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Cultural El publicista Gustavo Rodríguez disecciona la incomunicación de los políticos.

El Arte de Lanzar Manzanas

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Una a la vez. Rodríguez hace hincapié en la necesidad de enviar mensajes claros y precisos.

El ejercicio planteado por CARETAS es sencillo: incursionar, aunque sea por media hora, en el incomprendido arte de la comunicación política. Gustavo Rodríguez, uno de los cerebros de la agencia de comunicación integral Toronja, entra al juego. Algo de eso ya ha hecho en su nuevo libro Traducciones Peruanas (Norma, 2008).

–Hace poco Mulder y otros congresistas estuvieron criticando a los “ministros mudos”.
–Decir eso es una estupidez, porque implica pensar que la comunicación requiere muchos portavoces diciendo muchas cosas a la vez. No es sólo potestad del APRA, es algo que nuestros gobernantes no terminan de entender. Cuando tú le lanzas una manzana a una persona, la agarra. Pero si le lanzas cinco a la vez, lo más probable es que no agarre ninguna. No se debe dispersar el mensaje.

–La popularidad presidencial está en su punto más bajo. ¿Cómo se puede explicar eso desde un punto de vista comunicacional?
–Me da miedo cuando la popularidad de García baja, porque tengo la sensación de que con tal de sentirse aprobado es capaz de salirse del carril. Creo que es una suma de cosas. García es muy buen comunicador cuando se trata de prometer y seducir, pero no es tan bueno cuando se trata de gobernar. Le falta poner en agenda pública claramente, a mediano y largo plazo, aquellos puntos por los que tiene que ser evaluado. Eso es algo que en general falta a nuestros mandatarios; que yo recuerde, los peruanos nunca hemos escuchado a un presidente decir “este primer año nos vamos a enfocar en esto. Dentro de un año les digo en qué acabó”. O algo más macro: “En cinco años voy a dejar el gobierno así”. Tú pregúntale a un peruano hacia dónde vamos, cuál es la meta del quinquenio, y no te va a saber responder. En segundo lugar, García tiene en contra su vehemencia, que lo hace aparecer en pantalla más de la cuenta. Yo le diría que salir a hablar más no es comunicar mejor. Y en tercer lugar, su pasado lo condena. Hay cierta desconfianza empozada que puede volver a salir con los rebrotes inflacionarios.

Traducciones recoge sus columnas periodísticas.

–¿Qué tan efectiva puede ser esta costumbre de García de criticar públicamente, y con dureza, a ministros y congresistas?
–Es un boomerang, porque al final él es el líder del gobierno. Yo creo en un precepto: felicita en público y putea en privado. Él está haciendo lo contrario. Al desautorizar a la gente con la que trabaja, está haciendo en el cortísimo plazo una muestra de energía, pero después queda la sensación de que es un líder al que se le escapan las cosas. Termina generando un descontento mayor.

–Con el caso del BANMAT, involuntariamente hizo recordar a la patadita.
–Al actuar así se le escapan ese tipo de cosas, que nuevamente hacen recordar al pasado. Es un círculo vicioso.

–En el opuesto extremo al manejo mediático de Alan García estaría…
–Valentín Paniagua. Creo que sería el mayor contraste presidencial. A Paniagua se le recuerda por ser muy puntual en sus apariciones. Ni mucho ni poco. Y fue enérgico cuando lo sindicaron malosamente relacionándolo con el montesinismo. Es decir, salió cuando debía salir, no estaba en todas partes prometiendo patadas. Es lo que hace un estadista que sabe comunicar.

–¿Cuál sería el posicionamiento de Alan García en este momento?
–Creo que varía según el público. En CADE lo van a aplaudir. En el sur del Perú lo podrían pifiar. En general, si lo vemos en dimensión nacional, pienso que es un mandatario que todavía deja dudas, y eso se ve en las encuestas.

–En Traducciones Peruanas dices que un político debe saber pedir perdón.
–Sí. El presidente García nunca fue lo suficientemente enfático para reconocer que se equivocó en su primer gobierno. Comunicar eso no significa decirlo, sino que la gente lo sienta. No sé si no haberlo hecho en su momento pueda causarle problemas más adelante. Los líderes no tienen por qué ser infalibles, reconocer sus errores los puede engrandecer. Evadirlos con prepotencia es lo peor que pueden hacer.

Los Unos Y Los Otros

–¿Castañeda está abusando de su táctica de invisibilidad?
–En mercadotecnia hay una noción que te dice: si tu estrategia está funcionando, no la cambies. Ajústala. Evidentemente llegará un momento en que tendrá que dar la cara. Nadie vota por una incógnita, tampoco por un puente o por una vía expresa; vota por un ser humano, que tiene que transmitir emociones.

–¿Humala podrá seguir vendiéndose como el “político alternativo”?
–Con Toledo apareció la esperanza de la integración y fue un chasco. Ese resentimiento fue capitalizado por Humala. Estas figuras fulgurantes, como lo fueron en su momento el pastor Lay o Salinas, cumplen con la creencia popular que dice que lo que sube rápido, baja rápido. Ollanta Humala no ha construido en todo este tiempo una plataforma ante la gente. Salir a volver a decir “soy la nueva esperanza” es más complicado. Ya no es nuevo, ya lo viste.

–¿Lourdes Flores?
–No sé si Lourdes ha querido alguna vez ser presidenta de verdad. Una cosa es decirlo y otra cosa es ver cómo inconscientemente complotas contra ti mismo. Los errores garrafales que ha cometido en campaña hablan de eso. Si yo tuviera que definir la imagen de Lourdes en pocas palabras, no sabría qué decirte. Creo que la gente tampoco. La escena de la piscina es la más recordada, además porque es lo más visual que hay, y ocurrió en el tramo final de campaña.

–¿Fujimori?
–Es una de esas grandes estrellas que se van extinguiendo. A veces no nos acordamos que la etapa en la que estuvo en mayor fulgor fue hace ya casi 15 años. Hay ahora nuevas generaciones de votantes, que sólo conocen de oídas los grandes logros de Fujimori. Además, tanta repetición de un hecho visual, él postrado, durmiendo, aburrido, termina por llenarte la mente. Y de borrar aquello que le daba arraigo.

–¿Qué le queda hacer a Keiko entonces? Es la carta del fujimorismo sin Fujimori.
–No lo sé. Y si lo supiera, no me apetecería aconsejárselo. Al menos no si representa a su padre más que a ella misma.

–¿Quiénes serían las figuras positivas para el gobierno?
–Mercedes Aráoz es una funcionaria que sabe comunicar y es genuina. Jorge del Castillo genera calma y sabe manejar las crisis; es un buen primer ministro, aunque intuyo que a García no le gustaría mucho escuchar eso. En el Congreso, Gonzales Posada tiene muñeca. Aurelio Pastor era una carta interesante pero no sé qué le ha ocurrido, ha tenido un par de frases desafortunadas que desdibujan un poco la impresión que tengo de él. Incluso en el último Otorongo lo ponen como el Increíble Hulk.

–¿Mauricio Mulder?
–Mulder no va a ser jamás una figura altamente popular, pero creo que es un funcionario útil para los objetivos de García. Cumple bien su labor de cancerbero. No comunica lo que la gente quisiera.

–En un equipo de fútbol sería el volante de destrucción.
–Sería el ‘Puma’ Carranza de la alineación. Siendo el ‘Puma’ más carismático. (Giomar Silva)


 


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