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Música Brujos voladores, último CD de Manuel Miranda, es también una clase de historia del Perú.

El Viaje del Chamán

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La concha marina: tal vez el primer instrumento. Manuel Miranda es capaz de extraerle las siete notas. Más información sobre el músico en www.manuelmiranda.net

SU música no tiene un claro inicio ni final –simplemente aparece y ya no está–, y sus palabras no van de izquierda a derecha. La música se va tejiendo de ambos lados, por capas de instrumentos: primero vientos, luego cuerdas, luego percusiones, luego voces o rugidos de un jaguar que es Manuel Miranda pero también un jaguar. Al final queda un telar que cubre toda la habitación, un manto Paracas producto de un paciente tejido. Como un calvo chamán, Miranda invita a quienes se atrevan a seguirlo a un viaje. Se viaja sentado o echado en el manto, o acaso cubierto por él. Pero sin moverse.

En palabras de Mario Vargas Llosa, Miranda conjuga dos cualidades usualmente reñidas entre sí: la capacidad creadora y el virtuosismo instrumental. Vale decir, la frescura con que conjuga sonidos y silencios, y simultáneamente, la familiaridad con que interacciona con su colección de flautas, quenas y zampoñas, todas ya extensiones de su cuerpo.


 


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