Cine En el filme Promesas Peligrosas, el director David Cronenberg profundiza en la indagación sobre las fuerzas primarias del ser humano.
La Violencia Habita Entre Nosotros
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Ascendiendo en la mafia rusa. Viggo Mortensen, como Nicolai, fue nominado al Oscar a Mejor Actor. |
Como los ginecólogos gemelos que interpretara Jeremy Irons en
Pacto de Amor (1988),
Promesas Peligrosas (2007), el último trabajo del cineasta canadiense David Cronenberg, se parece a su antecesora
Una Historia Violenta (2005), y al mismo tiempo se diferencia de ella. Se complementan. Una concepción que manipula con destreza el ADN del celuloide y evita el aborto artístico.
En
Una Historia Violenta y
Promesas Peligrosas, el protagonista es Viggo Mortensen. En la primera es un ejemplar padre de familia que se revela como un consumado sicario (“Soñé con monstruos”, dice su hija en la película). En la segunda es Nicolai, chofer desecha-cadáveres de la mafia rusa en Londres. Conocerá a una partera (Naomi Watts) que investiga los orígenes de una niña nacida en su hospital, cuya madre adolescente murió al parirla y deja un diario con descripciones de los matones al este de Europa.
Cronenberg vuelve a asuntos de la matriz. A la naturaleza del bien y el mal. Esas fuerzas conviven con normalidad en el hombre y la mujer. Y se confunden. Los filmes de Cronenberg son paranoicos. A veces no se sabe si lo que se ve en la pantalla está ocurriendo, o lo están alucinando. La mente afecta el cuerpo. Se producen mutaciones. La sangre chorrea. El sexo impulsa esos fluidos. Incluso intenta expulsar las vibraciones tanáticas. Gore intelectual se mezcla con placer cinematográfico.