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Política Ollanta endurece su discurso, pero errático comportamiento de la bancada humalista en el Congreso desconcierta hasta a sus propios aliados.

En Pasos Perdidos (VER)

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Ollanta Humala dio la espalda a los mineros y ahora bloquea reformas constitucionales.

El chasco del Congreso, el último martes 9, dejó al nacionalismo en una difícil posición. El presidente del Legislativo, Luis Gonzales Posada, decidió suspender la sesión ante el griterío de los parlamentarios de esa bancada que exigían que se incluya en la agenda el debate para restituir la Constitución de 1979.

El hecho se originó nada menos que en un pedido del aprista José Carrasco Távara, que solicitó dicha discusión a la mesa directiva. Su pedido despertó de inmediato una cerrada ovación del grupo parlamentario nacionalista.

¿Fue una torpeza o muestra de coordinación por lo bajo? El hecho es que Gonzales Posada, Mauricio Mulder y Mercedes Cabanillas se vieron obligados a resistir el embate, pues el tema no había sido acordado por la junta de portavoces.

Abugattás aseguró que contaban con los votos necesarios y Mulder denunció “un plan perverso de los nacionalistas para boicotear las reformas constitucionales y el trabajo del Apra en el Congreso”. La junta de portavoces decidió retomar el debate pendiente de las reformas constitucionales el miércoles 11, sin el concurso nacionalista.

LA CONDUCTA DE ESA BANCADA estuvo directamente ligada a las declaraciones de su líder vertidas pocas horas antes. Ollanta Humala afirmó que la población no se encuentra interesada en el debate sobre la bicameralidad y la posibilidad de renunciar al cargo de congresista, que estaban entre los temas en agenda, y que más bien era urgente la discusión del capítulo económico de la Constitución.

Ollanta Humala se ha prendido de temas grandilocuentes como ese y la negativa de venderle gas a Chile. El lunes 8 acusó de “cobardía” al presidente Alan García, que la semana pasada se puso en un posible escenario futuro: “Se escuchan muchas voces: no le vendan nada a Chile. Cuidado porque en un momento Chile, si se enoja, que nos compra mil millones de dólares y nosotros les compramos 300, en cualquier momento puede decir, si no me quieren vender no les compro los mil millones y les devuelvo los 100 mil peruanos que tengo aquí, a los que les he dado residencia”.

El partido nacionalista llegó al punto de proponer un “Frente Nacional en Defensa del Gas” con objetivos que, en honor a la verdad, no se diferencian mucho de los del gobierno de turno.

Ese debate, como se aprecia en la nota anterior, tiene ribetes bizantinos.

Y LA PRUEBA ÁCIDA, lamentablemente, deja mal parado a Humala. Para lo concreto y fácilmente alcanzable no es tan enérgico. Luego que su partido votara en contra la semana pasada, prometió, ahora sí, apoyar la ley de utilidades mineras (CARETAS 2030). Pero el pasado jueves 5 la Comisión de Economía no debatió la norma por falta de quórum. Los nacionalistas llegaron media hora tarde, cuando la sesión ya se había postergado.

“Nos citaron a las 2.30. ¡Es un sabotaje!”, acusó Daniel Abugattás. Pero Rafael Yamashiro (UN), presidente de la comisión, mostró la citación, que precisaba “2.00 p.m”. Así también aparecía en la agenda publicada por el Congreso.

Luis Castillo, secretario general de la Federación Minera, acusó en el hall de los Pasos Perdidos, la presencia de César Álvarez, presidente regional de Ancash y principal opositor a la mencionada norma. “Ha estado reunido con los humalistas, por eso no han ido”, alegó. CARETAS registró a Álvarez saliendo del Palacio Legislativo.

Cuando el nacionalismo mandó la ley a comisión, el 29 de mayo, Castillo también denunció un encuentro previo entre Humala y el ancashino.

La Ley de Utilidades eliminaría el tope en el reparto de utilidades a los trabajadores y extendía este beneficio a los obreros que pertenecen a contratas. Según el Decreto Legislativo 892, que rige en la actualidad, las mineras reparten el 8% de las utilidades solo a sus obreros de planilla y hasta un límite de 18 sueldos. Si sobra dinero, se entrega a Fondoempleo, del Ministerio de Trabajo, hasta 2,200 UIT (S/. 690,000). Si queda aún un remanente, va al gobierno regional para que lo destine a obras viales.

Los gobiernos regionales han recibido remanentes desde el 2005. Hasta mayo del 2008, ascienden a S/. 1,545.3 millones. De esta cantidad, Ancash se llevó S/. 874.6 millones.

La situación se vuelve más gráfica cuando se pasa del presupuesto inicial al presupuesto modificado, que es el que finalmente se ejecuta. Para este año, Áncash destinó S/.430.7 millones a proyectos viales. Pero el modificado se reduce a S/.56.2 millones. En Arequipa y Moquegua la situación se reproduce, aunque en menor escala.

El argumento de Álvarez sobre el recorte de presupuesto no parece tener mucho asidero, sencillamente porque no está utilizando ese dinero, el de los remanentes de las utilidades, para la función que le corresponde por ley.

Además, el Ministerio de Transportes cuenta con un “fondo concursable” de más de S/.1,000 millones para proyectos carreteros a ser presentados por los gobiernos regionales.

¿Qué pasa al otro lado, con los trabajadores que se verían beneficiados por la nueva ley?

Según el viceministro de Trabajo, Jorge Villasante, habría unos 190,000 trabajadores mineros, de los cuales el 75% estaría en contratas. Es decir, 140,000. Serán estos los beneficiados de todas maneras de aprobarse la Ley de Utilidades, pues pasarían a recibir el dinero que antes solo percibían los obreros de planilla. De hecho, los últimos verían reducida su tajada.

Al tomar en cuenta a las familias de los trabajadores se concluye que la ley beneficiaría a casi un millón de personas. Por eso es que vale la pena insistir en el tema. Pero la ley sigue entrampada. La Comisión de Economía tendría que sesionar de manera extraordinaria o la Junta de Portavoces exonerar al proyecto del dictamen de comisión para que pueda aprobarse antes del próximo 30 de junio. Difícil en un Congreso que parece haber llegado a un grado de atomización de tal magnitud que, en palabras del premier Jorge del Castillo “no veo una salida. Tú mandas un caballo y te devuelven un camello. De tres jorobas”. Poco ayuda el nuevo juego de Ollanta Humala a emparejar ese lomo.


 


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