miércoles 18 de septiembre de 2013
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 2032

19/Jun/2008
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre SeguridadVER
Acceso libre PolíticaVER
Acceso libre Opinión VER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Sólo para usuarios suscritos Cultura
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Jaime Bedoya
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Nicholas Asheshov
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2300
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Cultural Toritos de Pucará les sacan la lengua a épocas de vacas flacas. Se reinventan en Barcelona en un esfuerzo por mantener viva la tradición.

El Encierro de Pucará

6 imágenes disponibles FOTOS 

Ver galería

Versión dela artista Elda di Malio presentada el año pasado en la muestra en el Jockey Plaza.

UN toro de dimensiones perversas anuncia desde lo alto del edificio municipal de inevitables lunas espejadas que el viajero se encuentra en Pucará. Un recorrido por la zona, sin embargo, llevará a una primera constatación ociosa: en Pucará no hay toros. No se les ve de carne y hueso y, cada vez menos, de cerámica. Artesanos como Aurelio Mamani dejaron hace tiempo de moldear patas y cuernos. Ahora, jarras y platos llenan los hornos en los que una tradición ancestral se hace humo. Por eso, iniciativas como la del especialista en marketing internacional de turismo Carlos Rangel y su proyecto “Mi Torito de Pucará” llegan para insuflarle nueva vida a este arte popular. El más reciente esfuerzo: la inauguración el 19 de junio en Barcelona de una muestra en la que se expondrá una veintena de toritos reinterpretados por un grupo de artistas españoles.

Allá, en el epicentro creativo de Gaudí, la Galería Artevista armará un encierro donde el clásico decorado de aliento rojiblanco cederá lugar a ropajes inauditos: toritos ataviados de Primera Comunión, toritos tatuados con la efigie de Mickey Mouse, toritos non sanctos con docenas de cuerpos desnudos cubriendo sus lomos. Los ingresos de la exposición-venta se destinarán a la capacitación de artesanos e implementación de talleres. Y lo más importante: la muestra servirá como una ventana para dar a conocer la oferta de los artesanos peruanos y establecer contactos comerciales (los interesados en colaborar con el proyecto pueden escribir a mitoritodepucara@gmail.com).

La experiencia ya se tuvo antes en Perú. En setiembre pasado Marcelo Wong, Eduardo Tokeshi, Enrique Polanco y Venancio Shinki, entre otros, vistieron de dorado y rojo fuego a los toritos en crudo trabajados por los artesanos del altiplano. Y esto remite a una segunda constatación ociosa: los toritos de Pucará, no son de Pucará. Se comercializaron siempre allí, pero su partida de nacimiento pertenece a la localidad cercana de Cheqa Pupuja, donde tuvieron su origen como un elemento importante en las celebraciones de pago a la tierra.

En Cheqa Pupuja, alfareros como Mariano Choquehuanca y Concepción Roque cultivan todavía las antiguas técnicas de moldeado a mano en un alarde de paciencia frente a la estampida de piezas fabricadas con molde: un torito hecho a mano toma al menos un par de días de trabajo para darle forma, mientras que con el empleo de moldes no hay límites. Sin embargo, ni este generoso ritmo de producción ha evitado el peligro de desaparición de estos toros embestidos por una realidad económica que obliga a los artesanos a dedicarse a trabajos mejor remunerados. Los alfareros dedican cada vez más sus precarios talleres a la fabricación de cerámica utilitaria que tiene en Cusco un destino importante.

Sentado hasta veinte horas diarias apoyado contra una piel de carnero, el ceramista Aurelio Mamani ya casi no tiene quién lo asista y mantiene ritmos de trabajo demenciales para cumplir con sus compradores. La peor parte, sin embargo, parece no llevársela su cintura gastada o su tradición artística en vías de extinción, sino su identidad. Mamani ya no solo ha dejado de fabricar toritos, sino que las piezas utilitarias que ahora produce ya no las firma: un requerimiento de los vendedores de souvenirs que luego las maquillarán con dibujos de acento incaico y les colgarán el cartelito de Made in Cusco. Allí mismo, en el ombligo del mundo, se montará en setiembre próximo otra muestra similar, con piezas intervenidas por artistas del sur peruano. Luego, los toritos se trasladarán a Larcomar con sus colores festivos para demostrar que, a veces, reinventarse puede ser una condición para mantenerse vivo. (Maribel De Paz)


Búsqueda | Mensaje | Revista