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Tecnología Prototipo peruano es el anticipo de vehículos a energía renovable. Reducción de impuestos y bono a favor de autos a gas dan la partida.

‘El Peruanito‘

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Ahora sí, el cambio de la matriz energética está con bujías nuevas: El anuncio de las reducciones del Impuesto Selectivo al Consumo y el IGV puede bajar los precios del los vehículos nuevos a gas natural o gas licuado de petróleo entre un 30 al 10 %, según cálculo presidencial. La idea es migrar del diesel al gas, así sea mediante motores gasolineros susceptibles de ser convertidos a gas. Mientras se concreta esa medida, el Perunator (en la foto) defiende la iniciativa nacional mediante una matriz aún menos impoluta: el viento (ver nota).

Petróleo: no solo su precio sigue subiendo y su consumo está destruyendo el medio ambiente sino que, para colmo, no durará para siempre. Sus días están contados. Es la venganza de los combustibles fósiles, es decir, los dinosaurios.

Esta alerta empezó a sonar en los 70s y hoy en día en sociedades tan adictas al muscle car (full cilindraje y chupagasolina) como la norteamericana, los fierros verdes se están poniendo de moda al volante de gente linda como Angelina Jolie, dejando en fuera de juego a las golosas y políticamente incorrectas Hummers.

Las alternativas de energía renovable son varias, y todas están en carrera hacia la perfomance óptima. Descartada la gasolina por cara, finita y contaminante, el diesel será el último de los carburantes tradicionales en sobrevivir. La energía solar, debido a los problemas de producción masiva del silicio (material con el que se hacen los paneles) y los singulares requisitos de exposición que requieren, ha quedado mayormente reducida a carreras experimentales para científicos optimistas. El biodiesel, a partir de aceite vegetales, si bien favorece el reciclaje, aún supone costos de producción muy altos. El motor híbrido, aquel que combina el uso de electricidad con gasolina o biodiesel, está probando las ventajas prácticas de su feliz maridaje tecnológico: una computadora adaptada al vehículo utiliza la fricción de la mecánica gasolinera (durante el encendido o frenado, por ejemplo) para cargar las baterías eléctricas. Pero lo que apunta a convertirse en la solución definitiva del transporte es el motor a hidrógeno. Dos razones más que suficientes: a) el hidrógeno se podría producir en cantidades ilimitadas, b) su combustion –una hidrólisis en reversa– crea una energía limpia que produce como residuo nada menos que agua. Eso, en cifras prometedoras anticipadas por la revista ‘Science’, significa que los autos de hidrógeno ahorrarían al año 283 millones de dólares y evitarían entre 3,700 y 6,400 víctimas anuales por contaminación solo en los EE.UU.

Alemania y Francia son los países líderes en el mundo en el desarrollo de vehículos a hidrógeno. Peugeot convoca cada año a un concurso de diseño involucrando esta energía renovable (los ganadores de este año ilustran estas páginas). Y la BMW ya produce en serie el primer auto comercial a hidrógeno, el Hydrogen 7. Por ahora solo lo tienen 100 afortunados (su altísimo costo lo aleja del mercado), entre los cuales destacan Brad Pitt y señora, el Ministro de Economía y Tecnología de Alemania Michael Glos, Richard Gere y Sharon Stone. Es una manera de ir impulsando el tema a nivel mundial, aunque aún no se resuelven del todo tres puntos claves de esta posibilidad: la extracción, el almacenamiento y distribución de hidrógeno.

Al no existir en estado puro en la naturaleza, el hidrógeno debe ser producido a partir de un insumo inicial de energía. Básicamente, se necesita energía “sucia” para producir energía “limpia¨. Aquí es donde entran a tallar tecnologías amigables al medioambiente para proveer este insumo inicial: energía solar, eólica, o –y esto podría convenirle al Perú con sus caídas naturales de agua– hidroeléctrica. Una pila de hidrógeno, el equivalente al tanque de gasolina, es casi del mismo tamaño de este último pero ahora apenas rinde 100 km. Y la necesidad de conservar el hidrógeno a temperaturas extremamente bajas hace de un grifo de este elemento una sofisticada instalación de ingeniería. Aquí es donde el ingenio peruano entra en acción. Mientras la ciencia resuelve eso –y se calculan por lo menos 20 años más para que los autos de hidrógeno entren cabalente al mercado–, un grupo nacional liderado por Raúl Muñoz hace pruebas con un vehículo ecológico de maniobrabilidad y capacidades inéditas. Se presta a la aventura lúdica y por ello ha sido bautizado con un nombre tan patriota como sugerente: el Perunator. Aprovechando los vientos del desierto –basta que soplen a 12 km/h– el Perunator usa un sistema de propulsión a vela que lo puede hacer alcanzar una velocidad promedio de 40 km/h. Tiene un modo de manejo único en el mundo: en vez de volante usa dos discos de dirección a los lados, uno para cada brazo. Muñoz y su equipo están buscando inversionistas para producir el vehículo en serie, que costaría un aproximado de US$ 2,500. Lo bueno es que el viento sigue siendo gratis. Por ahora.


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