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Internacional Periodista Alfredo Molano: la guerrilla habló a través de Chávez.

La Intención del Mensajero (VER)

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Molano conoce a ‘Cano’ desde hace más de 40 años. Participó en seminario de libertad de expresión e inclusión en Universidad Católica.

Alfredo Molano vive de viaje. Sus libros, muy leídos en Colombia, son extensos reportajes que recogen la voz de los afectados por la violencia, de quienes trabajan imbuidos en el narcotráfico, de los desterrados, los colonos y los presos en cárceles de martirio. En los últimos años ha denunciado las ramificaciones del fenómeno paramilitar y es declarado opositor del gobierno de Álvaro Uribe.

Pero para trabar relación con Alfonso Cano, el actual número uno de la guerrilla de las FARC, este bogotano de 64 años no tuvo que peregrinar al monte. “La familia vivía en un barrio de clase media que se llama Santa Bárbara”, cuenta. “La hermana estudiaba psicología. Era una morena que me gustaba. Él estaba terminando el bachillerato (la secundaria) y yo comenzaba la universidad. Eran unos pelados (mocosos) para mí”.

Corrían los sesenta y Molano le llevaba cuatro años. Luego coincidieron en la Universidad Nacional, donde Cano, que todavía se llamaba Guillermo Sáenz, se unió a las Juventudes Comunistas. “Muy activo, muy de discurso, de asamblea, de patria o muerte, venceremos y todo eso. Los desdeñábamos un poquito porque nos decían reformistas”. Molano era de izquierda pero entonces iba más con las facciones procubanas.

Si bien “Alfonso era muy persistente, también era mucho más flexible que otros de la misma cédula como Carlos Pizarro”, que después fue el líder del M-19.

El retrato de Cano trazado por Molano es distinto al de algunos medios de prensa que lo determinan como de línea incluso más dura que la de ‘Manuel Marulanda’, el líder histórico recientemente muerto. “No siendo conciliador, es negociador. Tiene una formación más sólida y más política. Marxista, pero también filosófica, literaria y económica”.

Con conocimiento de causa, Molano interpreta peculiarmente las recientes y sorprendentes declaraciones del presidente venezolano Hugo Chávez, que instó a la guerrilla a liberar a los secuestrados sin condiciones: “Suelten a toda esa gente, hay ancianos, mujeres, enfermos. Ya está bueno… la guerra de guerrillas pasó a la historia”. Chávez se puso “a las órdenes” de Cano para promover un proceso de paz.

El periodista voltea la tortilla. “No creo que el mensaje sea de Chávez a Alfonso”, dice, “sino más bien que el mensaje lo está dando Alfonso a través de Chávez, a quien impondrían como intermediario o por lo menos facilitador (de los diálogos)”.

Si bien las FARC han sido muy golpeadas por el sistema de recompensas y la labor de inteligencia que ha permitido bombardear intensivamente los campamentos guerrilleros (“los ataques aéreos son una fuerza insuperable”), Molano no cree que puedan ser derrotadas en el corto plazo por los bolsones que se mueven en regiones más inexpugnables.

Pero Cano “va a buscar la negociación, no porque estén exactamente derrotados sino porque sabe que ahí no hay perspectiva. Es decir, las posibilidades de llegar al Congreso o a Palacio de Nariño no son ciertas. No existen”.

La negociación, anticipa Molano, “pasará fundamentalmente sobre la situación agraria”, que nunca ha perdido su sitial en la agenda guerrillera.

¿No es extemporáneo hablar de reformas agrarias si no fueron materializadas en su momento? “El narcotráfico y el paramilitarismo aceleraron la concentración de la tierra a unos niveles que uno no creía posibles antes. El 65% de la tierra está en manos del 0,4% de propietarios”. De otro lado, “la economía campesina todavía no está derrotada desde el punto de vista del mercado mundial. Más con la crisis de alimentación. El 70% de lo que consumimos los colombianos sale de la economía campesina”.

Una garantía en torno a la multiplicidad de partidos y la reforma de los estatutos militares son los otros puntos que, anticipa Molano, exigirían las FARC en una mesa de negociación.

Cabe preguntarse, de nuevo, cual sería el futuro político de un movimiento guerrillero que, si bien cuenta con alguna base social, es despreciado por una mayoría que lo considera una banda de secuestradores.

Molano volvió a ver a Cano a fines de los 80. “Atravesaba los llanos orientales cuando aparecen los guerrilleros y me preguntan usted quién es”. Lo llevaron al campamento donde Cano lo reconoció y le consiguió una larga entrevista con Marulanda.

Luego, cuando el gobierno de César Gaviria preparaba la Constituyente, el Ejecutivo envió a Molano como emisario para pedirles a los guerrilleros que redujeran su exigencia de escaños en dicha Asamblea, de 26 a 8. Eventualmente, las FARC no participaron. Entonces, vio a Cano “más poderoso y dogmático que al comienzo”. Posteriormente lo entrevistó para el diario español El País.

Hoy, por cierto, Molano considera que una potencial candidatura de Gaviria, del partido liberal, podría ser la contención más poderosa a una nueva reelección de Uribe.

Por lo demás, conserva su pinta de jeans, zapatillas y morral. Sigue viajando y hace poco llegó a Juliaca (“pueblo espantoso, oiga. De los más feos que yo conozco, y conociendo pueblos horribles en Colombia. Una mesa de billar en plena carrilera del ferrocarril. Se lo juro que la vi. La gente jugando billar. Cosas extraordinarias, macondianas”). También llegó a Tingo María, “una especie de laboratorio biológico de la coca. Allí se ensayan nuevas semillas y hay una variedad que sale en tres meses. El grave peligro que tiene es que la coca entra y tumba selva. Después viene la fumigación. O bien se vuelve a sembrar coca, o se convierte en tierra de ganadería o de palma africana. De todas maneras la selva no vuelve”. La consecuencia son los últimos desbordes.

Y a todo esto, ¿la hermana del temible Cano? “Nunca me paró bolas”, lamenta en el equivalente de dar pelota. “Era una morena preciosa, a mí me encantaba. Pero no se pudo”. (Enrique Chávez)


 


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