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Alcalde rimense y su cuadrillan declaran desierto el Escapulario. Ignoraron el faenón de Ponce.

Entre la Ceguera y la Estupidez

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Ponce remeció Acho el día 25. Un crítico llegó a pedir el rabo.

Increíble. El faenón de Ponce del día 25 (2 orejas y salida a hombros de la plaza en olor de multitudes y satisfacción total de espectadores y aficionados) ahora resulta que no existió. Una faena en grado sumo con lidia total y maestría, belleza y técnica a raudales no ha merecido el Escapulario que otorga la Municipalidad del Rímac. Cero. Nada. Ningún reconocimiento, ya que dejar desierto el Escapulario en este caso concreto, es un insulto grave a todos aquellos que supieron valorar en su integridad lo que sucedió en el ruedo. ¿Cuántos Escapularios en el pasado se han otorgado a faenas de mucho menor enjundia estética y calidad? Casi todos, por no decir todos. De esto estoy totalmente seguro.

¿Por qué esta “boutade”, esta mezquindad sin nombre, esta salida de tono, este querer “significarse”, este ir contra la corriente, este rizar el rizo de lo imposible? ¿Es que no existe el clamor popular? ¿Es que hemos de meter en la fiesta la tristeza del sinsabor, de la alegría perdida, de la frustración gracias a unos culteranitos de chicha y nabo que corroen, como ratones esquizoides, la bandera enhiesta, allá en lo alto, de la felicidad de los que disfrutamos el arte taurino? ¿Cero? ¿Nada? ¿Nada de nada? ¿Hay quién lo entienda? ¿Es esto hacer afición?


 


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