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Internacional El virtual candidato republicano puede dar sorpresas. Muchos demócratas confían en él, incluso al desmentir un supuesto affaire con una ‘lobbista’.

La Tentación McCain (VER)

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John McCain llega a la convención del Partido Republicano sin competidores. El régimen de Bush ha sido un desastre pero McCain rompe el molde. De su cautiverio salió lisiado. No puede, por ejemplo, peinarse.

Desde Nueva York– Una escena sui géneris entre las muchas de esta temporada electoral en Estados Unidos: Barack Obama se dirige a una reunión de activistas demócratas en Richmond, Virginia. Cuando menciona a John McCain, su adversario republicano más probable, lo describe como “un héroe de guerra” y dice que lo “admira.” Acto seguido: aplausos entre la multitud demócrata, aplausos sinceros.

La escena se repite días después durante un discurso de Obama frente a más de 15,000 estudiantes y otros partidarios en Madison, Wisconsin.

Aplausos de los demócratas para el candidato que casi seguramente recibirá la nominación republicana. Insólito. En décadas de observación política en mi país, no he visto algo similar.

Otra escena en los mismos días: John McCain se presenta frente a la Conferencia Conservadora de Acción Política, quizás la organización mas importante del ala derechista del Partido Republicano. McCain empieza una frase sobre su política de inmigración. La muchedumbre de activistas conservadores no lo deja terminar. Sus palabras son sofocadas por pifias y chiflidos. Queda durante más de 20 segundos con una sonrisa congelada en su cara antes de seguir con su discurso y el duro desafío de convencer a los ultraconservadores que su candidatura es inevitable.

El republicano McCain es, pues, el candidato amigo para muchos demócratas. Es la persona que, según versiones informadas, recibió la oferta de ser el candidato para la vicepresidencia al lado del demócrata John Kerry en las elecciones perdidas de 2004. Es el mismo que hace un par de años, durante un viaje internacional, opinó en una entrevista que Hillary Clinton tenía las cualidades de una “buena presidente”. Ella, que estaba sentada a su lado, sonrió y él también.

¿Como se explica este calurosa cordialidad entre McCain y sus presuntos competidores demócratas?

Primero, hay que percibir este fenómeno con un respiro de alivio después de la hostilidad, insultos y hasta mentiras que han caracterizado la casi totalidad de las campañas presidenciales de los últimos 20 años. Una pugna electoral entre McCain y cualquier de los demócratas –Obama o Clinton– promete ser una campaña digna. Una pelea entre, digamos, damas y caballeros.

Por otro lado, McCain es el defensor más incondicional de la guerra de Irak. Critica la estrategia militar del gobierno de Bush, pero es partidario de combatir militarmente no solo en Irak sino contra el “extremismo islámico” en general. Y no hay discurso demócrata que, después de algún elogio respetuoso a McCain, deje de destacar su declaración de que las tropas americanas podrían estar en Irak 100 años más.

En otras palabras, un gobierno de McCain continuará sin duda la ocupación de Irak, y su hostilidad hacia Irán es quizás más extrema que la de Bush.

Sin embargo, hasta su inequívoco apoyo de la guerra le merece respeto entre sus adversarios. Como persona, McCain ha ganado la consideración generalizada de los norteamericanos, más por su honestidad que por su falta de defectos.

Como aviador de una familia de oficiales de alto rango en la marina –de la US Navy–, McCain tuvo fama de jaranista y bebedor recio (“hard drinker”), pero no de borracho, como fue el caso de George Bush.

Ha contraído matrimonio dos veces y ha reconocido haber sido infiel a su primera esposa (justo antes de entrar en la política).

Es el prisionero de guerra más famoso de la guerra en Vietnam, donde fue brutal y casi mortalmente maltratado.

Ello no obstante, McCain lideró como político el esfuerzo exitoso de hacer las paces finales con Vietnam y propiciar una apertura económica hacia ese país. Con ese objetivo logró formar un consenso amplio entre republicanos y demócratas, incluyendo a su mentor político, el presidente Ronald Reagan. Su actitud hacia tan encarnizados enemigos del pasado le ha ganado méritos que muchos le reconocen, pero también ataques del ala mas derechista de su propio partido.

Hasta el día de hoy, no hay ataque demócrata a McCain que se pueda comparar con la ferocidad y hasta el odio de sus críticos ultraconservadores, como el comentarista radial Rush Limbaugh, cuyo discurso ha sido un factor poderoso en la polarización política de Estados Unidos.

Es que McCain ha hecho causa común con los demócratas en políticas que, desde el punto de vista de los conservadores, han debilitado la dominación de los republicanos que en un momento llegó a ser casi total.

- La reforma del sistema de financiamiento de las campañas políticas, por ejemplo, prohibiendo las donaciones corporativas sin límite a los partidos.

- El proyecto legislativo que prohíbe la tortura en un intento todavía no exitoso de eliminar prácticas justificadas por el gobierno de Bush, como “waterboarding”, que se conoce en América Latina como el “submarino”.

- Su oposición a los recortes de impuestos de Bush a los sectores más pudientes, aunque en este tema se ha retractado parcialmente en las últimas semanas.

- El auspicio, junto con el senador Ted Kennedy, de reformas en las leyes sobre inmigración, abriendo camino a la legalidad para muchos de los 12 millones de trabajadores indocumentados en Estados Unidos.

- Su preocupación por el calentamiento global, compartida por pocos republicanos, y su alianza otra vez con demócratas en uno de los planes de reducción de niveles de CO2.

- Su alianza (nuevamente con demócratas) para oponerse a la exploración petrolera en las reservas naturales de Alaska y para apoyar la investigación con células madre embrionarias, y su posición moderada frente al controvertido matrimonio homosexual.

Todo esto no transforma a McCain en un “liberal” norteamericano. Se opone al aborto, por ejemplo, apoya los gastos del Pentágono y un mercado con baja regulación estatal.

Quiere, además, desmantelar el sistema estatal de ferrocarriles para pasajeros (AMTRAK) porque el sistema no se autofinancia.

McCain también tiene su talón de Aquiles: su relación con los ‘lobbyists’ –el ejército de representantes de intereses económicos y de toda índole que buscan influenciar a legisladores con donaciones y una capacidad financiera sin límites.

McCain tuvo un episodio de conflicto de intereses en 1991 por los favores que hizo a un lobbyist que había apoyado financieramente su elección al Senado. Pero McCain fue sancionado levemente. Confesó su “mal juicio” y se convirtió en el más estricto fiscalizador de la ética en el Congreso, recuperando su reputación.

Esta semana, sin embargo, el New York Times publicó una investigación sobre los lazos de McCain y los lobbyists, incluso sugiriendo que tuvo una relación impropia (y tal vez romántica) con una lobbista joven y atractiva, que hacia alarde de su capacidad para influenciar a McCain cuando era presidente del poderoso comité de comercio del Senado.

McCain ha negado tajantemente que su relación con la mujer fuera más que una amistad profesional, y ha criticado al diario por publicar cargos tan dañinos basados en fuentes anónimas.

Ese informe periodístico, sin embargo, es la última de una serie de malas noticias para los republicanos, entre ellas el impasse bélico en Irak y la probabilidad de una recesión económica.

Los votantes republicanos ven en su mayoría (ahora relativa debido a la persistente candidatura del cristiano Mike Huckabee) que McCain representa la única posibilidad de éxito.

No es el resultado más probable en el momento actual. Pero nunca hay que descontar a la organización del partido republicano: inventó el término “la campaña permanente” y ha ganado 7 de las últimas 10 elecciones presidenciales.

McCain, el héroe con pies de barro, ha tenido momentos en que las encuestas lo han encontrado como el político más popular de los Estados Unidos. Su atractivo personal trasciende lealtades partidarias. Y un político que merece aplausos en el campo adversario es un candidato que no va a estar nunca fuera del juego. (John Dinges (Ciper)*)

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*John Dinges es codirector de CIPER, el Centro de Investigación Periodística, y profesor de Columbia University.


 


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