Opinión Por MARTIN BELAUNDE MOREYRA
Perú-Chile: El Talón de Aquiles de Nuestro Vecino del Sur
Contra lo que se cree a nivel popular e incluso en círculos políticos y empresariales, Chile es un país muy rico en recursos naturales, particularmente mineros, agrícolas y forestales, pero es deficitario en dos riquezas esenciales: hidrocarburos y agua. Esta doble carencia está generando muy graves inconvenientes a todos los sectores económicos, así como al público consumidor. Lo peor del caso es que no hay solución a la vista, con lo cual Chile, a pesar del espectacular crecimiento que ha gozado en las últimas dos décadas, se ha convertido en un país altamente vulnerable.
Como consecuencia del déficit el gobierno chileno, el 30 de abril último, profundizó el racionamiento ya existente, decretado en febrero del presente año, y ordenó el incremento de la reserva hídrica de 47.3 GWh a un máximo de 265 GWh. La radical medida se fundamentó, tal como lo declaró el ministro de Energía, Marcelo Tokman, en un reciente reporte meteorológico, en el cual se indica que las precipitaciones en las zonas central y sur de Chile serán bastante menores a los valores promedio de los años anteriores.
En la década de 1990, Chile procuró solucionar su problema energético suscribiendo contratos de suministro de gas con empresas gasíferas y petroleras de la Argentina, para lo cual se construyeron no menos de cinco gasoductos trasandinos. En teoría era una solución perfecta. Con la construcción de gasoductos de relativa corta extensión, los productores argentinos aseguraban un mercado para su gas, y los consumidores chilenos recibían una fuente energética limpia, barata y aparentemente confiable. Pero desgraciadamente las cosas no resultaron como se esperaba.
La crisis económica y política argentina del 2001 condujo a la precipitada renuncia del presidente De la Rúa, y el gobierno siguiente estableció un régimen de control de precios en el área de hidrocarburos, lo que desalentó la inversión, así como la búsqueda de nuevas reservas. Como consecuencia la producción gasífera argentina disminuyó, mientras el consumo interno creció. En 2004 la situación se hizo insostenible y el presidente Néstor Kirchner cortó el suministro a Chile en casi 50%. El gobierno chileno protestó pero no pudo revertir la situación, porque Argentina había dejado de ser un exportador neto para convertirse en un importador neto de Bolivia, fuente de suministro aún más inestable.
El nuevo panorama obligó a las empresas energéticas de Chile, que adquirían el gas argentino para sus centrales termoeléctricas, a comprar petróleo en el mercado internacional, cuando el precio comenzó a dispararse hasta US$ 120 por barril. Chile anda en busca desesperada de nuevas fuentes energéticas. Ha incentivado la inversión petrolera en la región del sur próxima al Estrecho de Magallanes, pero hasta el momento no ha descubierto ningún yacimiento significativo.
Chile debe encontrar nuevos suministros próximos a su territorio. ¿Cuáles podrían ser éstos? Sin lugar a dudas Bolivia y Perú, pero con grandes riesgos y dificultades. En primer lugar, Bolivia está inmersa en una crisis política sin precedentes, por la reivindicación de las autonomías, precisamente de los departamentos productores de hidrocarburos. De hecho, tampoco cuenta ahora con volúmenes exportables, así quisiera complacer a Chile con miras a lograr un corredor que le permita llegar al mar, por la caída de su producción. De otro lado, el saldo exportable de gas peruano ya está comprometido hacia otros mercados, y con el volumen presente de reservas es poco probable que se pueda pactar un suministro estable en los niveles requeridos para atender la demanda chilena.
Así, Chile se encuentra en una peligrosísima encrucijada. En estos momentos solo tiene como alternativa más cara seguir comprando petróleo de fuentes lejanas ubicadas en otros continentes. ¿Por cuánto tiempo se prolongará esta crisis? No lo sabemos y tampoco podemos subestimar el potencial de conflicto si nuestro vecino del sur llega a un nivel desesperado de insatisfacción.
El otro problema es la escasez de agua del norte chileno, quizás una de las regiones más secas del mundo, cuyas fuentes hídricas se encuentran en la Cordillera de los Andes en los territorios de Bolivia y Perú. En 1950 el presidente chileno González Videla logró convencer al Presidente de EE.UU. Harry Truman de que era viable irrigar los desiertos chilenos con aguas provenientes del lago Titicaca. La propuesta fracasó ante la oposición cerrada del Perú y Bolivia, condóminos de esa extensión lacustre y la cosa quedó ahí. En las circunstancias actuales puede replantearse ese proyecto, que sin duda originaría un desastre ecológico en la región altiplánica. Frente a la misma, el Perú debe mantener una actitud de cortés pero firme rechazo. (Martín Belaunde Moreyra*)
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(*) Abogado y ex embajador del Perú en Argentina.