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CADE 2007 De la impronta de Chlimper a la autoestima empresarial y los reclamos de mejora salarial.

CADE de Autoayuda

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Auditorio de la Universidad Privada Antenor Orrego albergó en Trujillo a unos 800 asistentes a la CADE 2007.

“Espera”, interrumpió el empresario José Chlimper a su interlocutor durante la pausa de café. “Me falta dar una disculpa”. Entonces, el exitoso esparraguero se acercó a otro grupo cercano con una ancha sonrisa.

Igual de atildado estuvo frente a los periodistas que lo abordaron y durante la moderación del panel con los presidentes regionales.

No era para menos. Su amenaza de recuperar el Callao a punta de balazos la formuló en la peor mañana posible. Mientras el primer puerto del país seguía paralizado por la huelga de estibadores, en la trujillana Universidad Pública Antenor Orrego era inaugurada la Conferencia Anual de Empresarios (CADE). Al reto de la inclusión lanzado en la CADE 2006 se sumaba el subtítulo para el 2007:

“Todo lo que nos falta para ser un país justo y próspero”.

El exabrupto de Chlimper resonó como el coletazo de un elefante que se pasea en los pasillos de una cristalería.

QUIZÁS EL DEBATE más actual de la CADE fue el que no se dio. O el que se voceó apenas a medias.

Fue patente el riesgo de embarcarse en una cultura de glorificación y autoayuda donde la imagen del talentoso chef Gastón Acurio salga impresa en estampitas. Una empanada de ají de gallina puede saber estupendamente pero la mentalidad de la franquicia se queda corta frente a las complejidades de una coyuntura como la del TLC. La autoestima empresarial pareció primar sobre la urgente agenda interna.

La pica en Flandes la puso el presidente Alan García con la variable salarial.

El Presidente instó a los empresarios a invertir. Pero esa noticia, como decía Héctor Lavoe, es del periódico de ayer.

García evidenció su molestia con las críticas a la supuesta “derechización” reflejada en los principios de sus dos artículos sobre “el perro del hortelano” (“este gobierno ha apostado, sin caer en el economicismo ni el derechismo, por la inversión”, “debemos dejar atrás sacralizaciones conceptuales que han hecho mucho daño y frente a las cuales, ni derechas, ni izquierdas, se han enfrentado”).

Y quizás por eso decidió ejercer contrapeso con la siniestra, aunque disimulada por el rosario entre los dedos. “Lo justo hay que plantearlo de manera cristiana y por convicción. No por miedo. La gente que recibe algo por miedo se da cuenta”.

AGP se refería al suspiro de alivio colectivo escuchado en la CADE del año pasado. Ollanta Humala estuvo cerca de llevarse la Presidencia de la República y, luego del desinfle de Lourdes Flores, García se convirtió en el aliado inesperado del empresariado.

La preocupación por un escenario similar en las próximas elecciones volvió a respirarse en el ambiente. Fue repartido un documento de análisis sobre las posibilidades del 2011 y el expositor Javier Abugattás advirtió que en sus frecuentes viajes al interior observa “la acumulación de tensión” social. Para resumir la paradoja, el ex director del Consorcio de Investigaciones Económicas y Sociales (CIES), Carlos Eduardo Aramburú, consideró que “a veces en un país como el Perú es bueno seguir asustados”.

García recordó que “el 10% de nosotros tenemos el 50% de la riqueza. (Si esa minoría) se desprende del 5% se llega a duplicar el ingreso del 20% más pobre”.

Luego aludió al menguante número de sindicalizados en el país. De hecho, la pobre asistencia al evento “antiCADE” organizado en paralelo el sábado 1 reforzó la idea. Subraya el desfase del sector que el radical Robert Huaynalaya, a quienes muchos acusan de filosenderista, fuera expositor estelar y compartiera la mesa con actores supuestamente sensatos como Rolando Breña.

El mandatario reconoció que “para quien quiera no mejorar el salario mínimo vivimos en el mejor de los mundos”, pero instó a “no aprovechar esa circunstancia. No esperemos que el próximo año comience la cantilena. Mejore algo (la situación de) sus trabajadores”.

García no estuvo solo. A primera vista, lo más refulgente de la exposición del economista catalán Xavier Sala i Martín fue su blazer azul. Pero también destacó que “solo recientemente el Perú ha recuperado sus niveles de renta de la década del setenta”. Y mientras entonces se trataba del país “promedio” en el mundo, añadió Sala, el PBI mundial fue duplicado durante esas tres décadas.

En 1975 los salarios representaban casi el 40% del PBI. Humberto Campodónico de La República apuntó hace algunos días que del 2003 al 2006 esa participación se redujo del 25% al 21.8%, muy lejos de otros países de la región. El descenso se produce a pesar de que en esos años el PBI sufrió un incremento del 32%.

Hasta el ministro de Economía, Luis Carranza, admite desde hace varios meses que los sueldos son muy bajos. Abordado por CARETAS en los recovecos de Chan Chan, el presidente del CADE, Diego de la Torre, también reconoció el pendiente y consideró que si el gobierno tiene gestos como el de la austeridad, los empresarios deberían responder “con un acto de generosidad”.

Sala i Martín advirtió sobre la poca utilidad de la inversión estatal en educación si ello no recibe su contraparte. “Cuidado con gastar en escuelas si no solucionamos lo que pasa después de las escuelas”, dijo.

Mariano Paz Soldán de la AFP Profuturo fue mucho menos entusiasta durante su ponencia. “No es un rol del Estado”, respondió a la solicitud de García, “pedirles a los empresarios un aumento de sueldos por un tema social. Es un tema de oferta y demanda”.

Con la transparencia reservada solo para los elegidos, Paz Soldán reconoció que recién la medianoche anterior había comenzado a leer sobre temas de pobreza (“¿a cuántos de ustedes les interesa?”, interrogó al auditorio).

EL ESFUERZO ANUAL de la CADE es encomiable y un evento que ingresa a su quinta década es un ejemplo de institucionalidad en un país como el Perú.

Los defectos del Estado son conocidos y fueron recitados frecuentemente durante la conferencia: las deficiencias del sistema educativo, el déficit de infraestructura, las trabas para reducir la informalidad y la gestión de los programas sociales, entre otros males.

En cambio, y a pesar de las conclusiones leídas por Claudio Herzka de IPAE (la empresa es responsable de su entorno, es necesario generar oportunidades para los poco beneficiados, resulta prioritario generar inclusión), los defectos del empresariado carecieron de discusión práctica.

El feliz imaginario parecía limitar con las puertas de la UPAO. Fue muy comentado el asalto sufrido por los periodistas Aldo Mariátegui y Rafael Hidalgo. Seis asistentes más, según las versiones recogidas, también fueron atracados. Todo en una ciudad que, según las cifras enunciadas por el premier Jorge del Castillo en su exposición, ha visto crecer su empleo formal en 21.6% durante el último año. La “tensión social” aludida por Abugattás es palpable en urbes que crecen al ritmo de locomotoras. Los desafíos sociales de un Estado caracterizado por su ineficiencia son babilónicos. Pero los del empresariado también se espesan como la sopa shambar de los jueves. (Enrique Chávez)


 


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