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Derechos Humanos Sórdidos testimonios de miembros del Grupo Colina complican cada vez más defensa de ex presidente Alberto Fujimori.

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¿Memoria Selectiva?
Fúnebre desfile de los agentes Colina dotó al caso Fujimori de más gravedad que nunca.

“Se hace el hueco, se echa la víctima, se echa la cal, encima se le echa determinada cantidad de piedras y luego la tierra”.
Pedro Suppo Sánchez.

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“Cuando ya estábamos en la camioneta (luego de haber ejecutado a los estudiantes y al profesor en el campo de tiro de Huachipa) Jesús Sosa Saavedra dijo: ‘hemos bautizado al teniente (Aquilino Portella) y yo he sido su padrino’. Le habían hecho ejecutar a uno de los estudiantes”.
José Alarcón Gonzales.

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“Ese día fue algo muy traumático para mí, porque yo ya tenía la experiencia, lo que había observado en El Santa, donde los eliminaban. (Luego) otro agente me recordó que lancé la capucha y me puse a llorar, pero la orden se tenía que cumplir”.
José Tena Jacinto.

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Si el juicio contra Alberto Fujimori fuera también un evento político, como sostienen sus más conspicuos partidarios, el ex presidente iría en picada en las encuestas.

El abogado César Nakazaki ha invertido mucho tiempo en detalles que, según su estrategia, podrían definir el curso del proceso a favor de Fujimori. Así, insistió en tratar de establecer que el Grupo Colina era un grupo paramilitar y no era un destacamento vinculado orgánicamente al Ejército, con lo que la responsabilidad del ex presidente sobre sus acciones sería muy difícil de probar.

Pero la hipótesis pareció desmoronarse como un castillo de naipes luego de la presentación de los testigos convocados precisamente por Nakazaki. José Alarcón Gonzales y José Tena Jacinto, agentes de Colina, revelaron sórdidos detalles de los crímenes y vincularon a los más altos mando del Ejército: el general Juan Rivero Lazo, ex jefe de la Dirección de Inteligencia, y al otrora comandante general del Ejército, Nicolás Hermoza Ríos. El tercer testigo, el técnico Manuel Hinojosa Sopla, se acogió al silencio y no declaró.

Luego de que Nakazaki cuestionara minuciosamente a los periodistas Ricardo Uceda y Edmundo Cruz por el uso del término “destacamento”, los propios Colina se han referido así, sin empacho, al grupo. La cantidad de documentos a propósito del destacamento, su base de operación en la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINTE) y hasta la revelación de detalles como el “escudo” que los identificaba reducen la discusión propiciada por el abogado a meras anécdotas procesales.

Nakazaki también buscaba demostrar que las órdenes de los asesinatos provenían exclusivamente del mayor Santiago Martin Rivas, jefe del grupo, y que la misión ‘formal’ del Destacamento era, según consta en el plan operativo Cipango que originó a Colina, identificar y detener presuntos terroristas. Nakasaki desconoce el plan Cipango y sostiene que lo fabricó Marco Flores Albán para acogerse a la colacoración eficaz.

Hasta el momento lo declarado por los agentes de Colina apunta a que la misión real de Colina era asesinar y no detener, y que la creación del grupo obedecía a un plan estratégico aprobado por el propio comandante general Nicolás Hermoza Ríos.

Según la Fiscalía, Hermoza era el nexo entre Fujimori y el escuadrón de la muerte.

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‘Kerosene’ Condecorado. De acuerdo al oficio N° 096 CA-CGE/A.4/02.10, de fecha 22 de Julio de 1994, el Comandante General del Ejército, Nicolás Hermoza Ríos, ordenó que se condecore a los miembros del Destacamento Colina, Jesús Sosa Saavedra, ‘Kerosene’, Nelson Carbajal y Pedro Suppo con el cintillo Pacificación Nacional. Los dos primeros recibieron esta distinción en los grados al mérito y distinguido respectivamente. Esto ocurrió dos meses después de haber sido sentenciados por el Fuero Militar por los delitos de secuestro, desaparición y ejecución de nueve estudiantes y un profesor de la Universidad La Cantuta.

El fúnebre desfile de los agentes de Colina dotó al caso de más gravedad que nunca. A pesar de todo lo revelado por la prensa desde la misma realización de los crímenes, las intervenciones de los testigos solicitados por la defensa del ex presidente parecen volcarse contra él. Poco le ayuda, además, que la Dirección General de Operaciones Especiales de la Policía se haya convertido en una suerte de salón de clases donde se discuten macabras autopsias. Los detalles subrayados por Nakazaki fueron rebatidos por boca de los propios protagonistas y al final es muy difícil imaginar un Fujimori que no estuviera al tanto de las fechorías de Colina.

EL TESTIMONIO DE PEDRO SUPPO Sánchez, testigo del Ministerio Público que fue coordinador entre los tres subgrupos de Colina, reveló el horror detrás del accionar de Colina.

Suppo narró que en la quincena de octubre de 1991 los agentes se desplazaron a las instalaciones de la playa La Tiza para montar la masacre de Barrios Altos. “Ensayábamos en seco, o sea sin armamento. Había agentes que hacían de damas, otros que estaban mareados. Era un simulacro. Entraba uno por uno, ‘todos al suelo’, y Abadía decía: este, este, este”. Según relató, se realizaron ocho simulacros. El último a las cuatro de la tarde del 3 de noviembre, día del operativo.

Los agentes esperaban la orden para ingresar en dos camionetas a unas cuadras de jirón Huanta. “Martin Rivas recibe una llamada a su celular, levanta la mirada y nos dice: ‘luz verde’, que significa que había una orden para ingresar al objetivo”.

El resultado: quince personas asesinadas, entre ellas un niño de ocho años.

“Luego”, continuó, “al conocer la muerte del niño en ese operativo, cuando todos los agentes estaban en la playa La Tiza, los más jóvenes le dijeron a Martin que querían salirse del destacamento. Pero este les dijo que de allí sólo se salía muerto”.

Colina, según Suppo le dijo al Fiscal Avelino Guillén, “era un destacamento para vigilar y capturar delincuentes terroristas, pero después de Barrios Altos quedó claro que era para eliminar personas”.

Todos en la Sala enmudecieron cuando Suppo describió sus implementos de trabajo: “Pico, pala y cal”.

EN 1992 EL AGENTE José Alarcón Gonzales venía trabajando desde un año atrás como jefe del equipo de seguridad del Comandante General del Ejército, Nicolás Hermoza Ríos.

El 28 de enero de ese año el mayor Santiago Martin Rivas lo invitó a participar en una operación especial. Se trataba, según le dijo, de la captura de senderistas en Paramonga, Pativilca. La realidad fue otra. “Se les capturó y posteriormente fueron conducidos a un cañaveral y no volvieron (...) en ese entonces no me dijeron lo que había pasado, posteriormente se supo que se había eliminado a estos elementos”.

Entre febrero y mayo Martin Rivas lo contactó de nuevo para tres incursiones más en Pamplona Alta, la Carretera Central y El Santa, Chimbote. En todas se ejecutó a los detenidos. Cuando ocurrieron, Alarcón todavía era jefe de seguridad de Hermoza. Al menos durante el día, porque de noche se unía al equipo de Santiago Martin Rivas y brindaba seguridad al grupo mientras que ejecutaban a los capturados. El 11 de mayo, diez días después del último operativo, ingresó formalmente al Destacamento Colina.

En otro momento de la audiencia, cuando el presidente de la Sala César San Martín le preguntó para qué habían llevado palas al operativo de La Cantuta, contestó: “en ese entonces ya se habían hecho varios operativos y las palas eran para desaparecer los rastros de las personas”.

El Fiscal Guillén le interrogó sobre quiénes aprobaban los planes operativos. “Estas operaciones especiales de inteligencia”, contestó, “por lo delicado que es debe ser aprobado por la máxima instancia del Ejército que en ese entonces era el Comandante General (...) nadie puede movilizar armamento y personal sin su conocimiento”.

El agente Tena Jacinto, testigo también de Fujimori, echó más luces sobre la vinculación del alto mando del Ejército con el funcionamiento de Colina. Él estuvo infiltrado en la universidad La Cantuta desde 1986 y el 18 de julio de 1992 ayudó a identificar a los estudiantes que finalmente fueron ejecutados.

“La DINTE es los ojos y oídos del Comandante General”, concluyó Tena. “De ahí depende toda la información de nivel estrictamente secreto”.

Tena vincula también a la DINTE cuando es interrogado sobre la lista de estudiantes con la que Martin Rivas se guió el día del operativo de La Cantuta. “La relación de estudiantes que tenía Martin no era puño y letra mía, era un documento que había salido de la DINTE. Ahí es donde dan toda la información”.

Atormentado por la sangre que manchaba sus manos, Tena se convirtió a la religión.

AL CIERRE DE ESTA EDICIÓN declaraba el testigo de la fiscalía Julio Chuqui Aguirre.

Fue jefe del subgrupo operativo N°3 y declaró a CARETAS 1840: “rompí con Colina porque fui utilizado. Luego de la amnistía todavía estaba en actividad y tenía que aceptar lo que me ordenaban. Por eso me pidieron que pusiera el pecho por los generales, por Montesinos y Fujimori, si no me pasaba lo mismo. Es necesario que el pueblo sepa que ladrones como Hermoza Ríos y Montesinos nos presentaron como su brazo armado. Nos usaron”.

Chuqui, cuyo seudónimo dentro del Destacamento era ‘Concha’, aseguró en su declaración instructiva del 2001 haber visto a Vladimiro Montesinos inspeccionando el galpón de mantenimiento del SIN asignado a Colina.

Aquel año declaró también que una vez Martin Rivas le informó que las órdenes de los operativos Barrios Altos y La Cantuta “venían de arriba”. También aseguró haber escuchado al agente Sosa decir que Fujimori conocía de la existencia de Colina.

Finalmente, es él quien contó a la justicia que el agente Wilmer Yarlequé Ordinola ejecutó al niño Javier Ríos Rojas (8) en Barrios Altos. Al día siguiente, en la playa La Tiza, Chuqui le reclamó a Yarlequé en medio de una acalorada discusión. Durante su testimonial del miércoles 30, Chuqui remarcó que Martin Rivas le retiró la confianza luego de ese episodio.

Con los siguientes testigos del Destacamento Colina, Nakazaki buscaría trasladarle por completo la responsabilidad de los crímenes a Santiago Martin Rivas. Hasta ahora dicho personaje ha guardado un silencio tan sepulcral como las terribles historias narradas los últimos días en la Sala.

Para probar que Fujimori no estaba al tanto de los terribles hechos Nakazaki requiere de testimonios coherentes del general Juan Rivero Lazo y Nicolás Hermoza Ríos. Pero ambos militares declararon anteriormente en el sentido de comprometer en los hechos todavía más a Fujimori (CARETAS 2005).

Rivero sostuvo ante la justicia que Vladimiro Montesinos pudo haber manejado el operativo de Barrios Altos. Más contundente, Hermoza dijo que un grupo de dicha magnitud no podía actuar sin el conocimiento del presidente.

Uno de los motivos de debate en los círculos fujimoristas consiste en la defensa que Nakazaki también ejerce del general Hermoza. Hasta ahora quien fuera conocido como el general victorioso queda muy mal parado en la secuencia de testimonios. No parece lógico que el abogado continúe representando a ambos si es que una posible ratificación del testimonio inicial de Hermoza termina de hundir al ex mandatario.

LUEGO DE AGOTAR el debate sobre la naturaleza del destacamento, Nakazaki parece concentrar su artillería en la teoría del mando y comando. En la audiencia del 26 de diciembre, el vocal San Martín le pidió a Fujimori que elaborara sobre la materia. “Me gusta esa diferencia que hace de mando y comando”, dijo, a lo que Fujimori respondió que “el comando es aquella jefatura que tiene gente organizada y tiene comando de esa tropa, les da órdenes. El jefe supremo no tiene el comando de esa tropa, opera sí el mando a través de las directivas”.

Cada vez se conocen más detalles (ver recuadro) sobre el encubrimiento con el que Fujimori protegía a los miembros del Grupo Colina. Ello estrecha el cerco de la teoría del dominio de hecho, o autoría mediata, sobre la que se basó la Corte Suprema de Chile para proceder a su extradición. Según la estrategia legal del ex presidente, para que esa teoría se aplique deberá probarse que Fujimori actuó de forma dolosa, que conoció las circunstancias de los hechos punibles y que tuvo poder de decisión sobre la realización de esos hechos.

¿Qué podría alterar el curso del juicio? ¿Acaso la “inmolación” de Hermoza y Martin Rivas serían las únicas cartas pendientes en la manga del atribulado Nakazaki? (Patricia Caycho)

‘No Hay Escudo Posible’

Juicio a Fujimori confronta impunidad a crímenes de lesa humanidad durante su régimen con el derecho internacional, según Elizabeth Salmón de la PUCP.

Salmón es decana de maestría de DDHH.

Elizabeth Salmón es catedrática de Derecho Internacional Público de la Universidad Católica del Perú y directora de la maestría de Derechos Humanos de esta casa de estudios. El proceso penal por crímenes de lesa humanidad al ex presidente Alberto Fujimori lo sigue con singular atención.

–¿Qué se puede aprender del proceso a Fujimori?
–El valor de los derechos es tan alto que no hay escudo posible. La tendencia histórica desde Nuremberg demuestra que la tendencia a la impunidad está decreciendo. Hay un principio clave que se aplicó en los juicios de Nuremberg: la responsabilidad no puede ser menor ahí donde el poder es mayor.

–Fujimori pretende apelar al olvido. ¿Considera que las las pruebas y testimonios presentados a la fecha en el juicio lo condenan?
–Cuando se han cometido crímenes con ocasión del poder, el juicio inmediato es muy difícil. Hay un hecho jurídico que es fundamental: la imprescribilidad de las violaciones a los derechos humanos. Juzgar estos hechos en un contexto inmediato es difícil, porque no son crímenes comunes. Pero el tiempo en este caso no ha jugado a favor de Fujimori, sino en contra.

–Alguien como Fujimori, en la cúspide del poder, ¿va a dejar pruebas directas de su responsabilidad?
–Normalmente va a intentar no dejarlas. La cabeza intenta resguardarse en sus subordinados. Pero en el marco del Derecho Internacional se plantea que el superior es responsable por todo lo que hizo y no hizo durante el ejercicio de su poder, es decir, lo que no impidió y que estaba en sus manos impedir.

–¿Cómo califica el Perú en materia de Derechos Humanos?
–Tras la caída del gobierno de Fujimori, ha habido una voluntad grande de ponernos al día en materia de Derechos Humanos. Hay una predisposición a adaptarse a los nuevos estándares. Hoy en día resulta difícil imaginar que sucedan impunemente casos como La Cantuta o Barrios Altos.


 


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