Danza Tras grave lesión, primera bailarina Rina Barrantes aprende a caminar nuevamente.
Un Ángel Caído
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Durante sesión para reconstruir tejidos y células, en el Centro de Medicina Hiperbárica. |
Luchar contra su cuerpo todos los días. A los ocho años, cuando entró a bailar en la academia de Lucy Telge, Rina Barrantes lloraba para no ir a clases. Le encantaba el ballet, pero sufría cuando no le salía algún paso. A los quince, mientras sus compañeras de colegio buscaban pruebas palpables de crecimiento, Rina medía sus piernas, intentando que sus pies lleguen cada vez más alto. Nadie la entendía, dice ahora, a sus veintiuno y como bailarina principal del Ballet Municipal. “Me veía en el espejo y nada era suficiente porque mi cuerpo no era perfecto para la danza. Siempre me he visto con ojo clínico”, dice Rina. Era, definitivamente, una lucha.
Y como tal, estaba siempre una lesión latente. Palabra de miedo que no era raro pronunciar. “Es que las posturas del ballet no son normales”, explica la joven. “Son lindas, preciosas, pero lastiman”.
Recuerda la noche del 2006 en que la primera bailarina del Ballet Municipal, Patricia Cano, se cayó sin que hubiera finalizado la función de “El Corsario”. Lo recuerda porque ella misma tuvo que reemplazarla mientras que, tras bastidores, los bomberos le quitaban las zapatillas de punta a Cano, y ella pedía volver a escena. Después se supo que la operarían, que estaba en silla de ruedas, que usaba un andador. “Siempre entendí la operación de rodilla como algo trágico porque no quedas igual”, cuenta Rina. “Cuando le pasó a Patricia me asusté muchísimo. Pedía que nunca me pase a mí”.
El 16 de enero, durante un ensayo para “El Quijote”, que está por estrenarse en abril, Rina debía saltar y caer con la pierna derecha bien levantada. Pero el pie izquierdo tocó piso en una dirección mientras que su rodilla se iba por otra. Una resonancia arrojó tres consecuencias: rotura completa de ligamentos, desgarro parcial de meniscos y condromalasia. Había que operar.
Ya el recuerdo del accidente de Cano no le daba temor, sino fortaleza para su intervención del 26 de enero. Esto, porque a dos años de sufrir la misma lesión de Rina, Cano será bailarina principal en la próxima temporada del Ballet. “Si ella pudo volver a bailar, yo también puedo”, se repite Rina. Luego de que un primer doctor le aconsejara buscarse otra profesión, recurrió a Max Moses, el mismo que trató a Cano y también a la Telge. Al momento de operarla, se encontró que sólo era preciso ocuparse de la rotura de ligamentos, pues las otras dos lesiones no ameritaban intervención. Si no un milagro, Rina lo considera una batalla ganada.
Pero no va a ser fácil. Después de atravesarle el cuadriceps y reconstruir por completo los ligamentos con injertos y pedazos de tendones, “el cerebro, como defensa, bloqueó mi pierna izquierda”, explica la bailarina. “El doctor me dijo que iba a tener que empezar a caminar de cero y yo pensé que exageraba. Cuando me desperté de la operación, simplemente no podía mover la pierna”. Un año, calcula el doctor, le tomará acercarse adonde se quedó.
Pero la meta ahora es caminar. Para ello, trabaja con su terapista Jesús Giraldo dos horas al día, todos los días. Su pareja de baile, Antonino Risica, ha conseguido sesiones gratuitas en una cama hiperbárica. Sabe que eso la ayudará. Él también ha tenido operación de rodilla.
“No valoraba lo que tenía”, admite Rina, sentada en el sofá, con la pierna izquierda extendida y las muletas a la mano. “Siempre pedía más a mi cuerpo y no agradecía sus condiciones. Ahora es una bendición ver que mi pierna se mueve; grito de alegría cuando puedo dar un paso con Jesús dándome la mano. Esta lesión me ha sentado un rato para que aprecie lo que tengo y comience mi carrera de otra forma. Y cuando vuelva al ballet, será distinto”. Por eso bien vale la pena pelear. (R. Vaisman)
Danza Dura
Caídas
Libres CélebresRudolf Nureyev
(URSS, 1938 –París, 1993): se torció un dedo del pie antes de la que iba a ser su primera presentación. En 1961 el bailarín principal del Ballet de Kirev se lesionó y Nureyev lo reemplazó, empezando su carrera en París.
Mikhail Baryshnikov .
(Latvia, 1948): esguinces en los tobillos, 3 artroscopías en la rodilla derecha en los ’80 y rotura de meniscos en la izquierda en el 2003.
Julio Bocca
(Buenos Aires, 1967): con 7 operaciones, no tiene cartílagos ni meniscos en la rodilla izquierda.