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Matrimonio de Juan Diego Flórez

Concentración en LA CATEDRAL (VIDEOS)

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Lluvia de pétalos de rosas en la puerta de la Catedral de Lima donde no se realizaba una boda desde 1949.

“VAMOS a divertirnos mucho”, dijo Juan Diego Flórez micrófono en mano a sus invitados. “Está previsto hasta un aguadito como desayuno”, advirtió, como amenazando que de allí nadie salía hasta el amanecer. “Así que pónganse las pilas porque esto va a durar”. Sus palabras desataron la euforia de unos 500 asistentes entre amigos y familiares de la pareja.

Así se iniciaba la fiesta en el Museo Pedro de Osma, en Barranco, por la boda de Juan Diego Flórez y Julia Trappe, que duró hasta las seis de la mañana. Hubo caballos de paso, marinera, acrobacias aéreas, máscaras, globos y cotillón como en las mejores fiestas de Año Nuevo. Después de todo, lo que se celebraba allí era el inicio de una nueva vida para Juan Diego y Julia.

Su boda, nada menos que oficiada por el arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, en la Catedral de Lima, donde no se realizaba ceremonia similar desde 1949, fue ese sábado 5 de abril para los asistentes a la Plaza de Armas y para los televidentes que la vieron en directo (con repetición a la medianoche), esa necesaria dosis de ilusión que a veces necesitan los peruanos.

La plaza abarrotada de espectadores y admiradores, las campanas repicando, los invitados –el Presidente de la República y la Primera Dama, entre ellos– llegando con sus mejores galas y la novia descendiendo de un hermoso Cadillac blanco acompañada de su padre. La escena era digna de un cuento de hadas.

La celebración, sin embargo, no estuvo exenta del desconcierto propio de las grandes ceremonias. Una de las damas de honor trastabilló en las escaleras de la basílica, mientras que los infaltables polizones pugnaban infructuosamente por violar el perímetro de seguridad, y Edwin Tinoco, ex asistente personal de Luciano Pavarotti y actual opera manager de Juan Diego, solicitaba la instalación de parlantes en el exterior del recinto sacro para que la multitud pudiera escuchar la ceremonia a la voz de: “¡Juan Diego es del pueblo, Juan Diego es del pueblo!”. Y, como siempre, algunos invitados tardones, como la congresista Luciana León y su padre, y la actriz Vanessa Saba con su pareja, el director de cine Juan Pérez Garland, que fueron abucheados por la multitud al grito de “¡Hora Cabana, hora Cabana!”.

Durante la misa, el arzobispo Cipriani se estrenó como sermoneador bilingüe al dirigirse también en inglés al padre de Julia y a los asistentes extranjeros. Y muchos quedaron sorprendidos al ver, finalmente, a Rubén Flórez, el padre del novio, que participó en la ceremonia realizando una de las peticiones de la misa. Él había asistido a la boda en compañía de su segunda esposa y su hijo adolescente, guardando un perfil discreto durante todo el evento. Luego de realizar su petición en el atril de lectura cerca al altar, regresó a sentarse en una de las bancas alejadas de las primeras filas reservadas para los familiares.

Finalizada la ceremonia religiosa los novios y sus cientos de invitados salieron de la Catedral y, cruzando la Plaza de Armas en medio del fervor popular, contenido por unas vallas de seguridad, llegaron al Palacio Municipal, donde fueron recibidos por el alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio, para el brindis y los saludos propios del protocolo nupcial. Pero antes, los flamantes esposos asomaron al balcón del Palacio Municipal y desde ahí le dieron al pueblo lo que estaba esperando: un apasionado chape que fue retribuido con enardecido entusiasmo por la multitud congregada a sus pies.

Siguiente estación de este romántico vía crucis: el Museo Pedro de Osma, en Barranco, con buffet de Marisa Guiulfo, la orquesta de Jean Pierre Magnet y la música bailable retumbando en los equipos del DJ Julio Vega, que el mismísimo Juan Diego se encargó de asesorar: Desde rock de los setentas y ochentas, hasta salsa de Héctor Lavoe y merengue de Wilfredo Vargas, pasando por Rafaella Carrá y El Arbolito del Grupo Néctar. El tenor estuvo simpáticamente irreconocible. En la pista de baile dejó atrás su imagen de chico ejemplar para revelarse como un alborotado pero encantador bailarín (ver videos en www.caretas.com.pe).

A quien no se veía muy distendido que digamos durante la fiesta, fue a Enrique Palacio, manager del tenor. Sucede que Juan Diego parecía olvidarse que es uno de los mejores tenores ligeros del mundo y, en medio de la euforia musical, pedía canciones a gritos mientras tomaba chicha morada helada y fumaba uno tras otro cigarrillo.

Por estos días Juan Diego y Julia están en Nueva York preparándose el primero para los ensayos de La Fille du Régiment, a estrenarse en 21 de abril en el Teatro Metropolitano de Nueva York. Si Juan Diego no está su-friendo de una severa inflamación a la garganta es porque Dios es grande.


Juan Diego Flórez: Danubio Azul

Juan Diego Flórez: Agradecimiento a los invitados

Juan Diego Flórez: El Rock de la Carcel


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