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Entrevistas Entrevista insólita en que la famosa urraca hace revelaciones.

Magaly en Persona (VER)

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“De repente me quemaron en Salem alguna vez. Mi familia y mis amigos cercanos me dicen bruja”.

Magaly Medina, la urraca, la del programa ‘MagalyTeVe’ que, con algo caliente y alguien a la brasa, puede superar los 30 puntos de rating en el 9. Entrevistas sangrientas, ‘ampays’ en paños menores (o sin paños) y en copas mayores. Sociólogos y antropólogos critican la “magalización” de la TV, lo cual solo parece encender más receptores. Candidata a la presidencia en el 2006 para divertirse y dar más rabia. Pelirroja al granate eléctrico, buscapleitos profesional, es satisfactoriamente temida y odiada con devoción.
Sin embargo, desde que entramos al restaurante Costa Verde la gente la acecha con la mirada y antes de poder sentarse ya hay personas que quieren fotografiarse con ella, cosa a la que accede exhibiendo sonrisas mecánicas en las que asoma uno que otro dientecito de piraña. Nos acompaña Ney Guerrero, su productor, que parece cumplir un discreto, amistoso y, dado el caso, seguramente inútil papel de guardaespaldas.
La primera pregunta es inevitable.

¿Tiene usted algo de bruja?
–Definitivamente. De repente me quemaron en Salem alguna vez. Mi familia y mis amigos cercanos me dicen bruja.

Aparte del halloween qué otra fiesta le interesa?
–El 1 de noviembre, el día de los muertos mexicano que se extiende hasta el 2. Entre brujas, calaveras y muertos voy yo. Un 1 de noviembre salió al aire mi primer programa con el pie derecho. Ese día no tiene pierde.

–¿Supersticiosa entonces?
–Los martes 7 o viernes 13 son días en los que sé que algo bueno va a pasar. Si un gato negro se me cruza lo veo con agrado y paso por debajo de las escaleras siempre que puedo.

–¿También muñecas atravesadas con alfileres?
–Nada de magia negra. Eso no tiene nada que ver con las cábalas. Si la gente tiene cábalas y augurios malos para mí no lo son. La magia negra es otra cosa y la abomino. No siento odio por nadie ni he deseado mal a nadie aunque esto pueda no creerse.

–Entonces: ¿por qué jode tanto?
–Porque es mi trabajo y me sale mi brujita de Salem.

–¿Cuál diría que ha sido el peor día de su vida?
–Todavía no se ha dado, pero indudablemente será cuando me vaya de la tele porque no tenga rating. Vivo para mi trabajo, volcada en él, porque no quiero fracasar. Pienso en la noticia del día y, aunque malgeniada, nerviosa e irascible, eso me hace vivir.

–¿No tiene tiempo para amar?
–¡Ah… los hombres! Yo me he considerado siempre una buena esposa y también como pareja, aquí está Ney que lo puede corroborar, aunque el amor no funcionara entre nosotros.

–¿No me diga que es romántica?
–Totalmente romántica, de tus ojos en mis ojos, de miradas intensas. Con profundidad. Mi príncipe azul no entra en mi vida porque no tengo tiempo para recibirlo como se merece. Ahora vivo a través del romance de otras personas.

–¿Cuando eran pareja Ney era romántico?
–Un día de mi cumpleaños esperaba mi tierno ramo de rosas y me regaló un chaleco salvavidas. (Nos reímos todos). Más práctico imposible, pero ¿romántico Ney?

–A ver, resuma su carácter.
–Soy testaruda, perseverante, irascible, irónica (Ney apunta: ¡bondadosa!), también bondadosa. Sí, lo soy. Y buena hija, amiga, hermana y esposa.

–¿Alguna cita o frase importante?
–Cuando estaba en secundaria y no sabía qué profesión seguir mi tío me dijo: “sé lo que quieras ser. Si quieres ser basurera sé la mejor basurera del mundo”. Y exactamente eso es lo que hago ahora. (Carcajadas).

–¿Pero la basurera lee?
–Mucho. Tengo la costumbre de leer haciendo subrayados. Mi ‘Rayuela’ de Cortázar está toda emborronada y llena de anotaciones. Es un libro que me embelesa. Yo he llorado con la Maga y su hijo Rocamadour. ¡Ah, la Maga! A mí no me gustaba que me llamaran Maga pero después de leer Rayuela me encantaría que me llamen así.

–Además de Cortázar, ¿qué cosa lee?
–Soy ecléctica, caprichosa. A los ocho años leía a César Vallejo. En serio. Leer poesía para mí es un bálsamo. Me encanta Blanca Varela. Octavio Paz es maestro de maestros. Con Lucho Hernández me siento como él, medio nostálgica y medio depresiva. En la lectura voy por épocas. Cuando leí ‘La insoportable levedad del ser’ de Kundera me fui comprando todos los Kundera que encontraba en las librerías.

–¿Le gusta la solidez metafísica?
–Me gusta que me hagan pensar o sentir. Si uno tiene que agotar el poco tiempo de que dispone no puede perderlo con un libro de puro entretenimiento. Hace poco descubrí a Orhan Pamuk.

–Las descripciones de Pamuk en “Estambul” son notables.
–Lo maravilloso de Pamuk es la nostalgia que se desprende de su lectura. Pero ya dejé a Pamuk. Ahora estoy con un japonés.

–¿Kawabata?
–No, Banana Yoshimoto. ‘L.P.’, así se llama el libro. Es el incesto de la tragedia griega con el refinamiento oriental. Otro suyo, ‘Kitchen’, se lo recomiendo, ya que no conoce a Yoshimoto.

–¿La urraca escucha música?
–También soy ecléctica. Desde Bach hasta Alejandro Sanz pasando por todo, Sabina, Bosé, soy bien pop. Pero también Bocelli, Pavaroti, etc. Blues. Armstrong. Éste me sacaba de mis angustias. Cuando no tenía empleada hacía la limpieza de mi departamento escuchando a Satchmo.

–¿Teatro, cine?
–Los musicales de Broadway y las películas de Woody Allen. El humor judío de Allen es parecido al nuestro. Es fantástico perderse en Nueva York, callejear por Greenwich Village, ir al Blue Note a escuchar jazz. ‘The producers’ con Matthew Broderick es la última que vi. Fabulosa.

–Pero volvamos al principio. ¿Le alimenta la bronca?
–No. Solo odio perder. Soy mala perdedora. Me gusta la competición para ganar. Me alimentan los golpes. Si no no hubiera podido salir adelante. Salí de abajo y eso me enorgullece.

–¿Qué es lo peor que le han dicho?
–Hija de puta. Me lo dijo Raúl Romero.

–¿Y lo mejor?
–Ni me acuerdo. Lo peor siempre nos sirve de aliciente y lo mejor casi siempre me suena a elogio falso.

–¿Cuál es la mayor virtud de los peruanos?
–Ser buenos pobres.

–¿Su mayor defecto?
–Ser demasiado tolerantes y pasivos ante las injusticias y el maltrato.

–¿Revolucionaria?
–Soy rebelde con causa y si no hubiera causa la buscaría.

–¿Alguna vez ha podido divisar el cielo?
–La tierra tiene más de purgatorio que de cielo. Aunque cuando estoy totalmente agotada y me puedo tumbar sola un día entero en mi cama sin hacer nada y viendo televisión, con mi perro al lado, pienso que eso es lo más cerca del cielo que puedo estar.

–Entonces resulta que sólo el descanso le produce la felicidad.
–La felicidad son momentitos que atrapas a lo largo de la vida o por idiota los dejas pasar. Y a mí me hace feliz hacer feliz a la gente que quiero. Si yo invitara a mis padres a un tremendo viaje a China, por ejemplo, cosa que no he podido hacer, sería feliz. Porque cuando vuelvan de este viaje y vea la mirada de mi madre, tan humilde ella y ahora llena de felicidad contándome lo que vio en la Muralla China yo también sería feliz. Por otro lado, es difícil que un hombre me aguante. Aquí está Ney, pregúntele a él. Nos aguantamos más como amigos que como pareja.

–Entonces, aparte de su familia, ¿quién la aguanta?
–Mi perro y yo nos entendemos maravillosamente.

¿Por qué?
–Porque los dos mordemos. (José Carlos Valero de Palma)


 


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