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Actualidad El precio del barril de petróleo se disparó a casi US$ 140 la semana pasada y desata crisis mundial.

El Tanque al Tope (VER)

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Hasta ahora se han invertido S/. 1,900 millones en el fondo de estabilización de combustibles. Sólo la semana pasada fueron S/. 80 millones, una situación insostenible, según el ministro de Energía y Minas, Juan Valdivia.

Las protestas globales por el disparo del crudo tienen uno de sus ejemplos más representativos en los pescadores europeos. Señalan que el diesel ha aumentado su precio en 300% durante los últimos cinco años. El precio de su producto, sin embargo, se mantiene prácticamente estancado desde 1988.

En Europa, claro está, no hay cebiche. Y los pescadores protestaron en Madrid por el barril de más de US$ 130 regalando hace pocos días veinte toneladas de pescado fresco a los transeúntes.

El caso de ultramar refleja la presión de ají amarillo, limo y rocoto a la que se encuentra sometido el gobierno peruano. Si bien tomó recientemente la decisión de retirar a las gasolinas de 95 y 97 octanos del subsidio, ello equivale apenas a una docena de pejerreyes.

El ministro de Energía y Minas, Juan Valdivia, recuerda que de ambas gasolinas se venden cinco mil barriles diarios. De la de 84 salen 20 mil barriles. Y el complicado diesel mueve entre 60 y 65 mil barriles diarios.

La semana pasada el Estado desembolsó S/.80 millones para el fondo de estabilización de los combustibles. Del récord de S/.102 millones semanales, el gobierno se impuso como tope S/.66 millones.

En enero pasado el titular del MEF, Luis Carranza, anunció que los subsidios se irían desmontando y que, especialmente, combustibles contaminantes como el diesel se verían sujetos a su real precio en el mercado internacional. El objetivo era estimular el cambio de matriz a gas. Incluso la semana pasada Carranza insistió en que “algunos combustibles tendrán que ir saliendo de dicho fondo”. Pero el camino se ha mostrado mucho más rocoso.

Valdivia duda que el subsidio del diesel pueda ser levantado en el futuro inmediato. “Hay una propuesta de ir retirando el subsidio a la gasolina porque tenemos un sustituto”, dice. “Pero a pesar de la construcción de gasoductos con el diesel va a ser difícil. De todas maneras el transporte pesado utiliza petróleo”.

La red de gasoductos a la que se refiere estará lista, en el mejor de los casos, en unos treinta meses.

Pero Valdivia acepta que “al invertir en este subsidio estamos dejando de invertir en otras obras de vital importancia para el desarrollo. Si se mantienen estos precios estamos hablando de más de 240 millones de soles al mes”. Desde marzo de 2007 se han invertido S/.1,900 millones en el mencionado fondo.

Hasta ahora el gobierno aguanta la situación con ayudas adicionales como la reducción del impuesto selectivo al consumo de las gasolinas de 84 y 90. Según Carranza, la rebaja significa S/.844 millones anuales menos para el fisco.

¿Qué pasa con salidas como el impuesto a las sobreganancias? No lo dicen solo Ollanta Humala y el presidente regional de Arequipa, Juan Manuel Guillén. También Barack Obama. El candidato demócrata a la presidencia estadounidense dijo el lunes 9: “Haré que las compañías petroleras como Exxon paguen un impuesto sobre sus ganancias extraordinarias y usaré el dinero para ayudar a las familias a pagar los elevados costes de la energía y otros gastos”.

Valdivia descarta la opción. Considera que la presión tributaria sobre las empresas (aproximadamente 44%, CARETAS 2030) es la adecuada para estimular la inversión y añade que si se suma el pago de regalías para los que no tienen contrato de estabilidad, el dinero que termina en las AFP en el caso de las compañías que cotizan en bolsa y las reinversiones comprometidas; las utilidades finales de las empresas son bastante menores al 56%.

“Con quien competimos en la región es con Chile, que tiene un menor impuesto a la renta pero mayor impuesto a las utilidades”. En resumen, sostiene, la situación de ambos países no es muy diferente. Lo que sí nos separa es la explotación. Chile supera los cinco millones de toneladas y Perú recién alcanza los tres millones. “Con mayor producción lograremos nuestros ingresos más importantes”, insiste.

Y es paradójicamente sobre el vecino cuprífero donde el debate volvió a levantarse por la posibilidad de abastecer a Chile de gas.

Pero una simple aritmética ayuda a despejar la polvoreda política.

Las reservas probadas de gas en Camisea son 13,4 trillones de pies cúbicos. De éstos, la demanda interna según las proyecciones de consumo del ministerio son 6 trillones al año 2,030.

Otros 4,2 trillones están amarrados a la exportación de gas licuado a México del proyecto Hunt Oil / Repsol en Pampa Melchorita a partir del 2010.

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Es decir, el volumen a México será de 600 millones de pies cúbicos diarios. Aquí queda un “concho” de gas de 100 millones de pies cúbicos para el cual Repsol busca un mercado.

¿Acaso Chile?

De ninguna manera, por el momento. “No hay tratativa alguna”, insistió Carlos del Solar, presidente de Hunt Oil a CARETAS esta semana.

Para paliar su crisis energética, Chile está construyendo dos plantas de licuefacción.

Sin embargo, el “concho” de gas licuefactado de Camisea / Hunt Oil / Repsol es insuficiente para ellos.

El consumo peruano, siendo aún marginal, representa unos 280 millones de pies cúbicos diarios. Un tercio se utiliza en la generación térmica de electricidad, o apenas 1,500 MW.

Si acaso se resolviera vender gas a Chile, el margen de despacho sería un suspiro.

Sin embargo, el mercado mexicano de gas licuado de Hunt Oil / Repsol está cojeando.

La construcción de la planta de licuefacción de Manzanilla, en México, está retrasada, y no estaría lista para cuando Pampa Melchorita entre en producción el 2010.

Así las cosas, Repsol se encuentra abocada en encontrar un mercado alternativo al mexicano en Asia y de Baja California.

Mientras aquí y en México el cambio de matriz se toma su tiempo, la demanda del gas mundial se está multiplicando a pasos agigantados.

El despacho de gas licuado vía buques metaneros es una alternativa costosa al tendido de gasoductos al punto de compra. Pero tiene sus ventajas porque se puede abastecer de varios vendedores. Según Del Solar, “los gasoductos se convierten en rehén entre el vendedor y el comprador”.

En la década de 1990, se construyeron seis gasoductos entre Argentina y Chile, hoy todos virtualmente vacíos como resultado de la crisis de producción gaucha.

Brasil busca romper su dependencia al gas de Bolivia que, igual que Argentina, es una fuente poco confiable debido a la caída de su producción como resultado de políticas hostiles hacia las petroleras.

Del Solar augura mayores dificultades en caso no se corrija la actual estructura tarifaria. “El Cono Sur es un caos”, sostiene el ex presidente de la Sociedad Nacional de Minería, Energía y Petróleo.

Y el Perú no está al margen. Mientras que la cotización internacional (Henry Hub) de gas esta semana marcó US$ 12,6 el millón de BTU, el precio del gas para las generadoras térmicas locales por contrato es US$ 1,45.

La “distorsión tarifaria” lanza los incentivos equivocados al mercado, alentando la construcción de térmicas a gas de ciclo único en desmedro de la más eficiente generación hidroeléctrica, según Del Solar.

Los bajos precios podrían desalentar a las petroleras de seguir explorando y produciendo y acercándonos al umbral de la crisis argentina.

En la última década, Argentina pasó de ser exportador de gas a Chile a importador neto del gas de Bolivia.

Los argentinos pagan US$ 8 por el gas boliviano, pero venden el gas a las térmicas locales a US$ 1,60. El saldo –cuando tienen excedentes– es enchufado a Chile a US$ 14 en estos días, por encima del precio internacional. Así se entiende mejor la dramática demanda energética en el sur.


 


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