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Entrevistas Canciller José Antonio García Belaunde marca la valla de lo que el Perú debe sacar de la cumbre: Acuerdo de Asociación y compromisos concretos.

Encuentro de Dos Mundos (VER)

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García Belaunde no cree que Hugo Chávez altere el curso de la Cumbre.

Un eminente diplomático con varias entradas al quirófano comentaba hace poco que una de las ventajas que juegan a favor de José Antonio García Belaunde es su temperamento. El canciller no se altera fácilmente. No le pasó cuando su homólogo venezolano, Nicolás Maduro, lo llamó “grandísimo hijo de la oligarquía peruana”.

Tampoco perdió la calma frente a las reacciones desmesuradas de su par chileno, Alejandro Foxley, luego que el Perú presentó la demanda de límites marítimos ante La Haya. Con el mismo pulso, y en conferencia telefónica permanente, encaró los recientes problemas de la Comunidad Andina y el grave deterioro de las relaciones de Colombia y Ecuador.

¿Por qué, entonces, tendría que cambiarle el ánimo ante la situación inédita del Perú como anfitrión de dos cumbres mundiales en un solo año? En algo ayudará la dosis de café expresso (“¿o quieren uno de mentira?”), el cigarrillo culposo (pausa para el fotógrafo) y el campo magnético emanado por el cuadro de Ramón Castilla que tiene sobre su cabeza, el de Rosa de Lima que tiene al frente y la estatua de su abuelo, Víctor Andrés Belaunde, que escolta la Defensoría del Pueblo a dos pasos de Torre Tagle. Como para ruborizar al ministro de Hugo Chávez.

–Prima la idea de que estos eventos se quedan en la foto. ¿Esta cumbre sí va en serio?
–La gente no vincula la cumbre con lo que ocurre posteriormente. Empezaron hace nueve años y en el camino ha habido acuerdos de asociación con México y Chile, y procesos de negociación entre Europa y la Comunidad Andina y Centroamérica. Es a partir de estos encuentros donde se impulsa una negociación. El caso más concreto es el de la CAN: se planteó por primera vez una negociación el año 2002 y no se obtuvo sino una promesa muy vaga. En el 2004, se volvió a plantear y tampoco se avanzó mucho. En el 2006, felizmente, se dio luz verde para estudiar las condiciones de la CAN para ser socios estratégicos. En la próxima cumbre en el 2010 ya tendremos esos acuerdos. Y hay afinidades en temas como el medio ambiente y la lucha contra el narcotráfico. La Unión Europea negocia con una sola voz que es la Comisión, pero esa sola voz hace su consulta con los 27 países miembros. Los procesos pueden parecernos lentos, pero mire lo que ha pasado en estos 10 años: es otra la relación de Europa con América Latina, más rica, mucho más interesante.

–¿Entonces por qué se dice que América Latina ha desaparecido de la agenda europea?
–No se puede hablar de toda América Latina en los mismos términos. Hay países que tienen su acuerdo de Asociación con Europa pero el 80% del comercio lo tienen con Estados Unidos. Es el caso de México. Probablemente van a sentir que Europa está muy lejos. Argentina y Brasil, en cambio, tienen fuerte presencia de inversionistas europeos. Para el Perú es el primer socio inversor. Es muy difícil hacer esas generalidades porque esconde particularidades muy distintas. Pero creo que hay un creciente posicionamiento europeo. Quizás por líneas: Italia y Alemania están muy presentes en Brasil, España está muy presente en países como el Perú, Colombia, Chile, Ecuador y Argentina; Inglaterra está muy presente como inversionista acá pero no tiene presencia en el comercio, Francia está más en Argentina que en Perú. Es muy difícil compararla frente a una realidad única como la de Estados Unidos. Y a usted le abren el mercado pero el consumidor de Eslovenia no es igual que el consumidor de España. En cambio el consumidor de Miami no es diferente que el de Seattle. Tal vez eso hace que uno sienta menos presencia porque, si bien es una unidad negociadora, mantiene sus características y perfiles propios.

–¿Cómo interpreta las dos grandes ausencias: Gordon Brown y Nicolas Sarkozy?
–Por razones políticas internas. Sarkozy cumple su primer año de gobierno con un serio problema de popularidad.

–Frente al primer ministro que le dobla en aceptación.
–Y con un proceso político muy complejo, porque realmente lo que intenta es hacer una gran transformación en la economía de la sociedad francesa, con grandes fracturas en términos del establecimiento, los sindicatos y el estado de bienestar francés. Tiene una preocupación mayúscula en términos de lo que en política francesa significa seguir vivo. Perdió las elecciones municipales y parece haber desperdiciado un capital político que me imagino quiere recuperar. Brown tiene unos meses y las cosas tampoco han salido, en términos de aprobación popular, como hubiera deseado.

–Al hablar de cambio climático Europa remite a una realidad más progresista que la de Estados Unidos. ¿Pero sus avances son concretos?
–Hay conciencia muy clara sobre políticas ambientales. Alemania tiene proyectos interesantes. Obviamente hay países que están más a la vanguardia que otros, que es lo que nos desconcierta un poco de Europa. Pero a mí lo que me preocupa no es cuán lejos esté de sus objetivos, porque avanzan en la dirección correcta, sino que haya ciertas voces que no quieren avanzar más esperando que avance Estados Unidos. Condicionar nuevos compromisos en función de lo que haga Estados Unidos no es una política sana. Cada política debe tener su propio sustento.

–El escenario post Kyoto no está todavía claro.
–Esperemos que esta cumbre sirva para aclararlo.

–¿Qué tipo de resultado puede tener la Declaración de Lima al respecto?
–Ideas claras sobre reducción de emisiones de carbono, protección de la biodiversidad y de bosques, energías renovables. Y no sólo compromisos muy generales, sino mecanismos para hacer seguimiento a esos compromisos.

–¿Y cuánto estamos avanzando con nuestra contraparte de pobreza y exclusión?
–Lo que se vio en Bruselas para los textos de la cumbre son también los planteamientos del presidente García al comenzar el gobierno (lee documentos sobre ideas fuerza para la Declaración de Lima): Las políticas sociales deben erradicar la desnutrición y disminuir la malnutrición infantil en los niños menores de 3 años –que es un programa nuestro–, universalizar la atención en la madre gestante y lactante –queremos universalizar la atención médica–, erradicar progresivamente el analfabetismo –nosotros vamos a erradicarlo totalmente–, universalizar la educación escolar mejorando la calidad de la educación básica, ampliando la cobertura de la educación primaria, secundaria y superior; universalizar el acceso a los servicios de agua potable y saneamiento; mejorar las condiciones de vivienda. Todo lo tenemos nosotros como metas. Ojo, no estamos pasando examen. Estamos definiendo qué es lo que queremos hacer para lograr la inclusión social y erradicar la pobreza.

–En la sesión parlamentaria del Eurolat se reconoció la efectividad de los fondos de cohesión social con la cual Europa apoyó a los países que ingresaron a la Unión para que alcancen la media europea. ¿Algo similar podría darse en América Latina?
–Eso se hizo en base a las contribuciones de los países más ricos de la Unión Europea. Yo no sé quién en América Latina va a financiar fondos de cohesión social. La idea es muy buena pero hay que tener fondos primero.

–En Bali se cuantificaron los fondos que el mundo desarrollado tendría que proporcionar a países como el Perú para proteger el medio ambiente.
–Sí, podría hacerse un fondo de cohesión social a partir de las contribuciones en función de ciertos compromisos. De hecho, hay un fondo para agua que es lo que plantearon los españoles en la Cumbre de Santiago, de 1,500 millones de euros para programas como Agua para Todos. Podrían multiplicarse fondos para ir al encuentro de estas prioridades. Pero en fin, ¿de dónde salen los fondos? De los gobiernos. ¿De dónde sacan plata los gobiernos? De los ciudadanos.

–Y los europeos van a decir, ¿cómo darle a América Latina que ya son países de ingresos medios? Que primero arreglen su redistribución.
–Ese es el otro tema complicado, difícil y peligroso. Los famosos países de ingresos medios. El Perú es uno de ellos, con una renta per cápita de US$ 6 mil anual.

–Guarda relación con aquella ausencia de América Latina en la agenda Europea.
–Así es. Eso te va a afectar la cooperación. Pero no es a través de la cooperación que se resuelve todo el desarrollo. Es a través del comercio e inversiones.

–¿Es optimista con respecto a la posibilidad de aumentar exponencialmente la inversión directa europea?
–Sí. Espero que los empresarios peruanos sean capaces de atraer y persuadir a los empresarios europeos que vienen a este encuentro. La señora Merkel viene con su grupo empresarial el día anterior y el 12 de octubre, allá, habrá una gran celebración sobre el Perú y oportunidades de negocios aquí. Alemania empieza a descubrir el Perú. España anunció inversiones por un total de US$ 2 mil millones en los próximos dos años. El exportador peruano se acostumbró mucho a Estados Unidos, porque era más accesible. Pero hoy, gracias al sistema de preferencias, ha crecido mucho la participación de las exportaciones peruanas. Europa es un segundo mercado compitiendo con China. Cada vez que voy a España me ofrecen pimientos del piquillo que son de Cañete.

–Cuando hablamos de las realidades heterogéneas en Europa también se plantean retos en términos de micronichos comerciales.
–Exactamente. Terminan siendo nichos muy sofisticados. No es el nicho para las zapatillas sino para la bufanda de vicuña de 500 dólares.

–¿Cómo Hugo Chávez puede afectar la firma de la declaración?
–La negociación de los textos se ha manejado en Bruselas entre los representantes de los países latinoamericanos y la comisión europea. Se tiene un texto muy avanzado, casi procesado. Lo revisarán los presidentes y no creo que vaya a haber mayor discusión. Es evidente que en el debate sobre pobreza y exclusión social se pueden cargar las tintas ideológicas, pero es un foro democrático. Los que crean que la pobreza es culpa del imperialismo que nos explota, lo dirán; los que crean que se puede reducir con mayor inversión y generando empleo también lo dirán.

–El sábado habrá una minicumbre con la Comunidad Andina. ¿Cuáles son las perspectivas para la complicada negociación con miras al Acuerdo de Asociación?
–No tengo la menor duda que se firmará en el 2009. El tema es encontrar la fórmula donde todos estén cómodos y hay varias posibilidades de acuerdo con los 4 países. Puede entrar en vigor totalmente para dos países y se deja la puerta abierta para que más adelante se incorporen uno, dos o tres. La otra posibilidad es que el acuerdo tenga la flexibilidad suficiente para que lo que llaman los tres pilares (libre comercio, cooperación y diálogo político) funcione en un país y que los otros tengan solo dos pilares (sin libre comercio).

–¿Entonces Europa sí está en el temperamento de aplicar las distintas velocidades?
–Me he dedicado a visitar a los distintos cancilleres europeos desde el año pasado y mi impresión es que está muy clara la idea de aplicar lo que ellos conocen como la geometría variable. ¿Cómo será? Se verá en su momento. Pero sí va a haber un acuerdo con la Comunidad Andina. Como nos lo acaba de decir Felipe Gonzales, ese acuerdo podría dejar las pasarelas abiertas para los que quieran entrar después.

–¿Qué podemos esperar de la cumbre en términos de compromisos puntuales con Europa?
–Para el Perú va a ser importantísimo asegurar dos cosas: una fecha máxima para conseguir el Acuerdo de Asociación, que debería ser el primer semestre del 2009, y el compromiso de flexibilidad que comentaba. Es evidente que el día que el Perú tenga su Acuerdo van a haber no sólo mayores oportunidades de acceso al mercado europeo, sino también mucho mayores posibilidades de que el empresario europeo imagine al Perú como un destino para sus inversiones. (Enrique Chávez)


 


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