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Historia Chavín de Huántar y una obsesión milenaria.

La Talla de Tello

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Primer museo fundado por Tello el 11 de noviembre de 1940 en una antigua capilla en el sitio arqueológico. Un aluvión se lo llevaría todo.

NO es difícil imaginarse el impacto que el aluvión de 1945 tuvo no solo en todo Huaraz, sino en la propia vida del investigador Julio C. Tello. La fatal avalancha penetró hasta en los más íntimos recodos del centro ceremonial de Chavín llegando a inclinar al lanzón monolítico y llevarse consigo los 155 objetos arqueológicos reunidos en el museo de sitio. Cabezas clavas, lápidas y cornisas que Tello había encontrado en el lugar o recuperado de las casas del pueblo se fueron para siempre. Dos años después, Tello moriría.

Antes de Tello, sin embargo, el templo de Chavín ya le había quitado el sueño a otros aventureros. Pedro Cieza de León, en crónica de 1548, sería el primero en dar cuenta para Occidente de la existencia del Centro Ceremonial de Chavín de Huantar y ya en 1616 el clérigo español Antonio Vásquez de Espinoza lo compararía en cuanto a su naturaleza sacra con Roma y la mismísima Jerusalén.

Julio C. Tello. Llegó a Chavín en 1919.

Para 1873, el centro ceremonial llamaría la atención de Antonio Raimondi, quien se sorprendería por el abandono propinado al sitio por parte de los pobladores del lugar. Apesadumbrado, diría: “El deseo de hallar tesoros, y el de procurarse a poca costa piedras labradas para la construcción de sus casas, los estimula a destruir y reducir a escombros lo que la acción destructora del tiempo ha respetado, y los mismos que se lamentan de tamaña barbarie, poseen magníficas muestras, sacadas por sus manos del mismo castillo”. Con el tiempo, la teoría de castillo o carácter militar del sitio arqueológico perdería vigor y se impondría la idea de una edificación de carácter religioso.

Tello llegaría a Chavín por primera vez en 1919, a cargo de la primera expedición arqueológica de la Universidad de San Marcos, para terminar exponiendo su tesis de que allí se desarrolló la “cultura madre de la civilización andina”, y rebatir así el postulado de Max Uhle del carácter “exógamo de los procesos sociales andinos provenientes de Mesoamérica”. Según señala el arqueólogo Christian Mesía, “Tello tuvo un proyecto político muy interesante: que la idea de nación gire alrededor de un sitio arqueológico”. El proyecto sigue en pie.


 


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