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Personajes El otro Vega Llona, de profesión oceanógrafo, retorna al litoral peruano.

Vega Llona y el Mar

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“Es obvio que los espigones de la Costa Verde carecen de estudios especializados. Es posible que playas desaparezcan en 5 años”.

El apellido Vega Llona se deja notar en el clásico copete de su peinado y en sus canas resplandecientes. Pero los distingue su manera de vestir: Luis, el oceanógrafo de 61 años, radica en Hawaii desde hace 2 décadas y siempre anda con una camisa playera; en cambio Ricardo, presidente de la Comisión Organizadora de la V Cumbre América Latina, el Caribe y la Unión Europea, se calza en impecable terno para aconsejar al presidente Alan García.

Luis Vega Llona está en Lima disfrutando del regocijo solar. Fue catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, allá en los 70’s, pero el gobierno de Velasco superó su tolerancia. Entonces Vega Llona decidió enrumbar hacia el norte para profundizar sus conocimientos. Allá, en los EE.UU., en la isla de Hawaii, desarrolló una planta experimental de energía térmica, a orillas de los océanos tropicales, a fin de producir electricidad y agua potable. La misma planea la producción de hidrógeno como sustituto del petróleo, pues se estima que el oro negro dejará de existir en aproximadamente 50 años.

Vega Llona, suerte de Jacques Cousteau local, también ha realizado trabajos de electrificación rural con energía renovable en las Islas Fiji, proyecto donde los molinos de viento y los paneles solares son indispensables. De vuelta a Perú, la Costa Verde sólo le da pena. Ladeando su pelo cano, el especialista sentencia: “La distancia prudente para construir en estos espacios es a unos 200 metros de la marea alta. Lo que han hecho aquí es una barbaridad”.


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