Justicia Martin Rivas fue convocado por la defensa, pero hundió a Fujimori. No logró refutar la entrevista que había brindado a Umberto Jara. Su testimonio revela que crímenes eran parte de política de Estado.
Lo Sepultó (VER)
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Santiago Martin Rivas trató inútilmente de negar la existencia del Destacamento Colina. |
Nadie en la jurisprudencia peruana recuerda el caso de un testigo de la defensa que haya destrozado al acusado en forma tan lapidaria como lo hizo la semana pasada el mayor EP (r) Santiago Martin Rivas, jefe del eternamente negado Grupo Colina.
Se trata, pues, de un oficial de inteligencia que demostró en su presentación ante la Sala Penal Especial, que juzga al ex presidente Alberto Fujimori, una elocuencia y sangre fría notables. Martin echó mano a recursos de distracción para negar la existencia de Colina y los crímenes cometidos por este ‘escuadrón de la muerte’, pese a que su propia gente reconoció las atrocidades sin titubear.
Este mayor retirado, que se identifica a sí mismo como un mero analista de inteligencia, trató de desacreditar los testimonios que lo señalan como jefe de Colina y que vinculan a este grupo con altos mandos militares y con el propio Fujimori.
Dijo también que la entrevista grabada en video que le diera al periodista Umberto Jara y que fuera visualizada en la audiencia del último viernes 29 fue “un ensayo” sin explicar claramente con qué fin y por qué lo hizo. El vocal Hugo Príncipe Trujillo le hizo una pregunta clave: ¿Por qué ensayaba usted un argumento que lo inculpa? Santiago Martin no supo responder.
La exhibición del video –de 1 hora y 50 minutos– fue lapidaria. Con elocuencia, fervor y convicción, Martin fue justificando acciones como las de Barrios Altos y La Cantuta, y sostuvo que eran parte de una política de Estado que encontró su génesis en una doctrina impartida en la Escuela de las Américas de Panamá y a la que se conoce como guerra de baja intensidad.
El mayor retirado aludió también a las guerras de Vietnam, Laos y Argelia como ejemplo de estrategia militar. Olvidó añadir que en esos tres casos grandes potencias fueron derrotadas por pueblos subdesarrollados por lo que la idea de contar cadáveres en una guerra de guerrillas no sólo atenta contra un régimen que pretende ser democrático sino que nunca funciona.
Tampoco dijo que en la Escuela de las Américas de esa época aquella doctrina (guerra de baja intensidad) se enseñaba a militares de otros países y no a los norteamericanos porque es difícil concebir a un grupo de marines ingresando a un edificio –situado a 500 metros de la Casa Blanca– para matar a 15 civiles sospechosos de terrorismo. Inclusive en el infierno de Bagdad hubo casos de militares norteamericanos enjuiciados y sentenciados por haber cometido asesinatos, violaciones y hasta maltratos a prisioneros.
Esa doctrina que tan vehementemente defendió Martin Rivas es no sólo inaceptable desde el punto de vista de los Derechos Humanos sino también una ineficacia desde el punto de vista castrense. Los crímenes de Barrios Altos y La Cantuta, está claro, no derrotaron al terrorismo.
Gran parte del éxito en la derrota de Sendero Luminoso en el gobierno fujimorista fue la implementación de las rondas campesinas, que detuvieron el avance terrorista al interior del país, así como las leyes de arrepentimiento.
Como se recuerda, Sir Robert Thompson, artífice de la victoria inglesa sobre la contrainsurgencia Malaya surgida luego de la resistencia a los japoneses en la Segunda Guerra Mundial, privilegió el respeto a la ley antes que la barbarie. Su política de lograr la rendición de los guerrilleros para convertirlos en colaboradores y hasta en espías del gobierno propició el triunfo británico. La clave fue captar al contrincante para que, una vez rendido y arrepentido, diera información. A cambio recibía una considerable recompenza económica.
Por último, el hecho que el mayor Santiago Martin Rivas fuera citado por la defensa, dada la confianza que el propio acusado le tenía, demuestra en hechos y no sólo en elocuentes palabras filmadas, que las dos matanzas formaron parte de la política de Estado definida por el gobierno de Fujimori.
En esta edición el periodista Umberto Jara, que entrevistó a Martin Rivas, relata pormenores de la estrategia detrás de su presentación ante el tribunal y revela que presentará otro video probatorio en el que aquél reitera los mismos conceptos y responsabilidades, pero de una forma aún más explícita.