domingo 17 de febrero de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2027

14/May/2008
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre EntrevistasVER
Acceso libre InternacionalVER
Acceso libre Opinión VER
Sólo para usuarios suscritos Economía
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre Ellos&EllasVER
Acceso libre HistoriaVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos Publicaciones
Sólo para usuarios suscritos Exposiciones
Sólo para usuarios suscritos Literatura
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Jaime Bedoya
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2270
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Literatura Adelanto exclusivo del Primer Copé de Oro de Novela: Como los Verdaderos Héroes.

Sobre Héroes y Tumbas

Ampliar imagen
Destacado anteriormente en el concurso El Cuento de las 1000 Palabras de esta casa editora, el huancavelicano Percy Galindo Rojas aborda en su novela premiada la problemática sociopolítica del Perú sin soslayar la guerra interna que asoló al país. La obra incluye a diversos personajes-testigo como el que se presenta en estas líneas: Lenin Huarancca.

Durante todos esos años yo crecí a la sombra de mi bendito nombre. En la primaria, me decían Rojo; en la secundaria, Rabanito. Supongo que por iniciativa de algunos profesores. Una vez, a los nueve años, viajando en tren hacia Huancayo, subió un tipo a repartir folletos gratuitos de la Editorial Progreso a todos los viajantes. En uno de esos folletos reconocí mi nombre. Mi padre se sonrió y me lo leyó durante todo el trayecto. Luego escribió una dedicatoria en la primera página: al otro Lenin, y me lo regaló. Era una versión resumida de Acerca del Estado, que todavía debo tener guardada en algún lado. Otra vez me encontró leyendo revistas de historietas de Tarzán, el hombre mono, y de Fantomas, la amenaza elegante, de esas revistas en colores que publicaba la editorial Novaro. Me las quitó muy enojado y las hizo pedazos, sin darme tiempo siquiera para explicarle que las revistas no eran mías, que un compañero de la escuela me las había prestado. En compensación me dio otro libro: Para leer al Pato Donald, el clásico texto de Dorfman donde se explica por qué el bendito pato de Disney no es otra cosa que un arma ideológica más del imperialismo yanqui. Yo quise hacer lo mismo con el compañero que me prestó las revistas. El resultado fue obvio: no tuve amigos. Y tampoco los tuve en la secundaria, cuando entré a La Victoria de Ayacucho. Mi primer amor juvenil fue imaginario. Se llamó |. Yo la evocaba musicalmente sustituyendo su nombre en lugar de Natalie, la canción francesa en la versión en castellano de los Hermanos Arriagada. La Revolución de Octubre, la tumba de Lenin, la Plaza Roja desierta, el chocolate en el Café Pushkín. Para contrarrestar el tedio de mi soledad monocorde, me soñaba parte de un grupo multicultural de estudiantes en la fría Rusia. Me soñaba bebiendo vodka y escribiendo poemas de amor a Nadezdha. Me soñaba. En fin, cosas de la primera adolescencia.


 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista