Opinión Caricatura devela las dos caras del despelote tributario en Argentina.
Perfil de Una Crisis
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Caricatura de Hermenegildo Sabat en Clarín que originó la furia de la Presidenta. Refleja la convicción de muchos: quien dirige el gobierno es Néstor Kirchner. |
En materia tributaria, no hay que perder la cabeza. Eso lo aprendió Carlos II de Inglaterra, en el siglo XVII, cuando suscitó un problema de impuestos con el Parlamento e inició un proceso político que terminó con su decapitación. Los modales políticos han mejorado bastante desde entonces y no es de esperar igual desenlace, pero la anécdota debería ser valorada por el matrimonio Kirchner que ha puesto a Argentina al borde del colapso al imponer nuevas “retenciones”, –tributos– a las exportaciones de productos agropecuarios, actividad productiva que queda amenazada por quiebras masivas como consecuencia de ellas*.
Retenciones: dolor de unos, beneficios de otros
El sistema de las retenciones fue introducido por el entonces presidente Duhalde, en medio de la gran crisis del 2002, cuando solicitó a los productores agropecuarios una contribución del 10% de las exportaciones para hacer frente a la crisis. La contribución de los productores agropecuarios se convirtió luego en norma del Código Aduanero, de aplicación exclusiva por parte del Poder Ejecutivo. Sucesivos incrementos elevaron las retenciones a las exportaciones al 28% y en 2007, Néstor Kirchner, antes de abandonar la Presidencia, las subió a 35%. Cuatro meses después (12-3-08), el Poder Ejecutivo resolvió elevar las retenciones a un mínimo de un 45% con una escala de reajustes móviles que pueden llevar la carga a más del 90%.
La avidez fiscal
El régimen de los Kirchner ha amasado un importante superávit fiscal debido al gran aumento de los precios de las materias primas que exporta Argentina en el mercado internacional y a las elevadas tasas de crecimiento del producto. Sin embargo, sus finanzas tienen serias limitaciones: el
default de la deuda externa ha dejado a Argentina sin fuentes externas de recursos, por lo cual toda su inversión debe provenir de recursos internos. El control de precios instaurado y la inflación que se acelera, sumados al espíritu confrontacional de Néstor Kirchner, han ahuyentado a los inversores. Los vencimientos de la deuda con el Club de París exigen contar con unos US$ 6.000 millones en unos meses y la renegociación, mientras dure el
default, es más que problemática. Algunos expertos consideran que Argentina debe disponer de unos US$ 35.000 millones el año que viene.
Por otra parte, el rápido incremento del gasto público, los subsidios cruzados a una gran variedad de productos y el clientelismo político en el que se sustenta gran parte de la popularidad del matrimonio Kirchner, exigen contar con importantes recursos fiscales. Las actividades agropecuarias han sido, tradicionalmente, la gallina de los huevos de oro de Argentina, de allí que las retenciones hayan sido el recurso favorito para mantener y acrecentar el poder fiscal de los Kirchner.
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Protesta de productores agropecuarios argentinos pone en salmuera Modelo K. |
Los otros frentes del conflicto
Debe tenerse presente que las exportaciones de carne ya estaban prohibidas y fuertemente limitadas las exportaciones de leche y de trigo. El argumento: evitar que los sectores de menores ingresos vean subir el precio de los productos esenciales que son enviados al exterior aprovechando sus elevados precios. Esto se complementa con una rígida política de control de precios que aplica una ley sobre abastecimiento de la última dictadura militar para mantener los precios bajo control y evitar la inflación. Como toda política de control de precios, ha terminado encareciendo los productos y desalentando la producción y, por esa vía, incrementando la inflación. Por ello, se ha intervenido en el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, afectándose al personal técnico que calculaba el IPC y se ha pasado a “dibujar” la tasa de inflación dentro de lo que Néstor Kirchner ordena. La inflación oficial fue del 8,1% en 2007; cálculos independientes la ubicaron entre 20 y 25%; hoy es imprevisible.
La gota que rebalsó el vaso
El acentuado incremento de los impuestos y la escala móvil implantada generaron el firme rechazo de los productores agrícolas, que recibieron el apoyo de otros productores agropecuarios, también afectados por diversas decisiones gubernamentales. La falta de respuesta del gobierno a los reclamos profundizó el malestar y la unidad de los productores; los reclamos alcanzaron la ocupación de las rutas del país que fueron cortadas durante 21 días, siguiendo una práctica tolerada y a veces incentivada por el gobierno en otros ámbitos.
Con las grandes ciudades al borde del desabastecimiento de productos agrícolas, el gobierno reaccionó con un discurso de la Presidenta que generó un mayor rechazo de los productores agropecuarios y de la ciudadanía y provocó espontáneas manifestaciones públicas en plazas de diversas ciudades blandiendo y haciendo sonar cacerolas. La actitud del gobierno ha sido elevar el nivel de los ataques a los productores agropecuarios, a quienes ha vinculado con los sectores que apoyaron los golpes militares del pasado, y utilizar el apoyo de algunos de sus seguidores, que agredieron físicamente a quienes blandían cacerolas o se dirigieron en camiones –cuyo sindicato es controlado por el gobiernista Secretario General de la CGT– a fin de hostigar a los productores. El gobierno, asimismo, ha abierto un nuevo frente atacando a la prensa, especialmente al Grupo Clarín, al cual ha acusado de deformar la realidad favoreciendo a los productores.
Negociaciones inciertas
En este marco, sin embargo, la Presidenta, en otro discurso, convocó al diálogo a los representantes de cuatro organizaciones que agrupan a diversos sectores de productores agropecuarios. Debe tenerse presente que estas organizaciones, debido a la dinámica alcanzada por la protesta, carecen del control sobre la gran mayoría de pequeños y medianos productores, que son los más afectados por las medidas del gobierno y se encuentran movilizados a través de asambleas autónomas.
Ante el llamado, los productores agropecuarios levantaron la protesta hasta el 2 de mayo. En las negociaciones los productores exigen que se deroguen las retenciones impuestas el 12 de marzo pasado; el gobierno se niega a eliminarlas. De no eliminarse las retenciones, los productores han amenazado con retomar la protesta. Las reacciones del gobierno, y en especial los sectores que obedecen al ex presidente Kirchner, son imprevisibles pero muy proclives al uso de la violencia. Los daños económicos, sociales y políticos derivados de una profundización del conflicto serán muy graves. Ninguno de los avances parciales acordados en las negociaciones se ha concretado. Néstor Kirchner, elegido presidente del Partido Justicialista, está en pie de guerra contra el campo. Y el campo, puesto contra la pared, no parece dispuesto a ceder. Lo que está en juego, sin embargo, es todo el “modelo K”, hoy en riesgo de colapsar. A menos que se den negociaciones significativas después de la renuncia del ministro de Economía, autor de las últimas retenciones.
Con la inflación en franco ascenso, el conflicto agropecuario no resuelto y con la posible crisis energética en el invierno, Argentina atraviesa un camino que, según la revista Noticias, hace que Cristina Kirchner corra el riesgo de verse con la hiperinflación de Alfonsín, la inseguridad de Menem y las cacerolas de De la Rúa. Exageraciones aparte, debe tenerse presente que se trata de un conflicto perfectamente evitable, en el cual los productores agropecuarios han demostrado una madurez y paciencia encomiables y cuando los precios de las materias primas agrícolas están a niveles récord. Sólo falta que el sector duro del gobierno decida llegar a acuerdos razonables con los productores. (Luis F. Jiménez)
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*Es sabido que el conflicto de las colonias inglesas en América se inició con un impuesto sobre el té decidido en Londres, sin representación de los sectores americanos afectados. Tal conflicto dio lugar al nacimiento de los Estados Unidos de América y a la famosa frase “No hay imposición sin representación”, que el político de Boston de la época, James Otis, transformó en “Impuestos sin representación son tiranía”.