Policiales Angie Jibaja: sentenciada a dos años de prisión efectiva por agresión. Travesuras de la niña mala del modelaje.
Angie y Sus Demonios (VER)
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Amazona del Amazonas. Angie, desafiando al río más largo del mundo (2006). |
Pasará su cumpleaños y el de su hijo (29 y 18 de mayo, respectivamente) en una celda. Una agresión a Vanesa La Torre y la posterior sentencia de la jueza del 33 Juzgado Penal, Flor de María la Rosa, privaron a la modelo Angie Jibaja de su libertad desde el pasado 24 de abril. Aunque se prevé una apelación para salir en pocos meses, la pena es formalmente de dos años. Su vida sin frenos, sin embargo, lleva ya veintisiete.
Conoció el cadalso de la pasarela por primera vez hace once años. Pero aquella vez sí logró hacer el recorrido de ida y vuelta, de acuerdo a lo acordado con los organizadores del Miss Traje de Baño ’97. A sus dieciséis, acababa de ser coronada. Caminó por el borde –como siempre– de la piscina del club Terrazas, luciendo sus dos hoyuelos por única sonrisa.
–Cuando hago fotos interpreto papeles, actúo –le reveló Angie a CARETAS (1765), tres años después. Era madre desde los dieciocho, y venía de la final del Miss Hawaiian Tropic 2003. A sus veintidós, estaba cambiando su piel. Sus dos tatuajes habían empezado a dibujar su cartografía personal. Un mapa para no perderse. Para regresar a casa.
Dejó los grandes concursos. Su aparición en desfiles fue una consecuencia de su creciente fama (no a la inversa). Se fabricó un rol a su imagen y semejanza con la arcilla de su aparentemente atormentada conciencia. Creó una criatura escénica que reía cuando le decían ‘china’.
Chica Chúcara
En el 2004 sumaba tres
piercings y trece tatuajes. Un ángel rezando (por ella) y una cruz cristiana. La lengua de los Rolling Stones, babeando en su baja espalda. Una frase en latín como collarín:
si quieres paz, prepárate para la guerra. Una línea (
La vida transparente) que sólo afortunados lectores encontraron. Una estrella en su muñeca derecha con el nombre de su vida: Nicolás. El de su eterno hijo y, coincidentemente, el de su pasajero novio de entonces (el futbolista argentino Tagliani). Antes había sido Roberto y después sería el francés Fabien, pero a ninguno Angie pareció darle la importancia debida ante la prensa.
En su libro Ocaso y persecución, Augusto Bresani –nexo entre Vladimiro Montesinos y la prensa chicha– contó las visitas de Angie a Las Suites de Barranco, nightclub donde Montesinos ablandaba socios. En el 2000, Jibaja había dormido diez días en un calabozo de la Dinandro por colaborar con el narcotraficante paraguayo Luis ‘Tony’ Argüello. El caso prosiguió con el nombre de Angie fuera de la lista de burriers.
Ya en el 2006, había prometido enderezar su vida (CARETAS 1943). Les hacía caso a las señales: el interés de la agencia de modelos Élite y Playboy, el aprecio de los cineastas chilenos Julio Jorquera y Boris Quercia y la taquilla de El Rey de los Huevones, el filme más exitoso del cine chileno. Luego actuaría en la peruana Mañana te cuento y aceptaría un papel en la norteamericana You don’t want to know. Con un futuro así, Angie se propuso estudiar teatro y separar su vida del desenfrenado personaje que había creado.
La Muchacha Mala De La Historia
Había retomado la senda de su admirada Kate Moss, y últimamente venía pareciéndose a Amy Winehouse, aunque sin cantar (la británica fue temporalmente detenida por agredir a dos hombres en una disco). Sus últimas portadas incluían comisarías de Tingo María, apologías a la coca, alcoholizados gazapos y hasta una desinflamación de vejiga en plena carretera. Su encarcelamiento y multa de S/. 3 mil por agredir a una muchacha en una discoteca en febrero del 2006 –y por desacatar citaciones judiciales– era esperable, sobre todo por detractores.
Ahora comparte penas con su amiga y también modelo Malú Costa, detenida por narcotráfico. El trío de abogados (William Galindo, José Luis Hinojosa y Raúl Durand) buscará apelar en la sala penal. Pronto Angie actuará en una obra dentro del penal por el Día de la Madre. Le darán un papel que calque su personalidad, como sucede cada vez que actúa (al salir de prisión interpretará a una ex presidiaria en la obra Moscas, cara cortada del director Richard Torres). Hoy, con veinte tatuajes en la piel –incluyendo el nombre de un novio que no la visita en su labio inferior–, quizá recuerde que de niña quiso ser policía para perdonar los errores de los demás. (Carlos Cabanillas),