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Seguridad Documentos reservados del Comando Conjunto reconocen cientos de ingresos de las FARC a territorio peruano. La clave está en la coca.

El Tocache de las FARC (VER)

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Ministro de Defensa, Antero Flores Araoz, minimizó la presencia FARC . Pero la realidad es distinta.

Según documentos del Comando Conjunto de las FFAA, las FARC despliegan una activa presencia en la frontera con el Perú. La cruzan regularmente y administran al menos 1,500 hectáreas de coca sembradas en nuestro país. Además, peruanos que fueron adiestrados por la guerrilla colombiana fueron rastreados por el Ministerio del Interior y se llegó a un nuevo hallazgo: las investigaciones establecen que reservistas y licenciados del Ejército peruano reciben, financiados por Venezuela, entrenamiento en instalaciones militares y policiales de Bolivia. Si bien el activismo político no debe ser respondido con una insensata caza de brujas, taparse los ojos ante lo que ya se manifiesta como una estrategia continental significa pecar de ingenuidad. Es hora de afinar la mirada.

A propósito de la delicada situación atravesada por Colombia y Ecuador, el ministro de Defensa, Ántero Flores-Aráoz, ha dedicado un especial esfuerzo a descartar la presencia de las guerrillas de las FARC en territorio peruano. Sus últimas declaraciones al respecto fueron publicadas el lunes 17 en el diario El Comercio: “No está acreditado un ingreso. Tenemos vuelos de reconocimiento y patrullaje fluvial. Si entraran, podríamos detectarlas rápidamente”.

Un diagnóstico reservado del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas obtenido por CARETAS narra una historia muy diferente. Hay acreditados cientos de ingresos. Según estas averiguaciones, las incursiones de miembros de las FARC vienen siendo detectadas al menos desde 1989. Los picos más altos fueron alcanzados entre el 2001 y el 2002, con 53 y 83 avistamientos de los guerrilleros, respectivamente. A partir de entonces se produce un progresivo descenso pero la presencia guerrillera acreditada por las Fuerzas Armadas siempre se ha mantenido. Como el propio ministro lo ha reconocido, no es fácil vigilar una franja de frontera selvática de más de 1,600 kilómetros.

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Informes también revelan rutas de tráfico de armas que salen desde Iquitos con destino a las FARC.

La clave se encuentra en la coca. Los guerrilleros colombianos llenan buena parte de sus arcas con dos terribles negocios: secuestro y narcotráfico. En relación al segundo factor, el vecino país tiene sembradas unas 75 mil hectáreas de coca según el informe 2007 de la Oficina Contra la Droga y el Delito de Naciones Unidas (UNODC). La presión del Plan Colombia, financiado por Estados Unidos, ha significado que entre el 2005 y el 2006, el período analizado en dicho informe, el número de hectáreas en total se redujera en 9%. Pero pese a ello los departamentos del Putumayo y Caquetá, limítrofes con nuestro país, vieron incrementar sus cultivos de coca nada menos que en 37%.

En la otra orilla de la frontera, por el lado peruano, también se produce un fenómeno llamativo. Según los documentos del Comando Conjunto, hay aproximadamente 1,500 hectáreas de coca sembrada en territorio peruano que son administradas por las FARC. El cálculo se basa en la suma de los sembríos en el sector del río Napo (690), Putumayo (470) y Amazonas (180).

La zona no es cuenca tradicional cocalera y al otro lado de la frontera operan los frentes Amazonas, 48, 15 y 14 de las FARC. Es obvio el destino de la coca sembrada allí en los últimos años.

EL RECIENTE INFORME DE NACIONES UNIDAS en su versión peruana corrobora la tendencia. La cuenca del Amazonas, el llamado sector de Caballococha-Santa Rosa, aparece por primera vez con 375 hectáreas: más del doble que las registradas un año antes por el Comando Conjunto. La UNODC califica de “recientes” los cultivos. El sector de Napo no es analizado –sí el de la cuenca del Marañón con 443 hectáreas– y sobre la cuenca del Putumayo, que es la primera línea de frontera, se advierte que “ha mantenido una cobertura nubosa que ha impedido el registro de escenas satelitales adecuadas”. Sin embargo, en la localidad de Yuvineto y sus alrededores se llegaron a contabilizar 150 hectáreas.

Yuvineto es precisamente uno de los sectores sobre los que alertaba el diagnóstico reservado. Los guerrilleros de las FARC han sido vistos navegando frecuentemente en el río del mismo nombre por lo menos desde el 2004. Entonces persuadían a las comunidades nativas Secoyas de Bellavista y Belén, en territorio peruano, para que siembren coca. Les aseguraban la compra de toda la producción.

Especialistas consultados alertan que si se toma en cuenta que nunca se ha practicado erradicación en la zona, y que el monitoreo es con un año de retraso, la cantidad de coca en la zona podría haberse incrementado sustancialmente.

Aún así, 1,500 dispersas hectáreas en toda la frontera bastan para producir anualmente quince toneladas de cocaína al 100% de pureza. Esa cantidad es comparable a las producciones actuales de Tocache, Cholón y Leoncio Prado.

OTRA PREOCUPACIÓN ESTRIBA EN EL TRÁFICO DE ARMAS. Según artículo del 16 de marzo del diario El Comercio de Ecuador, “parte del material bélico que usan las FARC proviene de Perú, (también) es obtenido de los rastrillos militares ecuatorianos y el resto de las importaciones ilícitas que llegan a puertos ecuatorianos, según investigaciones de los policías y militares. El destino de este armamento es el Frente 48 de las FARC, asentado en el Putumayo”.

El documento del Comando Conjunto detalla una de esas posibles rutas que en este caso es fluvial-terrestre (ver cuadro). Parte de Iquitos y sigue por el río Napo, Santa María, el también mencionado río Yuvineto y llega a Colombia. También es señalada una compañía de aerotaxis –North American Float Plane Service S.A.–, y se presume que “apoyaría a las FARC en el tráfico de armas, tráfico ilícito de drogas y traslado de ciudadanos colombianos indocumentados”.

En Ecuador, que todavía no apaga su pleito con Colombia por la muerte del líder farquista ‘Raúl Reyes’ durante un operativo militar del Ejército colombiano en territorio ecuatoriano, se han capturado 26 guerrilleros desde el 2004 a la fecha. Además se han desmantelado redes de apoyo al tráfico de armas y fueron destruidos 117 campamentos en territorio ecuatoriano.

En el Perú no hay evidencia sobre tamaña proliferación, pero la vigorosa presencia de la coca despierta resquemores. A lo largo de la frontera hay 14 bases del Ejército y 13 de la Policía.

La colaboración entre ambos países, a diferencia de lo que le ocurre a Colombia con Ecuador y Venezuela, es más fluida. Funciona una cartilla de seguridad para puestos de vigilancia y guarniciones de frontera. Hay intercambio continuado de oficiales de Inteligencia y, tras la baja de ‘Reyes’, el presidente Alan García impartió órdenes para que se estrechen todavía más los lazos con el poderoso Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) colombiano.

Un importante oficial peruano consultado reconoce que los guerrilleros siguen incursionando en territorio peruano para abastecerse de medicamentos, alimentos y acceder a “zonas de descanso”. También continúan reclutando nativos para sembrar coca. Desde las Fuerzas Armadas peruanas se percibe que la guardia colombiana, tan intensa en los lados ecuatoriano y venezolano, es mucho más baja en la frontera peruana.

Si bien resulta muy improbable que las FARC se abran otro frente militar, el influyente oficial sí considera riesgoso que la presión a la que vienen siendo sometidas les obligue a encontrar otras válvulas de escape.

A pesar de que aquieta los ánimos sobre las FARC, el ministro Flores-Aráoz alerta del adoctrinamiento político impartido en las casas del ALBA, actividad que reflejaría su extremo más peligroso en los contenidos de la nota siguiente. A la luz de la ya acreditada colaboración activa que Hugo Chávez mantiene con los guerrilleros, la coca de las FARC y el patrocinio político financiado por el venezolano labran las dos caras de una opaca moneda. (Enrique Chávez)


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