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Sociedad Tras el sensacionalismo diario, historias de coraje en las castigadas laderas de Villa María del Triunfo.

Villa Amarilla

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El padre italiano Giorgio Parenzan llegó a Villa María del Triunfo hace cuatro años. La labor misionera se complica por la mala reputación del inmenso distrito.

El padre Giorgio Parenzan se detiene en un quiosco de periódicos. “¿Cuál será la mala noticia de hoy?”, se pregunta. El 2008 empezó con un cuerpo en una zanja, un cobrador abollado y un suicidio en la comisaría. Todo en Villa María del Triunfo. “Casi me recuerda a Sicilia”, bromea el sacerdote italiano.

Pero Parenzan regalaría su mejor hábito porque la realidad sea distinta. Villa María del Triunfo, el distrito caserito de la crónica roja popular, es también el escenario de su prodigiosa obra. “No todo es perreo con circulinas”, manifiesta.


 


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