Personajes En el centenario del nacimiento de Georgette de Vallejo, testigos afirman que su última voluntad fue ser enterrada con el poeta en París.
Sobreviviendo a Georgette
 |
Georgette en sus treintas. Su garbo le granjeó admiradores y pretendientes como César Calvo. Aunque enviudó a los 30, jamás volvió a casarse. |
Georgette y sus últimos días eran arrastrados en una silla de madera. Del Hospital Militar a su casa y de su casa al Hospital Militar. Sin silla de ruedas, sin dinero. Cuando se desplomaba, la volvían a sentar; cuando se desmoronaba, recogían sus pedazos. Ella sólo podía insultar y maldecir en francés, y repetir –como una súplica, un conjuro– el nombre de quien la había confinado a ese destino peruano y miserable. Pero él ya no podía responderle: César Vallejo estaba muerto; era ya un cadáver lleno de mundo. Su profecía de chubascos se había cumplido. Le habían firmado una orden de captura. Le habían pegado todos sin que él les hiciera nada. Le habían dado duro con un palo y una soga. Después de tantas palabras no sobrevivió la palabra. Ni dios ni el hijo de dios. Todo ya había sido escrito por él, y –desde aquella tarde parisina de 1938– no quedó más para expresar la vida sino la muerte. Pero hasta ese verso que describe a Georgette era de Vallejo.
Por eso a Georgette Marie Philippart Travers viuda de Vallejo le gustaba la vida mucho menos, y ya ni siquiera le gustaba vivir. La cólera la quebraba en pequeñas niñas. El poeta había cumplido su promesa comunista de no engendrar hijos ni sufrimiento. Ella ya no confiaba en nadie: ni en el ojo ni en el anteojo, porque la vista le fallaba; ni en la escalera ni en el peldaño, porque siempre caía de la silla; ni en las piernas, por su creciente parálisis; y menos en el cadáver o el hombre, pues culpaba al vate de todos sus males. “Yo siempre estoy sola, con Vallejo o sin Vallejo”, le confió alguna vez a Ernesto More, amigo íntimo del poeta. Según Danilo Sánchez León, presidente de la Asociación Cultural Capulí, Vallejo y su tierra, decía que nunca –ni antes ni después de Vallejo– había conocido a un hombre. Georgette estaba sola como sólo puede estar alguien como Georgette.