BID encontró resultados concretos. “El Sistema” opera en todas las provincias, con 126 núcleos de enseñanza, donde, en promedio, chicas y chicos reciben 17 horas de clase semanales, 40 semanas al año, y realizan 26 presentaciones anuales. “El Sistema” comprende 130 orquestas sinfónicas juveniles, 70 infantiles y 106 grupos de cámara.
Más del 80% de sus estudiantes son pobres, y el 70% es de los sectores D y E; el estudio de la música ha elevado sustancialmente los rendimientos escolares; el 90% ha mejorado en puntualidad, disciplina y capacidad de concentración; ha disminuido la deserción escolar y la delincuencia juvenil; se ha ampliado el horizonte laboral de los jóvenes, y su formación, orientada al trabajo concertado y en equipo, es muy valorada en el mercado de trabajo.
La Orquesta Simón Bolívar reúne a los 200 mejores estudiantes, con edades entre 12 y 25 años, y en Carnegie Hall se jugó el todo por el todo. Presentó un programa de proporciones masivas y exigencias elevadísimas, como para que, en la capital de las grandes ligas mundiales, no quede duda de que pertenece a ellas. La primera parte, dirigida por Dudamel, fue el complejísimo “Concierto Para Orquesta” (1944) de Bela Bartok, que tiene solos para prácticamente todos los instrumentos, por lo que basta el defecto de uno para que se caiga el conjunto. La segunda, conducida por Sir Simon Rattle, titular de la Filarmónica de Berlín, fue la “Décima Sinfonía, en Mi Menor” (1953), de Dimitri Shostakovich, conocida por sus singulares demandas sobre los bronces, instrumentos para los cuales la cosecha de talentos nunca es abundante.
La orquesta aprobó el examen con honores, y después del programa hubo diversión en grande. En el “encore”, las chicas y chicos regalaron el Mambo de West Side Story, de Leonard Bernstein, y trajeron las galerías abajo cuando, primero sección por sección, y al final todos, bailaron y cantaron con sus instrumentos. Demostraron ser unos campeones, y que Dudamel es su gran capitán.
Dudamel tiene 26 años, la mitad de Rattle y de los que tenía Toscanini cuando llegó a Nueva York. Eso añade sabor a la escena, pero no es todo. Harth-Bedoya no llega a los 40 y debutó con la Filarmónica de Nueva York cuando apenas mordía los treinta. Lo que sucede con Dudamel es que, además de todo, es el éxito viviente de “El Sistema”.
Buena parte de ese éxito se debe a que “El Sistema” lo conduce, como entidad privada, una fundación estatal, la FESNOJIV, creada en 1979, que recibe del gobierno US$ 30 millones anuales. Ella pertenece al Ministerio de la Familia, y no a otros, precisamente para estar desligada de los vaivenes políticos. “El Sistema” tiene vida propia.
Después de la Simón Bolívar, Rattle condujo a la Filarmónica de Berlín, en el mismo Carnegie Hall. De allí, lo hizo en Boston y, el 29, recibió en Filadelfia la posta dejada por Harth-Bedoya. Este, por su parte, enrumbó hacia Boston para hacer el relevo con Rattle. Es un hecho, por lo tanto, que hay un músico peruano de clase mundial. Pero podría haber más, porque, como lo demuestra el BID, invertir en la educación musical rinde mucho. (Enrique Felices*)
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* Directivo de la Asociación Musical Romanza