Opinión Por ALFREDO BRYCE ECHENIQUE
Cinismo Letal
Se han cumplido cinco años de la invasión de Irak y de aquella fotográfica sesión en las Azores en la que el entonces presidente de gobierno español, José María Aznar, y el también entonces primer ministro británico, Tony Blair, disfrutan felices de la compañía del primer mandatario norteamericano George W. Bush.
La decisión tomada, en apenas sesenta minutos (nos enteramos ahora por boca de Asnarín, como también le llaman los españoles a su ex presidente, al que últimamente además le ha dado por un look asaz extraño, en el que destacan unas bufandas de lana rosada y de largo boa gigante, incluso los días de sol, y, haciendo juego en extensión con ellas, una cabellera asaz asansonada, también) fue la de invadir Irak, el Irak del mal, el Irak de Saddam Hussein, a quien, por lo demás, había que capturar y ahorcar lo más rápido posible... La razón: Dios mío, no vaya a ser que el hombre cante y nos enteremos de la intensa luna de miel que, durante la presidencia de George Bush padre, tan buen amigo de Bin Laden, por lo demás, vivieron durante ocho años seguidos los Estados Unidos y el hoy ya ejecutado y satanizado Saddam Hussein... Después, claro, viene la cadena de mentiras que se inventó Bush Jr. y que por Europa repitieron en plan La Voz de su Amo Tony Blair y Aznar, ante el total desconcierto e incredulidad de los demás países de la Comunidad Europea de Naciones, con Francia y Alemania a la cabeza.
En España Aznar era, por entonces, aparte de presidente de gobierno, el héroe de Perejil, una islita tan chiquitita que no sale, no ha salido ni saldrá tampoco jamás en mapa alguno, pero que él mandó invadir por tropa imperial española, en frontal combate contra una demencial reconquista de España por los moros. Por supuesto que la grandeza militar de España dio muy fácil cuenta de una viejita que pastoreaba cinco o seis escuálidas cabras, y que, sola, solita su alma, la pobre, conformaba el censo total de Perejil. El estilo de todo aquello lo resumía Aznar con palabras tan célebres como éstas: “Hubo un problema y se resolvió”. “Y ríase la gente”, que diría el gran Góngora, pues en efecto se carcajeaba mucho la gente en España.
Después, claro, vino toda la falsa información, todas las mentiras que urdieron las imperiales autoridades norteamericanas para invadir Irak y apoderarse de más petróleo que nunca. El aliado británico mister Blair se entregaba sumiso y ya no se diga el aliadito Asnarín, que mandaba tropas a Irak con una sonrisa de oreja a oreja, mientras paralelamente estudiaba inglés y soñaba ya con unas horas de clases en Georgetown University, ouí not,para después de la victoria y de su salida del gobierno, y muy probablemente pensando ya, también, en que el tema de sus charlas sería Nuestro heroísmo, España y yo. Y por supuesto que tras haberles explicado a los españoles y al mundo entero que en Irak “Hubo un problema y se resolvió”. Hoy es cierto que Aznar dicta conferencias sobre aquel asunto en aquella universidad y también que es el único ciudadano en el mundo que ha logrado hablar el inglés como Cantinflas hablaba el castellano.
Y también es muy cierto que cinco años más tarde absolutamente nada se ha resuelto en Irak, aunque eso sí: han muerto unos noventa mil civiles, unas cinco millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares, el país se parte y se reparte entre etnias y clanes chiíes, suníes y kurdos, miles de soldados norteamericanos han muerto, que se sepa, pues también se ha sabido, sí, también se ha sabido que hay además de los otros: de los muertos que nada se sabe. Y mientras Bush opina que la guerra de Irak es “noble, justa y necesaria”, Aznar, en su inglés “Mario Moreno Cantinflas”, suelta en la BBC que, si bien la situación en Irak “No es idílica, sí es muy buena”.
Por supuesto que Aznar no ha puesto un pie en Irak desde diciembre del 2003, y que, aunque lo pusiera hoy mismo, con toda seguridad se negaría a aceptar que además de las decenas de miles de muertos y de los millones de desplazados, el desempleo total asciende al 60% y seis millones de personas sobreviven gracias a la ayuda humanitaria. “El doble que en 2004”, precisa el diario EL PAÍS (19-3-2008), añadiendo que además un 70% de la población no tiene agua potable. En Inglaterra, Blair, por lo menos, hace mutis por el foro, probablemente desgarrado entre la vergüenza y el remordimiento, pero en España, Aznar, qué duda cabe, sigue pensando que “Hubo un problema y se resolvió”. Por lo menos en este sentido fue que abrió el pico en la BBC, el pasado domingo 16 de marzo, agregando además que tiene la conciencia limpia y que, de repetirse aquellas atroces circunstancias, volvería a actuar de la misma manera atroz. La realidad es otra, por supuesto, y buena prueba de ello es que, al día siguiente de aquellas declaraciones a la BBC, el diario EL PAÍS daba cuenta de un atentado en la ciudad de Kerbolá en el que fallecieron 52 personas.
O sea que la cruel lección de tanto y tan letal cinismo es que se inventó un problema y que hasta el día de hoy no se ha resuelto nada. También que el más impopular de los presidentes norteamericanos, George W. Bush, abandonará su cargo en noviembre próximo dejándole a su sucesor la inmensa responsabilidad de acabar con la invasión de Irak y con sus atroces consecuencias. Algo que, por supuesto, sólo se podrá hacer mal, aunque esperemos que nunca tan mal como lo hiciera ya Paul Bremer, llamado el Virrey de Irak, nada menos, y que, cómo no, fuera también nombrado por George W. Bush, en mayo de 2003, aunque no hablara una sola palabra de árabe ni conociera en absoluto el Oriente Próximo. Y fue nada menos que aquel insensible e irresponsable virrey de Irak quien se obstinó en confundir a Saddam Hussein con Hitler y a su Partido Baaz con el Nacional Socialismo nazi. Nadie ha descrito tan bien su nefasta labor de entonces como Enric González (EL PAÍS, 20 de marzo de 2008): “...ejerció un poder absoluto durante sus catorce meses en Bagdad, y consiguió lo que parecía imposible: empeorar el desastre”. (Alfredo Bryce Echenique)