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Vida Moderna El 23 de abril se celebra el Día del Idioma y la juerga de la jerga.

Jerga Hasta en la Sopa

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Letras revueltas.- Psicólogo, psicoanalista y comunicador Julio Hevia toma una cucharada de su propia sopa.

La nueva jerigonza brota por birlibirloque, emerge de pactos y complicidades entre los de a pie. No son neologismos de unos pocos iluminados, de esos que se indexan en el lexicón académico. “La jerga corre como el chisme o el chiste: si el otro atraca, funciona”, es la sentencia del comunicador Julio Hevia. Requiere de emisor y receptor, pero el segundo ratifica su validez. Sin el oidor, toda palabreja muere al nacer. Se torna caló o mantra de secta, bisbiseo o huevada. En vez de preguntarnos quién inventó una chapa habría que preguntarse quién la aceptó, sugiere el doctor Hevia.

Ni un pequeño larús del llonja puede listar la floritura barrial. Es el significado huyendo del significante, corriendo calato tras nuevo ropaje. Ni un melcochitólogo aprehendería todo el gamut de posibilidades que tiene un homosexual de ser insultado en el llauca. Es lamentable, pero es verdad. Broca-brocaster es una raíz. Cabrito-brito-british es otra, y entre ambas hay cuarenta años de floro. Se llenan dos tesauros sólo en Los Barracones.

La lleca es un laboratorio: si da risa, luz verde hasta que ceda la posta. En ese sentido, la jerga es ilimitada; se pasa la pelota. La única condición para la generación de galimatías a mansalva es el animus iocandi, ánimo de joder hasta la tumba. “Un sepelio es un ejemplo”, sugiere el letrado. Nadie ríe cara a cara con la muerte. Pero si se toma distancia del féretro y las plañideras, se puede rajar de las dos viudas o contar chistes. En lontananza todo es cague ’e risa. Comedia = tragedia + tiempo, primera ley de la termodinámica de Woody Allen.

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Hay transición hacia arriba (el chicha ‘mañanero’) y hacia abajo (el bohemio ‘metámonos un Polanco’). Hay abstracciones como el ‘drilo’ (del cuadrilátero del bolsillo del jean) o el ‘coco’ (Jorge Washington, rostro en los billetes de $1). Ejemplos opuestos: la finura gourmet que asocia homosexualidad con repostería (‘rosca’, ‘rosquilla’, ‘cachito’, ‘tortero’), y la de mecánica popular (‘le zumba la corona’, ‘pierde aceite’, ‘le baila el motor’, ‘se le tapa el tubo’, ‘no le cierra la maletera’).

La jerga es infinita como enredadera; vasta como hierba mala. Dice Hevia: “no tiene una sola raíz; es inútil rastrear su tronco”. Los temas sí son invariables y finitos: los defectos, el sexo, el juego, estados de ánimo, ocio, el tiempo, la velocidad. Pero el habla va amarrada al contexto. Ir ‘hecho un pincho’ era ir rápido, pero ahora es lento al lado del carro que va ‘hecho un pedo’. ‘Un toque’ era una pitada de troncho. A menos prohibiciones, ahora ‘un toque’ es sólo ‘un momento’. Durante los setenta, el nivel de procacidad se elevó. Un ‘cachirulo’ era el ‘polvear’ de entonces (nota mental: aunque un ‘talcazo’ remite a la prueba del talco, Hevia asegura que proviene de la familia del ‘tizazo’). ‘Botacaca’ fue aceptado en sociedad para luego derivar en ‘Botafogo’ gracias a la condimentada comida peruana. Un precedente venía de tiempo atrás: ‘caficho’ (para Hevia simbiosis de caca y ‘ficho’). Tras la era procaz, el habla se refinó. El ‘fresco’ que devino en ‘concha’ se pasteurizó en ‘fresh’.

Flower Power

Hevia está por publicar con Santillana (Taurus) ¡Habla Jugador! –así, sin coma en el medio– De los setentas a los noventas: marchas y contramarchas de la jerga peruana. Un libro inmenso que quizá salga en tomos. Habla, porque la jerga es hablada y radial. Jugador por lo lúdico. Porque todo es un juego muy serio y con reglas.

Tiene antecedentes. Jerga del hampa, ensayo del 59 de José Bonilla (carátula de Alejandro Romualdo); Argot, jerga o caló del puneño Rafael Bastos (1969); Argot limeño o jerga criolla del Perú de Guillermo Bendezú y Diccionario de Jeringa de Fedor Larco. Abarcan la prehistoria. La del “Yo la quería patita”, valse del licoreado hasta la remaceta Mario Cavagnaro o la influencia del lunfardo rioplatense. La replana del ‘El Carreta’ Jorge Pérez, el “métale bicarbonato” que aludía a la caspa del Inca, y el “Romance en La Parada” de Polo Campos (pero ahora yo sé que estás en la ruina / que te hace daño la naftalina).

Tarea pendiente: esbozar la influencia de la actualidad política en el habla popular. Nadie como Los Chistosos ha colaborado para hacer de la política la materia prima de la jerga peruana, según teoría de Hevia. “Los chistes sobre Toledo y su infancia nos marcaron”, recuerda. Fernando Armas bien podría resumir su breviario terminológico: ‘la hora Cabana’, meterse ‘un Melody’, la simbiosis de ‘choledo’, etc. El humor es el principal catalizador jerguero. (Carlos Cabanillas)

Jeringa Recargada


- ‘Masállate’: Arrímate más allá en idioma combi.
- ‘Perréalo’: metajerga. El reggaetón del tráfico peruano. Usado por combistas.
- ‘Batería’: dícese de la yunta o patota, que te afianza en el mundo faite. Llegó a las masas vía Radio Moda.
- ‘Marmotear’: siestear como marmota.
- Me metí un ‘Paco Rabanne’ y estoy ‘Armani’: producto de la cacareada bonanza económica nacional.
- ‘Chalequear’, ‘chaleco’: u.t.c.s. Jerga de la seguridad privada, como respuesta a la inseguridad pública. Calará más hondo con la ayuda del Ministerio del Interior.


 


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