Arte Vito Loli, descendiente de Gauguin, en futura subasta neoyorquina.
Los Rostros de Loli
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Loli al lado del mural de Cristo que vigila su casa. Ha participado en subastas con Botero. |
Una vitalidad exuberante es lo que los cuadros de Vito Loli exudan cuando uno posa sobre ellos la mirada: vitalidad e intenso amor por la vida. Muchos de ellos funcionan perfectamente como vistosas celebraciones del impulso vital o como cristalizaciones del mismo bajo el
leit-motiv de la mujer –fuente generadora de vida– y del paisaje natural o mediante la fusión de elementos femeninos y paisajísticos. Pintura no realista, dueña de una libertad inusual que debe a su formación autodidacta, la que lo aleja de las influencias de escuela y no limita su desbordante creatividad.
A los cuatro años Vito hizo sus pinitos como dibujante con lápiz y papel. Al parecer sus genes, herederos del talento de grandes maestros como Paul Gauguin (su tío bisabuelo) y el pintor italiano del siglo XVII Giancarlo Lanfranco, manifestaron desde el inicio de su vida una inclinación natural por jugar con pinceles y colores. Estudió arquitectura, donde aprendió algo de dibujo; sin embargo, no sería hasta su estadía en California cuando se volcaría por completo a su pasión oculta –la pintura– como muralista. En 1993 regresó al Perú. Desde entonces no ha dejado de pintar y lleva realizados más de 1400 cuadros.