Cine Cuarta parte fílmica de Indiana Jones el 22 de mayo. Como él, sus émulos reales pisaron Perú.
Indiana a la Peruana (VER)
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Indiana Jones (Harrison Ford) y discípulo (Shia LaBeouf) pasarán por selva peruana para encontrar la calavera Akator. |
Indiana Jones, el aventurero de celuloide e ícono universal, regresa hecho un abuelo en
El Reino de la Calavera de Cristal, la cuarta entrega de la serie. Luego de 19 años, un canoso Harrison Ford continúa encarnando la creación de Steven Spielberg y George Lucas.
Un anacronismo con oxígeno. En medio de la saturación de ceros y unos, el director Spielberg omite los efectos digitales para ser fiel al espíritu rústico de la saga. En los enemigos también habrá un salto de costumbre, pues no tendrán matices post 11-S. Como si fueran los 80’s, en El Reino… Jones se las verá con esbirros de la Unión Soviética. El Reino… se sitúa en 1957, la Segunda Guerra amainaba y la CIA pugnaba con la KGB (el debut del héroe de látigo con En Busca del Arca Perdida (1981) transcurre en 1936, cuando los nazis eran el mal para los anglosajones). El arqueólogo Jones enseña tranquilo en una universidad hasta que es asignado para hallar la calavera de Akator y una pechera, que invocaría la vuelta del bíblico Melquisedeq. Lo asistirán su amante Marion y el joven Mutt, a la larga su discípulo no reconocido.
Habrá un retorno chauvinista para Perú: Jones pisará la Amazonía otra vez. En En Busca…, Alfred Molina era Satipo y Vic Tablian, Barranca, guías peruanos que engañan a Indy en un templo de la tribu Hobito. Satipo y Barranca serían asesinados por los selváticos. En El Reino…, para dar con las reliquias, Jones serpenteará nuevamente la Amazonía. Desde su exotismo, Perú siempre seduce a los aventureros (en el reciente musical Sweeney Todd, se le canta al Perú como si fuera un lugar subdesarrolladamente cruel y violento). Sean exploradores de ficción o de carne y hueso, esas excursiones que en otros lados no trascienden, aquí llaman la atención.
Perú, Zona de Promesas
De los aventureros verídicos que han pasado por el país, el más polémico es Hiram Bingham (1875-1956). En la ficción todo se perdona (estrictamente, Jones se deslizó por el Templo Hobito para saquear un tesoro), pero en la realidad no. Es conocido lo que pasó y que no está consignado en los manuales escolares de historia: Bingham, huaquero norteamericano, dio con Machu Picchu en 1911, extrajo de la ciudadela inca 46,332 piezas arqueológicas y se las llevó a la Universidad de Yale. Hasta hoy se negocia la devolución de 4,000 piezas. Difícil imaginar a
Indy en tales litigios.
El estadounidense Gene Savoy (1927-2007) descubrió más de 40 ciudades perdidas en Perú (Gran Pajatén, Gran Vilaya y Gran Saposoa, etc.). Se conjetura que la creación de Spielberg y Luca se inspira en él. A diferencia de Indiana, el discípulo de Gene es de su sangre (aunque en La Última Cruzada Sean Connery es el papá y compinche de Jones). El hijo de Gene se llama Sean y es explorador como él. En el 2004, Sean descubrió un complejo arqueológico en Chachapoyas, con pruebas aún en análisis de la presencia del Inca Túpac Yupanqui. La relación de Sean con el Perú es cordial. Su papá hasta recibió medallas del Senado peruano.
El noruego Thor Heyerdahl (1914-2002) es otro aventurero que se encariñó con Perú. Se especializó en un medio que no es el fuerte de Indiana: la expedición marina. Nunca saqueó nada. Se le recuerda por la Expedición Kontiki, de 1947. Con la ayuda de la Marina de Guerra y el presidente José Luis Bustamante y Rivero, Heyerdahl y compañía zarparon del Callao a bordo de una balsa de madera. Navegó 4,300 millas hasta las Islas Tuamotu, probando que los indígenas sudamericanos pudieron haber llegado a Polinesia. Heyerdahl pasaría sus últimos días en Chiclayo y Motupe, antes de fallecer en Italia. También murió en paz con el Perú. (JT)