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Seguridad Los generales Hermoza Ríos, Robles y Chirinos fueron el epicentro del terremoto político-castrense que reveló la existencia del Grupo Colina en 1993.

Los Testigos Claves

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Los generales José Revilla, Nicolás de Bari Hermoza Ríos, Rodolfo Robles y Willy Chirinos poco antes de la ruptura, en mayo de 1993.

En la nómina de los 62 testigos que en las próximos meses desfilarán ante la Corte a pedido del fiscal, los testigos de la parte civil y la propia defensa del ex presidente Alberto Fujimori, figuran dos nombres claves: los generales Rodolfo Robles Espinoza y Willy Chirinos Chirinos. El primero ha sido citado como testigo por el fiscal José Antonio Peláez; el segundo por la defensa del acusado ex presidente Alberto Fujimori (ver lista). Sin duda, el careo entre ambos testimonios será uno de los nervios del proceso.

El general Robles, número 3 del Ejército, denunció en mayo de 1993 la existencia en el Ejército del escuadrón paramilitar Grupo Colina, a quien responsabilizó de las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, en noviembre de 1991 y julio de 1992, respectivamente (CARETAS 1261). Ese mismo día, Robles se había asilado en la embajada de EE.UU. con su esposa, sus dos hijos –también militares– y sus cónyuges.

Tres semanas después, en Buenos Aires, Robles soltaría una segunda bomba: uno de sus informantes en el Ejército había sido el general Willy Chirinos. Robles reveló el nombre de su fuente durante su manifestación, ante el cónsul general del Perú en Argentina, Jorge Castañeda, en respuesta a un cuestionario de 22 preguntas enviadas por el Consejo Supremo de Justicia Militar en relación a su gravísima denuncia sobre los sucesos de La Cantuta y el jirón Huanta.

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Fascsímil con los nombres de los oficiales implicados en el operativo de La Cantuta, presuntamente de puño y letra del general Willy Chirinos, cuya copia certificada fue entregada por el general Rodolfo Robles en Buenos Aires.

Y proporcionó entonces dos documentos sensacionales, presuntamente de puño y letra del general Chirinos, en los que se nombran a algunos de los integrantes del escuadrón de la muerte Colina, entren ellos a los mayores EP Martin Rivas y Carlos Pichilingue (ver facsímil). Robles entregó las copias de esos papeles, que fueron autentificados por el cónsul Castañeda, pero se quedó con los originales, ante el temor de que las pruebas fueran desaparecidas (CARETAS 1263).

Chirinos –quien fue nombrado por Hermoza Ríos jefe de Inteligencia del Ejército (DINTE) tras la intentona constitucionalista del general Jaime Salinas Sedó, en noviembre de 1992–, negó tajantemente ser el confidente de Robles, y, por cierto, rechazó que los documentos fueran de su autoría. Robles exigió que éstos fueran sometidos a un examen grafológico para zanjar la discusión. (Este sigue pendiente).

El general Chirinos apenas duró en la DINTE seis semanas. Según Robles, durante su paso relámpago por la DINTE, Chirinos supo de la existencia del Grupo Colina, y habría recomendado a Hermoza Ríos que desactive el escuadrón de la muerte. ¿Fue ese el motivo de su retiro inmediato de la DINTE?. Pronto lo sabremos.

En 1993, el Ejército estaba fraccionado entre quienes estuvieron de acuerdo y en contra con la ruptura constitucional del 5 de abril de 1992, severa pugna interna exacerbada por la entronización del general Hermoza Ríos en la comandancia general.

Apenas una semana antes de que Robles buscara asilo y soltara la bomba, Hermoza Ríos, como torpe respuesta a las crecientemente incómodas pesquisas de la comisión investigadora presidida por Roger Cáceres Velásquez en el Congreso Constituyente Democrático (CCD), sacó los tanques a la calles.

Ya entonces el propio presidente norteamericano Bill Clinton se pronunció severamente a favor del respeto de los derechos humanos en el Perú. El terremoto político-castrense que produjo la denuncia del general Robles es digno de un thriller de John Le Carré (sintetizado en CARETAS 1961). Aun quince años después, resulta inverosímil imaginar que el ex presidente Alberto Fujimori estuviera al margen del “tancazo” y sus oscuras maquinaciones políticas.


 


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