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Internacional Por primera vez en su historia, Estados Unidos podría tener un presidente mormón: Mitt Romney.

A Dios Votando

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Multimillonario, Mitt Romney se ha donado a sí mismo US$ 9 millones para la campaña.

La fe mormona otorga respuestas más allá de lo divino. Permite entender, por ejemplo, por qué el Tahuantinsuyo cayó tan fácilmente ante los españoles, o por qué la arquitectura de Chan Chan es como es, o por qué muchos cajamarquinos tienen una piel particularmente blanca. Son todos cabos sueltos de una misma historia, la que empieza cuando Jesucristo, luego de morir y resucitar en la lejana Palestina, replica su labor predicadora en América.

“Cristo vino a América, organizó su iglesia, enseñó los principios del Evangelio igual que en Jerusalén y el Medio Oriente. No sabemos exactamente cuánto tiempo estuvo, pero evidencias hay: Ahí está Wiracocha, el dios blanco y barbado de los incas. En Colombia se le conocía como Bachué y en Centroamérica como Quetzalcoatl, el dios de los aztecas, blanco y barbado también. Para nosotros es Jesucristo”, explica el elder Alexander Núñez, Primer Consejero de la Presidencia del Área Sur –agrupa a Perú y Bolivia y es presidida por el elder Marcus B. Nash– de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que es el nombre oficial de la institución. Mucho antes que el propio Jesús, llegaron desde aquellos lares varios clanes familiares al continente americano. Rápidamente se formaron dos facciones. Continúa el elder Núñez: “Nuestros indios americanos se llamaban los Lamanitas, y los blancos, que vinieron de Jerusalén, se llamaban Nefitas. Tuvieron tiempos de paz y tiempos de guerra. Los Nefitas trajeron mucha información de Jerusalén y Egipto, y la usaron para construir. Muchos de los restos que hoy tenemos, por ejemplo en Chan Chan, Tiahuanaco, Chavín, Pachacámac, dan testimonio de esa cultura maravillosa que ellos hicieron. Los incas heredaron lo que esta cultura formó y creó. Cuando llegan los incas, esta cultura desaparece”.


 


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