Personajes Ante la Corte Internacional de Justicia, Allan Wagner Tizón asume la que califica como la misión más difícil de su vida.
De Talara a La Haya
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En Talara, Allan Wagner con su abuelo Adolfo Wagner Harmsen y su hermana Wilma. Estudió la secundaria en el colegio fiscal Ignacio Merino uniformado de kaki y cristina. |
“Talara era muy tranquila, apacible, los niños jugábamos en las calles sin temor”, recuerda Allan Wagner Tizón de sus años como adolescente en la calcinante localidad petrolera piurana en la década de los 50’s. “Por entonces Talara fue reconocida como distrito y el campamento petrolero se fue transformando en una ciudad, con sus plazas, calles y veredas”.
Los Wagner vivían en el barrio de Punta Arenas, donde se alojaban los funcionarios de la petrolera norteamericana. Su padre, un meteorólogo de profesión, había sido contratado por la International Petroleum Company (IPC) para el área administrativa. La refinería bullía de actividad muy cerca, entre los algarrobos.
En Talara, el joven Wagner cursó sus cinco años de secundaria en el colegio público Ignacio Merino, el único de la localidad. El uniforme era el de cadete kaki con cristina que les daba a los muchachos un aire de brigada del Sahara. Los hijos de los funcionarios y de los trabajadores, todos se agolpaban en clases de más de 70 alumnos. “Los maestros eran muy buenos y exigentes”, recuerda Wagner. Ya entonces había empezado a pegar el estirón.
Medio siglo después, el actual embajador de dimensiones basquetbolísticas presentará sus credenciales como nuevo embajador del Perú en los Países Bajos ante la reina Beatriz de Holanda en los primeros días de abril. Y, según él, “asumir la misión más difícil de su vida” como Agente Diplomático ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya y responsable de capitanear la demanda peruana en el contencioso con Chile por el límite marítimo.
La misión del embajador Wagner será coordinar las tareas del equipo de historiadores, geógrafos, juristas peruanos y extranjeros reclutados por Torre Tagle y –llegado el momento– la sustentación oral ante la CIJ. “Se trata del último tema de soberanía del país por definir”, describe Wagner la importancia histórica del proceso. En juego hay 50,000 km2.
En La Haya, Wagner encumbrará una brillante carrera pública al servicio de la nación.
Ha sido dos veces ministro de Relaciones Exteriores y una vez ministro de Defensa. En 1985, a los 43 años, se convirtió en el ministro de Relaciones Exteriores más joven de la historia de Torre Tagle. El nombramiento fue inusual. Wagner no conocía entonces al “Mozallón” Alan García ni era aprista. Con el ¡Sí, Juro! se convirtió en el primer diplomático de carrera de Torre Tagle en asumir la conducción de las Relaciones Exteriores sin tener rango de embajador.
Wagner inyectó a la política exterior una singular vitalidad. Las relaciones con Ecuador –gravemente resentidas por el conflicto del Falso Paquisha en 1981–, y con Chile –a fin de que cumpla con los compromisos del Tratado del 29– dominaron la agenda. Fue entonces, en 1986, que el Perú planteó formalmente a Chile su discordancia con el trazo paralelo de la frontera marítima entre nuestros dos países.
En el 2002, nombrado canciller por segunda vez por Alejandro Toledo, Wagner retomó el asunto del diferendo marítimo. Dispuso entonces crear la comisión para elaborar el proyecto de Líneas de Base del dominio marítimo y “hacer evidente la superposición de territorios”. En aplicación de esta estrategia, en el 2004, el ex canciller Manuel Rodríguez Cuadros, planteó formalmente a Chile una negociación bilateral o acudir a la Corte de La Haya al amparo del Pacto de Bogotá de solución pacífica de controversias.
Wagner es la punta de lanza de una generación brillante de Torre Tagle de inicios de los 60’s, discípulos de Carlos García Bedoya, Juan Miguel Bákula y otros intelectuales de la Cancillería, que despercudieron la política exterior peruana de las llamadas “hipotecas del pasado” y contribuyeron a forjar una visión internacional peruana profundamente identificada con un nuevo orden mundial más justo y equitativo.
Wagner es un curtido diplomático a quien aun las circunstancias más írritas no lo alejan de un discurso puntual y persuasivo.
Es descendiente directo de Juan Tizón La Rosa, guardiamarina del Huáscar a cargo de la ametralladora Gatling apostada en lo alto de la cofa del legendario monitor. Tizón La Rosa sobrevivió y cayó prisionero, pero al ser liberado, siguió combatiendo.
Una centuria más tarde Wagner asume la grave responsabilidad de conducir a buen puerto el diferendo marítimo con Chile por los cauces del Derecho y la paz. “Para esto me he preparado toda la vida”, afirma sereno. (MZD)